Los trabajadores de Jesús

SauloLos trabajadores del bien sirven a Jesús con entusiasmo, desprendimiento y dedicación. Saben comprender sus designios porque aman mucho. Por eso, trabajan persistentemente en su terreno a pesar de las incomprensiones. Sus esperanzas están depositadas en la vida futura, liberándolos del desanimo ante las dificultades. Y sabiendo ser falibles ante las propias imperfecciones, Espíritus en la escala de la evolución, cuando se encuentran delante de las indiferencias de los otros, perdonan.

Al final, el ejemplo dejado por el Maestro muestra la diferencia entre el bien y el mal, iluminando el camino a seguir. De entre sus trabajadores, destaca el incansable Saulo de Tarso, el apóstol de los gentiles. Estudiando su vida podemos retirar ejemplos riquísimos. Cuando hizo su primera misión en divulgar el Cristianismo, después de tres años de meditación en el desierto, percibiendo que no era bien recibido por los suyos, tuvo la orientación de Ananias, el ex-perseguido:

“(…) pero aquel que ya se engaño, o que guarda alguna culpa, tiene necesidad de testimoniar en el sufrimiento propio, antes de enseñar (…)” y añadió: “Cuando hayas sufrido más (…) habrás apurado la comprensión de los hombres y de las cosas. (…)” (1)

Entonces, Saulo retoma su hogar, después de ser ignorado por los amigos del pasado, fue en busca del amparo en los brazos paternos, pero no es comprendido y se queda solo. Cuenta Emmanuel que, desdoblado el cuerpo, estuvo con Esteban y Abigail, en una región sublime, de extraña belleza. Después del bálsamo de las palabras tiernas y del cariño recibido, quiso saber el futuro de la siembra de la Buena Nueva “(…) ¿qué hacer para adquirir la comprensión perfecta de los designios del Cristo?” (2) Y Abigail amorosamente responde con una única palabra:

“-¡Ama!” (2)

Pensativo Saulo recordó que en las anotaciones de Levi “(….) Jesús aconseja el amor a los propios enemigos. Entre tanto, consideraba como de difícil debía ser semejante realización. Penoso testimoniar dedicación, sin el verdadero entendimiento de los otros. ¿Cómo hacer para que el alma alcanzase tan elevada expresión de esfuerzo con Jesús Cristo?” (2) Abigail retoma nuevamente:

“-¡Trabaja!” (2)

Según Emmanuel, “(…) Era necesario realizar la obra de perfeccionamiento interior (…)” (2) Sin embargo, sus esfuerzos fueron en vano. Deseoso de “predicar” el evangelio del Maestro, compartir los sentimientos nobles de ahora, fue expulsado e incomprendido. “(…) ¿Qué puedo hacer contra el desanimo destructor?” (2) La voz de Avigail entona una sueva y sublime palabra:

“-¡Espera!” (2)

“(…) el alma debe estar preparada para atender al programa divino, en cualquier circunstancia (…)” (2) Sin embargo, “(…) las criaturas parecían igualmente desinteresadas de la verdad y de la luz (…) ¿Cómo obrar en el ámbito de fuerzas tan heterogéneas? ¿Cómo conciliar las grandiosas lecciones del Evangelio con la indiferencia de los hombres?” (2) Como adivinar el futuro que vendría, ella responde simplemente:

“-¡Perdona!” (2)

Relata el Espíritu Emmanuel que “(…) Singular serenidad le tocaba el espíritu. Una comprensión diferente lo felicitaba para el reinicio de la jornada en el mundo. Guardaría el lema de Abigail para siempre. El amor, el trabajo, la esperanza y el perdón serian sus compañeros inseparables. (…) (2)

La búsqueda por la vivencia de la plenitud es más accesible cuando se comprende que el ser en esencia es amor. Y el amor es un bálsamo poderoso que, por sus virtudes, cura todas las llagas del corazón. Por eso cualquier dificultad u obstáculo es superado bajo la influencia de ese sublime sentimiento. En el trabajo, las fuerzas se renuevan. Es él que limpia el “polvo” del camino, permitiendo a los obreros del Cristo seguir, sin la lentitud de los que están al margen del camino. Con paciencia, perseverancia y fe tienen la certeza de que están siendo apoyados por el “Buen pastor”, que a nadie desampara. Solo resta el perdón de las propias faltas y de las faltas ajenas, para proseguir sin miedo, sin temer los obstáculos del camino, seguro de que: “¿Si Dios está con nosotros, quien estará contra nosotros?” (Romanos, 8:31)

Saulo Gouveia Carvalho

Referencias:

(1) Chico Xavier. Pablo y Esteban. Por el Espíritu Emmanuel. 43. ed. Rio de Janeiro: FEB, 2006. Segunda Parte, cap. I, p. 277-278.
(2) Chico Xavier. Pablo y Esteban. Por el Espíritu Emmanuel. 43. ed. Rio de Janeiro: FEB, 2006. Segunda Parte, Cap. III, p. 381-382 e 384.

Revista «Reformador»
Traducido por Jacob

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