Vegetarianismo y Espiritismo

vacaEstudiar el vegetarianismo bajo la óptica del Espiritismo es todavía uno de los temas más controvertidos debido a las diversas opiniones que suscita. Varias son las referencias dentro de la Codificación Espírita donde se justifica el consumo de carne animal y es que el Espiritismo es una doctrina consoladora que no violenta conciencias, es indulgente y comprensiva teniendo en cuenta las etapas evolutivas del individuo en su camino hacia la perfección. La polémica surge principalmente en la pregunta 723 de “El Libro de los Espíritus”:

“El comer carne ¿es, en el hombre, contrario a la ley natural?
En vuestra constitución física, la carne nutre a la carne, de lo contrario el hombre se debilita. La ley de conservación impone al hombre el deber de mantener sus fuerzas y su salud, para dar cumplimiento a la ley del trabajo. Por tanto, debe nutrirse según su organismo lo requiere” (1).

La afirmación “[el hombre] debe nutrirse según su organismo lo requiere” es una sentencia de carácter universal que manifiesta la importancia de cubrir las necesidades del cuerpo físico, con el objeto de no debilitarnos y afrontar nuestros objetivos reencarnatorios con plenas facultades. Sin embargo, esta frase deja la puerta abierta a nutrirse según lo que «su organismo requiere». Si hubiera intención de limitar algún tipo de alimentación, claramente se tendría que haber empleado un giro más explícito. Ninguna frase de la Codificación se ha incluido a la ligera. Somos nosotros los que tenemos que alcanzar la mejor comprensión posible de los textos, que nuestra razón nos permita en cada etapa de nuestros estudios. Esta interpretación es coherente con la gran diversidad, existente en la Tierra, de tipos de necesidades de alimentación, debido principalmente a las diferentes constituciones físicas que podemos adquirir por herencia, cultura o por adaptación, voluntaria (por nuevas convicciones) o por necesidad.

Como principal ejemplo de constitución física vegetariana, cultural y hereditaria, en la actualidad tenemos a la India con un porcentaje de población vegetariana estimado del 40%. Otros países como Alemania alcanzan el 8%, Reino Unido un 7% y EE.UU. un 5%. Los datos estadísticos en los países occidentales indican que la adaptación voluntaria hacia nuevos hábitos de alimentación vegetariana es cada vez más frecuente debido principalmente a dos razones complementarias entre sí, la necesidad de mejorar la salud y/o el aumento de la conciencia por el sufrimiento de los animales. Admitiendo científica y estadísticamente, la existencia (en aumento) de constituciones físicas adaptadas completamente a la alimentación vegetariana, la expresión de la cita anterior que nos queda por analizar “…en vuestra constitución física, la carne nutre a la carne…” (1), sólo cobra sentido en el ámbito temporal de nuestra actual situación evolutiva, característica de los países occidentales, no de los orientales donde el vegetarianismo era impuesto desde hace siglos por el Budismo y el Hinduismo, las religiones mayoritarias. Además, en occidente, hay que considerar que a mediados del siglo XIX, no existía prácticamente el vegetarianismo pues apenas existían unos pocos médicos naturistas (como Cristoph Wilhelm Huffeland, Teodor Hahn entre otros) que empezaban a proclamar las ventajas de la alimentación vegetariana para evitar ciertas dolencias y mejorar la salud.

Por otro lado, está ampliamente demostrado que cualquier adaptación hacia a una nueva dieta, vegetariana o no, debe de ser progresiva. Cambios bruscos en nuestros hábitos pueden ocasionar ciertas deficiencias o reacciones indeseadas que pueden disuadir del intento a los menos formados (efectivamente, es necesario estudiar ciertos temas básicos para hacer la transición hacia una dieta vegetariana). Con todo ello, no debemos olvidar que la constitución física de una persona, que le permite alimentarse de determinada manera, no es indicador de su altura moral, más relacionada con la superación de los vicios, hijos del orgullo y del egoísmo, y de trabajar todas las virtudes. Es por ello que la Doctrina Espírita, incidiendo principalmente en el aspecto moral, es paciente con los hábitos de alimentación necesarios, sabiendo que son una etapa más en el peregrinar del espíritu encarnado en la Tierra. No es ajeno al problema, como veremos a continuación, si bien expone el tema con cautela, prefiriendo esperar a que nuevas necesidades vayan incorporándose a nuestras conciencias desarrollando gustos e inclinaciones que nos lleven poco a poco a adaptarnos a un tipo de alimentación menos grosera, más acorde con la futura etapa evolutiva de la Tierra, llamada de regeneración, donde “…en esos mundos el hombre está aún sujeto a las leyes que rigen la materia; la humanidad experimenta vuestras sensaciones y vuestros deseos, pero está dispensada de las pasiones desordenadas de las que sois esclavos” (2).

El vegetarianismo en «La Génesis» El estudio del libro de “La Génesis” nos explica el proceso natural de la transformación de las pasiones e instintos en nuevos hábitos de carácter cada vez más espiritual. Vamos a justificar con ello, que la alimentación vegetariana incorpora valores espirituales cuando conlleva la renuncia en favor de otros seres de la creación y de la armonía general del mundo. “La Génesis” en el capítulo III, nos relaciona el predominio de los instintos con la carencia de sentido moral e inteligencia: “10. Si hacemos un estudio de las pasiones, e incluso de los vicios, veremos que su origen común está en el instinto de conservación. Ese instinto predomina en los animales y los seres primitivos más próximos a la animalidad. Domina en ellos porque no poseen el contrapeso del sentido moral: el espíritu no llegó aún a la vida intelectual. El instinto se debilita a medida que la inteligencia se desarrolla, ya que ésta domina a la materia…” (3) Por tanto, inteligencia y sentido moral son los ingredientes necesarios para dominar los instintos porque “…La meta del espíritu es la vida espiritual…” (3), y ambos son importantes elementos constitutivos del espíritu, junto a los sentimientos y a la voluntad. La inteligencia cuando va separada del sentido moral contribuye en derivar los instintos en pasiones: “ …Pero en las primeras fases de la existencia corporal [el individuo] sólo busca la satisfacción de las necesidades materiales, motivo por el cual el ejercicio de las pasiones es una necesidad para la conservación de la especie y de los individuos, hablando materialmente”. (3)

El progreso, en sucesivas etapas, va despertando progresivamente el sentido moral del espíritu modificando sus necesidades materiales en necesidades semimateriales, y por tanto semimorales, y finalmente totalmente en morales: “Pero una vez superada esa etapa, aparecen otras necesidades: al comienzo ellas son semimorales y semimateriales, y más tarde exclusivamente morales. En ese momento el espíritu domina a la materia. Si se sacude el yugo que lo aprisionaba, avanzará por la vía providencial, se aproximará a su meta. Si, por el contrario, se deja dominar por la materia, se retardará y asemejará al bruto.” (3) Si la constitución física, que posee unas determinadas necesidades de alimentación, hemos visto que puede adaptarse a una dieta vegetariana mediante determinados hábitos y adecuada información, reducimos entonces el problema de la alimentación a un tema de conciencia personal. Sólo será necesario por tanto, esperar a que nuevas necesidades semimorales aparezcan en nuestra conciencia para empezar el cambio.

La inteligencia que ha ayudado durante mucho tiempo a transformar los instintos en pasiones, ahora junto a un naciente sentido moral (como es la compasión hacia los animales), son los encargados de producir el cambio, debilitando el instinto e impulsando la espiritualización de nuestras necesidades materiales, tornándolas en semimateriales, que hasta ahora eran crueles y semejantes a las del bruto. En este punto se introducen consecuentemente los conceptos del Bien y el Mal, lo bueno y lo mano: “…En esta situación, lo que antes era un bien, porque era una necesidad de su naturaleza, se convierte en un mal por dos motivos: 1º) Porque ya no es una necesidad, y 2º) porque es perjudicial para la espiritualización del ser. Lo que era benéfico en el niño se convierte en perjudicial en el adulto. El mal es relativo y la responsabilidad es proporcional al grado de adelanto.” (3)

En este punto incide “El Libro de los Espíritus”: “734. En su actual estado ¿tiene el hombre un derecho de destrucción sin límites sobre los animales? Ese derecho se encuentra regulado por la necesidad de proveer a su alimento y a su seguridad. Jamás el abuso fue un derecho.” (4) El derecho de destrucción sobre los animales se encuentra regulado por la necesidad de proveer alimento y seguridad, pero desde el momento en que la inteligencia y la ciencia desarrollan métodos para adaptar nuestra constitución fisiológica hacia la eliminación completa del consumo de carne animal, ese derecho de destrucción disminuye aumentando nuestra responsabilidad conforme nuestra conciencia nos lo va haciendo notar. Quizás, se podría alegar que los párrafos anteriores de “La Génesis”, donde se habla del desarrollo las necesidades semimorales de forma general, no se refieren de forma específica a la alimentación, si no tuviéramos los párrafos 24 y siguientes, donde se aborda el tema de forma explícita: “…Hay en el hombre un período de transición en el cual muy poco lo distingue del animal. En las primeras edades el instinto animal domina y la lucha tiene aún por finalidad la satisfacción de las necesidades materiales. Más tarde, el instinto animal y el sentimiento moral se equilibran.

El hombre todavía lucha, más ya no para alimentarse, sino para satisfacer su ambición, su orgullo y su necesidad de dominio, que lo impulsan todavía a destruir. Sin embargo, a medida que el sentido moral va aumentando, la sensibilidad crece y la necesidad de destrucción disminuye, llegando ésta a desaparecer y mostrarse detestable: en esa hora el hombre comienza a sufrir horror ante la visión de la sangre.”(5). Esos tiempos ya han llegado, la sensibilidad crece y la necesidad de destrucción disminuye puesto que en general todos sufrimos ya horror ante la visión de la sangre. Otro aspecto importante de este importante capítulo III de “La Génesis”, trata sobre la justicia y bondad de la Ley de Destrucción respecto a la alimentación y destrucción mutua de las criaturas. En general para los hombres, es una de las leyes de la Naturaleza que menos parece armonizar con la bondad de Dios. “…Su limitada visión no les permite apreciar el conjunto, no son capaces de comprender que de un mal aparente pueda surgir un bien real. Sólo el conocimiento del principio espiritual, considerado en su verdadera esencia, y la gran Ley de Unidad que constituye la armonía de la Creación, pueden darle al hombre la llave de ese misterio y mostrarle la gran razón y sabiduría providencial, precisamente donde antes veía anomalías y contradicción.” (6)

Es la segunda vez (de un total de cinco alusiones) que introduce el concepto “la gran Ley de Unidad que constituye la armonía de la Creación”. Anteriormente en el capítulo I, ítem 30, expone: “…no hay creaciones múltiples ni categorías diferentes entre los seres inteligentes, sino que toda creación surge de la Ley de Unidad que gobierna al Universo y que todos los seres gravitan hacia una meta común: la perfección, sin que unos sean favorecidos a expensas de los demás, pues todos son hijos de sus obras.” (7). No hace distinción por tanto entre animales y personas al igual que en la pregunta 71 de el “Libro de los Espíritus” donde dice: “… podemos distinguir: Primero, los seres inanimados, formados sólo de materia, sin vitalidad ni inteligencia: éstos son los cuerpos inertes. Segundo: los seres animados no pensantes, formados de materia y dotados de vitalidad, pero desprovistos de inteligencia. Y tercero: los seres animados y pensantes, formados de materia, dotados de vitalidad y que poseen, además, un principio inteligente que les otorga la facultad de pensar.” (8).

Principio Inteligente que no difiere de unos seres a otros, porque: “12. Todo se une y eslabona en el Universo. Todo está sujeto a la importante y armoniosa Ley de Unidad, desde la materialidad más pura.” (9) Todo cobra sentido, la justicia y la bondad del Creador ante la Ley de Destrucción: “Este sistema, basado en la gran Ley de Unidad que rige en la Creación, se ajusta a la justicia y bondad del Creador; otorga una salida, una meta, un destino a los animales, quienes dejan de ser seres desheredados para encontrar, en el porvenir que les está reservado, una compensación a sus sufrimientos.” (10)

El estudio de la Ley de Destrucción nos lleva a la comprensión de sus objetivos prácticos y morales, que son: el desarrollo de anhelo por la vida espiritual al darse cuenta de la poca importancia de la envoltura material (11); y el ejercicio de las facultades necesarias para el progreso del espíritu, la inteligencia, ejercitada a través de la lucha diaria para supervivencia y conservación (12). La lucha, objetivo moral necesario para el desarrollo de las fuerzas espirituales, continua en todos los eslabones de la evolución: “Como todo, la lucha siempre es imprescindible para el desarrollo del espíritu, pues a pesar de haber llegado a ese punto, que nos parece culminante, la perfección está aún lejana. Es a costa de su actividad que él adquirirá conocimientos y experiencia y se despojará de los últimos vestigios de animalidad. Pero la lucha, antes sangrienta y brutal, ahora es puramente intelectual: el hombre ha de luchar contra las dificultades y no contra sus semejantes” (13). Considerando, por tanto, como nuestros semejantes a todas las criaturas del Universo portadoras del Principio Inteligente por la gran Ley de Unión que rige en la Creación. Otros textos Ahora podemos comprender en su completa extensión a la expresión del espíritu San Vicente de Paúl cuando nos dice: “Sed dulces y benévolos con todo lo que os sea inferior. Proceded igual con los seres más ínfimos de la Creación, y habréis obedecido a la ley de Dios. San Vicente de Paúl” (14). Entendiendo como “seres más ínfimos de la Creación” a los animales.

Recomendamos además la lectura del capítulo cuatro del libro «Misioneros de la Luz» y capítulo 42 del libro «Los Mensajeros espirituales» ambos del espíritu André Luiz a través de la mediumnidad de Chico Xavier. De este último libro reproducimos aquí las magníficas palabras del guía espiritual Aniceto que nos dan una increible luz sobre el tema: “…el Señor tiene esperanza en la liberación de los seres esclavizados en la Tierra… Habéis visto a la civilización funcionando cual vigorosa máquina de triturar… [Los hombres] absolutamente sumergidos en los vicios de los sentimientos y en los excesos de la alimentación, despreocupados de la inmensa deuda contraída con la Naturaleza, amorosa y generosa. Ellos oprimen a las criaturas inferiores, hieren las fuerzas benefactoras de la vida, son ingratos con las fuentes del bien,… desarrollan el comercio de la ganancia indebida, recogiendo las complicaciones internacionales que dan curso a la miseria; dominan a los más débiles ¡y los explotan, despertando más tarde, entre los monstruos del odio! …¡Escuchemos los gemidos de la Creación, pidiendo la luz del raciocinio humano! …El Señor reserva créditos sublimes de valores evolutivos a los seres sacrificados. ¡No olvidará Él, al árbol útil, al animal exterminado, al ser humilde que se consumió para beneficio de otro ser! …Siempre, cuando regresamos a la superficie terrestre, envolviéndonos en fluidos del círculo carnal, llevamos muy lejos la adquisición del nitrógeno [fundamento de los aminoácidos que forman las proteínas]. Convertimos en tragedia mundial lo que podría constituir una búsqueda serena y edificante.

Como sabemos, ningún organismo podrá vivir en la Tierra sin esa sustancia. Solamente las plantas, infatigables operarias del orbe, consiguen retirarlo del suelo fijándolo para mantener la vida en otros seres. …Cada fruto de la tierra es una bolsa de azúcar y albúmina, repleta del nitrógeno indispensable para el equilibrio orgánico de los seres vivos. ¡Y el hombre, mis amigos, transforma la búsqueda del nitrógeno en un movimiento de pasiones desvariadas, hiriendo y siendo herido, ofendiendo y siendo ofendido, esclavizando y tornándose cautivo, segregándose en densas tinieblas!

Ayudémoslo a comprender, para que se organice en una nueva era. ¡Auxiliémosle a amar a la tierra, antes de explotarla en el sentido inferior, valiéndose de la cooperación de los animales, sin promover el exterminio! ¡Enseñemos a nuestros hermanos que la vida no es un robo incesante, donde la planta lacera al suelo, el animal extermina la planta y el hombre asesina al animal,… sino un movimiento de intercambio divino, de cooperación generosa, que nunca perturbaremos sin grave daño a nuestra propia condición de criaturas responsables y evolutivas! ¡No condenemos! ¡Auxiliemos siempre!

José Ignacio Modamio

Centro Espírita «Entre el Cielo y la Tierra»

Referencias:
1. Preg. 723 de “El Libro de los Espíritus”.
2. Capítulo III, Ítem 17 de “El Evangelio Según el Espiritismo”.
3. Capítulo III, ítem 10 de “La Génesis”.
4. Preg. 734 de “El Libro de los Espíritus”.
5. Capítulo III, Ítem 24 de “La Génesis”.
6. Capítulo III, ítem 20, de “La Génesis”.
7. Capítulo I, ítem 30 de “La Génesis”.
8. Preg. 71 de “El Libro de los Espíritus”.
9. Capítulo XIV, ítem 12 de “La Génesis”.
10. Capítulo XI, ítem 23 de “La Génesis”.
11. Capítulo III, ítem 21 de “La Génesis”.
12. Capítulo III, ítem 23 de “La Génesis”.
13. Capítulo III, ítem 24 de “La Génesis”.
14. Preg. 888 de “El Libro de los Espíritus”.
15. Capítulo 42, “Los Mensajeros Espirituales” de Chico Xavier.

Revista Espíritu «El Ángel del Bien»

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