“Nuestras caricaturas”

ChicoAkardecEn casa de Doña Naná, propietaria del Hotel Diniz, Chico llego para consolarla, en virtud de estar pasando por pruebas dolorosas, y para darle el resultado favorable de una sesión que hizo, en la cual recibió un expresivo esclarecimiento para aquella hermana.

Chico, orientado por sus Amigos de lo más Alto, al frente su abnegado Guía, ayuda y pasa, ampara en silencio, colabora con todos, sin herir, sin lastimar. Dejando con la querida hermana, madre cariñosa y leal servidora del Cristo, un rayo de luz, una palabra de buen ánimo, partió con nosotros para la Hacienda.

En el camino, nos revelo sus observaciones, sus inquietudes, por la hora que vivimos. En la sesión hecha, a beneficio de hermanos desencarnados, le aparecieron Espíritus turbulentos, insensibles a los sufrimientos ajenos y que, formando legiones, obran aquí y allí, en este y en aquel hogar, agravándoles las pruebas.

– Necesitamos orar por ellos – nos decía Chico – y, si es posible, amarlos con sinceridad. Cuando en contacto con nosotros, precisamos auxiliarlos, ofreciéndoles nuestra ayuda. No saben lo que hacen. Jóvenes, en la flor de la edad, instrumentos mediúmnicos incontrolables, sin convicciones sinceras en materia de fe, viven por ahí, presos a sus intereses, aturdidos, entristeciendo los corazones maternos, siendo víctimas fáciles de aquellos Espíritus.

Recordamos a Chico el caso de los “Caricaturistas” retratados en esos Espíritus, que nos experimentan y son como que nuestros caricaturistas, pues aumentan nuestros defectos de forma tal, que, cuando con y por ellos fallamos, quedamos de tal forma derrotados, sintiendo nuestros defectos, que nos proponemos corregirnos inmediatamente…

Chico sonrió y dijo:

-Pero necesitamos amar a esos caricaturistas, desearles todo el bien posible para neutralizarles todo el mal y encaminarlos al bien. Un favor que hacemos a su pariente encarnado constituye ya un motivo, para hacerles parar los golpes contra nosotros y despertarles un poco de cariño en nuestro beneficio. Ayudémoslos con nuestras oraciones. Auxiliémoslos con nuestros pensamientos de amor. Enseñémosles con nuestras buenas acciones y Jesús finalizara nuestro comienzo.

«Lindos casos de Chico Xavier»

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