Una navidad de verdad

simonettiLa presencia de un automóvil lujoso delante de la residencia humilde, acontecimiento inusitado en aquella villa paupérrima y distante, despertó intensa curiosidad. Rostros surgían en las ventanas. Mucha gente mirando de lejos. Bajaron Gumersindo y Maria do Carmo, matrimonio de media edad.

Sufrida mujer los atendió, rodeada por tres niños, tímidos pegada en su falda. En el regazo materno lloraba un bebe, lamento ardido de hambre… Luego apareció el marido, figura lastimosa, barba sin afeitar, asustado mirar. El visitante rompió el hielo:

– Estamos aquí en tarea de amistad. Hemos recibido incontables bendiciones de Dios, negocios prósperos, hijos saludables, casa amplia y confortable, bastante sobrado. Sin embargo, yo y mi esposa no nos sentimos en paz. Lo que nos sobra, falta en muchos hogares. Eso viene pesando en nuestro corazón. Decidimos, por eso, ir al encuentro de nuestros hermanos…

– Pues es – completo María do Carmo – nos gustaría de saber cómo viven, sus dificultades y problemas. Como podemos ayudarlos. Iniciaremos nuestra asistencia en esta Navidad, ofreciéndoles juguetes, ropas y alimentos, en nombre de Jesús.

– Sé de cierto, que fue Él quien los inspiro – interrumpió, emocionado, el dueño de la casa – Nuestra situación es desesperada. Estoy desempleado hace seis meses…. ya no tenemos recursos ni para la comida. La luz fue cortada por falta de pago… mi esposa está enferma. Los niños quieren regalos. Quieren saber por qué Papa Noel no visita a la gente pobre. Yo decidí que la situación iba a cambiar, para bien o para mal. Planeaba asaltar una rica mansión. Me enfrentaría a la policía, mataría si fuese necesario, pero no regresaría al hogar con las manos vacías… Sin embargo, no soy un criminal. Tengo una existencia de trabajo honesto, cultivando respeto a las leyes… Ustedes me salvaran de una pesadilla.

Sofocado por la emoción, se derramaron lágrimas, el trabajador se arrodillo y beso las manos de sus benefactores, sin que estos pudiesen evitar el gesto extremo de humildad y reconocimiento. Después de algunos minutos de asistencia fraterna, Gumersindo y María do Carmo entregaron los presentes y partieron, llevando la certeza de que aquella familia tendría una Navidad Feliz. Mayor felicidad hay en sus corazones. Habían descubierto la insuperable alegría que el ejercicio de la solidaridad proporciona.

***

La violencia y el crimen son desvíos lamentables, que ofrecen aquellos que transitan por los caminos de la miseria y del infortunio. La propia sociedad contribuye para tan desastrosas opciones al ignorar la existencia de eso infelices. Cuando nos disponemos a superar las barreras de la indiferencia, del egoísmo, del apego a los bienes transitorios, ofreciendo amparo y orientación a los hermanos en dificultad, el mensaje de Navidad comenzara a ser observado, favoreciendo la erradicación del mal.

Richard Simonetti
Extraído del libro «Livro Atravessando a Rua»
Traducido por Jacob

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