Confianza en la vida

DestinoLa palabra confianza en portugués se origina del latín CONFIDENTIA, de CONFIDERE, “creer plenamente, con firmeza”, formada por COM, intensificativo, más FIDERE, “acreditar, creer”, que deriva de FIDES, “fe”.

La misma etimología encontramos en el inglés, CONFIDENCE, también proveniente del latín; en francés, CONFIANCE; en italiano, FIDUCIA, de FIDERE, la misma traducción arriba; en español CONFIANZA y así por delante. Podemos entender de ésta forma que el vocablo nos remite a la postura universal de certeza, convicción, firmeza, fuerza, seguridad, y aún más, esperanza, fe, optimismo, y todavía, ánimo y resistencia.

Sin duda alguna que las palabras tienen influencia en nuestras vidas y sirven como estímulo a nuestro comportamiento delante de las adversidades. Con todo, las palabras y los estímulos por ellas suscitadas no deben ser tomadas apenas como píldoras de optimismo, como si fuesen medicamentos milagrosos que nos colocan frente a la solución de nuestros problemas. Palabras son el resultado de las elaboraciones del pensamiento y, como tal, deben expresar los buenos sentimientos que traemos con nosotros. Cuando decimos eso, no estamos afirmando que la auto ayuda sea eficaz como terapéutica inmediata, pues, como tal, solo hace analgesia, no curando las enfermedades del alma.

En el documentario Philosophy: A Guide to Happiness, oriundo de su libro Las consolaciones de la Filosofía, el filósofo suizo Alain de Botton destaca seis grandes pensadores sobre temas importantes de nuestra actualidad, y destacamos a Sócrates con la autoconfianza: “Sócrates caminaba por el mercado abordando a las personas y cuestionando sobre el sentido de la vida, de una manera mucho interesante, pero también muy irritante. Si tú pides explicaciones sobre las creencias de las personas, ellas muchas veces reaccionan agresivamente.

Sócrates no tenía esas inhibiciones. Él prefería ser considerado contundente, a permitir que sus compatriotas siguiesen llevando la vida sin pensar. Su intención era hacer que todos reevaluasen sus creencias, acreditaba que todos tenían el deber de reflexionar sobre sus vidas, y que todos nosotros tememos capacidad para hacerlo.”

Sócrates pagó alto precio por ayudar las personas a pensar, a evaluar la inconsistencia de sus existencias, y a incentivarlos a cambiar sus pobres objetivos (cuando los tenían), pobres porque estaban volcados apenas en el aquí y ahora.

La confianza surge justamente cuando sabemos, por deducción filosófica, quien somos, lo que estamos haciendo aquí y adónde vamos. Cuando profundizamos en esas deducciones con el auxilio de la Filosofía Espírita, ese universo se expande. No somos apenas ciudadanos de un país, somos ciudadanos del Universo. Nuestras vidas no se restringen al momento presente; descubrimos que somos pasado reencarnatorio a camino de un futuro pleno de promesas realizables; aprendemos que todo pasa, a decir del Espíritu Emmanuel (hasta las oportunidades perdidas). Por eso, sabemos que dramas personales tienen su duración y que las realizaciones, a su vez, deben expandirse en el sentido de encaminarnos con absoluta tranquilidad moral.

Transitamos hoy en un mundo pleno de conflictos que reproducen psicopatologías individuales. Claro que es difícil confiar en ésta construcción, con todo, tenemos la eternidad a nuestro frente y el momento actual para construirlo de la mejor forma posible, con la certeza de que podemos contar con el estímulo y el amparo de los Espíritus que nos aman.

Sonia Theodoro da Silva.

Revista «Periódico de Estudios Psicológicos»

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