Homenajes

Richard_simonetti.En un martes de mayo de 1855, a las 20 horas, el profesor Hippolyte Léon Denizard Rivail compareció en la residencia de la señora Plainemaison, en la calle Grange Batelière, 18, en París, para participar, por primera vez, de una reunión con las mesas girantes, que tenían éxito en la ciudad de la luz.

En el 18 de abril de 1857, con el seudónimo de Allan Kardec, el profesor publico el Libro de los Espíritus, la obra fundamental de la Doctrina Espirita, que está completando ciento cincuenta años.

¿Usted ya pensó en el asunto, amigo lector? En menos de dos años, el Codificador:

– Se inicio en el intercambio con el Más allá.
– Comprobó la realidad de la vida más allá del túmulo y de la manifestación de los Espíritus.
– Propuso millares de indagaciones a los mentores espirituales que lo asistían.
– Selecciono respuesta, las coloco en orden y dio cuerpo de doctrina a ideas que, aisladamente, arañaban la realidad, pero, en conjunto, unían una autentica revelación.
– Demostró la anterioridad y continuidad de la vida física, dando sentido y objeto a la existencia humana.

Extremamente cuidadoso, utilizo varios médiums, sometiéndolos a indagaciones idénticas sobre cuestiones espirituales y cotejando las respuestas, en lo que denominaba Control Universal de las Manifestaciones, para ver si expresaban la realidad o solo la opinión de un Espíritu o médium. Todo eso sin un ordenador, sin Internet, sin Google… No disponía ni de máquina de escribir.

Fue todo compilado, desarrollado, organizado, de forma manuscrita, en largas horas de estudio y reflexión, que se extendían a altas horas de la madrugada. Después la composición tipográfica, las revisiones cuidadosas, los aciertos, todo en la mano. Tan grandiosa como la propia Codificación fue la acción del Codificador. Muy justas, por tanto, los homenajes que le rendimos en las conmemoraciones del sesquicentenario de nuestra obra mayor.

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Me parece, todavía, lector amigo que deberíamos ir un poco mas allá, no solo admiradores, sino amigos de Kardec. ¿Qué tipo de homenaje le gustaría más?

Recuerdo algunas observaciones de Jesús a los discípulos, en la última cena (Juan, 15:12 e 14): Vosotros sois mis amigos si hicierais lo que os mando. ¿Y que esperaba Jesús de los discípulos? Mi mandamiento es este: amaos los unos a los otros como yo os ame. Que se amasen, por tanto, haciendo unos por los otros, todo el bien que desearían ellos recibir.

Misionario del Cristo que vino a alargar los horizontes humanos, en relación a los objetivos de la existencia, Kardec apunta en esa misma dirección. Sin embargo, interesante que, a par de ese empeño, ofrezcamos al Codificador otro homenaje – la divulgación de su mensaje. Específicamente, frente a las conmemoraciones de este año, debe merecer nuestra atención «El libro de los Espíritus».

Mucho puede ser hecho en ese sentido. Algunas sugerencias:

– Elegirlo como objeto de regalo para amigos, familiares, compañeros de trabajo. En las fiestas de fin de año, el indefectible amigo secreto es una oportunidad preciosa.
– Donación a personas sin recursos.
– Brinde a los asociados del club del libro espirita.
– Conferencias conmemorativas, enfocando los temas abordados por Kardec, estimulando los oyentes sedientos de saber y la búsqueda de la fuente.
– Campañas del tipo, Un ejemplar de El Libro de los Espíritus en cada mano, con ventas al precio de coste.
– Distribución de folletos con fragmentos breves del libro, estimulando la lectura.
– Utilización de los medios de comunicación, periódicos, radio, televisión, enfatizando que en El libro de los Espíritus están las respuestas a nuestras indagaciones y angustias existenciales.

Es aquel de darse las manos para distribuir El libro de los Espíritus a manos llenas, como diría Castro Alves.

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Una palabrita final, amigo lector:

En el Libro de los Espíritus esta el sustrato de la sabiduría humana, que nos permite ensayar un comportamiento mejor, una visión más amplia de nuestras necesidades, una participación más activa por la construcción de un mundo mejor.

Vivirlo plenamente es un desafío para siglos de esfuerzo y dedicación. Divulgarlo no exige tanto. Apenas un poco de buena voluntad.

Richard Simonetti
Traducido por Jacob

 

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