Una nostalgia en una persona feliz

depresionA veces siento una nostalgia… una nostalgia de algún lugar… de alguien… de algunas cosas indescriptibles que llevan a un estado de espíritu trascendente…Viene del corazón. Es un sentimiento que me invade; que me transporta más allá de mí mismo. Me saca del mundo del mundo en que estoy. Me hace pensar, en aquel momento, que no soy de aquí, no pertenezco al aquí y ahora. Me transporta para otra realidad. Parece que soy un ser cósmico, universal. Me siento unido a algo mayor que mi conciencia, algo sagrado y divino.

Me parece que Dios resuelve, en aquel momento, tocarme y manifestar una parte de Su amor a través de mí. La nostalgia es de otro lugar, de otra persona que soy yo mismo, de otra sociedad de amigos. Me siento como un extranjero lejos de su patria. El momento es de corta duración, pero, sus efectos duran algunos días. A veces ella se hace acompañar de la percepción de que hay un motivo para estar aquí, con el cual debo sintonizarme. Es una nostalgia deliciosa que no me provoca angustia ni sufrimiento. Me hace creer en algo superior y en la felicidad como algo permanente. Me gusta sentirla, pues ella me recuerda de un tiempo… de un tiempo sin tiempo ni espacio… sin preocupaciones ni conflictos.

Me recuerda que la vida que llevo es un obsequio de Dios que me cabe valorar y engrandecer. La nostalgia que siento y que me colma de alegría es un encuentro. Me siento distante de algo, pero, próximo de mí mismo. Es una paradoja; una feliz paradoja…

En esos momentos, en que me ocurre, me siento íntimamente unido a Dios. Me dejo penetrar por la felicidad de Su dulce presencia. Me siento como alguien que se identifica con todos los seres humanos. En ese momento me identifico con la propia humanidad. Me transporto, arropado, a la dimensión del éxtasis y me conecto a las mentes creativas del Universo. Mi conciencia se expande y mi ser se libera de las amarras del cuerpo, permitiendo que me vea como un ser venturoso delante de Dios. Ese es un momento de entrega y de confianza en la Vida y en el amor de Dios. Ocurre en cualquier lugar y en cualquier circunstancia en que esté viviendo. No me preparo. Cuando ocurre y me toma, paro para vivirlo y sentirlo. Me conecto entonces a la dimensión superior de la Vida y me percibo pequeño y grande, frágil y fuerte, pero sin miedo. Aquella nostalgia de alguna manera me deja feliz.

En los momentos siguientes a la experiencia, me pongo a meditar en la grandeza de Dios y en la fuerza del amor. Pienso que la vida debe contemplar la realización de alguna producción. Ese algo productivo es la representación y manifestación de la propia existencia del ser humano como fruto de un proceso de creación semejante, proporcionado por Dios. El ser humano necesita realizarse también en el sentido de reconstruir la historia de su génesis. Dios lo creó manifestando Su esencia. El ser humano en su trayectoria de vida también precisa manifestar su esencia. Aquella nostalgia es una manifestación de la esencia humana, de la materia prima de Dios. Es el punto de contacto entre el humano y el posible divino. Cuando me ocurren aquellos momentos, me pregunto:

¿Soy feliz?
¿Qué me falta para que alcance ese estado de espíritu?
¿Qué decisiones preciso tomar para que mi vida pueda ser mejor de lo que es?
¿Qué necesidades pongo en el camino, que me impiden ser feliz?
¿Dejo que los demás alcancen la felicidad?
¿Me siento feliz con la felicidad de ellos?

Las respuestas vienen a mi mente con relativa facilidad, propiciando realizaciones cada vez mayores en busca de la felicidad. Percibo que cuanto más me ocupo en buscar esa felicidad con equilibrio, paciencia y armonía, más se torna ella factible.

Delante de la culpa.

Piense en el Dios-Amor e inicie un proceso de recuperación de la conciencia madura que lo llevará a la felicidad.

Piense en la madre acogedora y crea que Dios está con usted comprendiendo el proceso de busca de su felicidad. Piense en el amor paternal y crea que su proceso merece una nueva oportunidad, teniendo el derecho de recomenzar y ser feliz.

Piense en aceptarse como es y confíe en su capacidad de solucionar los conflictos en los que se envolvió.

Piense en comprender sus límites y fortalezca la convicción en la capacidad de superar sus dificultades para alcanzar la felicidad.

Piense en evitar el deseo de auto punición y confíe que Dios lo ve como un iniciado que merece aprender a buscar su felicidad de forma amorosa.

Piense en querer acertar, teniendo la seguridad de que el error forma parte de todo proceso de aprendizaje y que la felicidad no es una victoria simple.

Piense en confesar su equívoco, dividiendo el peso de la responsabilidad de juzgarse a sí mismo, con alguien que también esté en busca de la felicidad.

Piense en no agredir y desarrolle la habilidad de transformar la energía de la rabia en determinación de vencer a sí mismo, en busca de su propia felicidad.

Piense en asumir las consecuencias yendo en búsqueda de las personas que usted involuntariamente lastimó y muéstreles el camino para la felicidad a través de la humildad.

Sienta ganas de continuar creciendo y amando, pues la felicidad es una ruta en la cual viajamos, en dirección al infinito y en la compañía de Dios.

Sienta a Dios en su corazón, pues Él se realiza a través del amor que usted siente y dona.

Extraído del libro “felicidad sin culpa”

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.