Vida y valores (Magnetismo personal)

slide-raul-03-2014Cada criatura humana es un magneto que camina por la tierra. La tierra en sí misma es un gran cuerpo magnético. Pero, cada criatura humana es un cuerpo magnético sobre otro cuerpo magnético. Cada cual de nosotros carga su capacidad magnética, y esa capacidad magnética es así llamada por el poder de atraer y que cada uno de nosotros detiene en sí mismo. Esa experiencia que el ser humano alcanzo, gracias a esas experiencias remotas que venimos trayendo a lo largo de la evolución de los seres, de los mundos, de los planetas, desde cuando el átomo es dotado de una capacidad de atraer las partículas a su alrededor, desde que el núcleo atómico se volvió responsable por atraer de vuelta la nube de electrones, hasta la criatura que atrae a su alrededor un conjunto de personas.

A lo largo de la Historia de la Humanidad, en toda y cualquier sociedad, desde que los grupos humanos dejaran de ser grupos amónicos, sin coordinación, sin regulación, para ser grupos sociales, nunca más encontramos uno de esos grupos que no tuviesen un liderazgo. Las criaturas humanas, de una manera o de otra, exigen alguien que las conduzca, un líder, y nunca hubo falta de esos líderes en toda y cualquier sociedad de la tierra. Hubo un periodo en que las comunidades planetarias, las comunidades humanas entendían que la virtud del conocimiento, la virtud de la moralidad, la virtud de la sabiduría estaría con los mayores, los ancianos. Y surgió en la tierra la llamada aristocracia de los patriarcas, de los ancianos. Creía la criatura humana que, cuanto más viejo fuese la persona, mayor seria sus experiencias, mayor la gama de sus experiencias, mejor el poder de dirigir a otras criaturas. En cierto modo es verdad. Cuanto más haya vivido la persona, mas experiencias tendrá y, con esas experiencias, tendrá más oportunidades de ayudar a los otros, de orientar a los otros, una vez que se orienta a sí misma.

Sin embargo, en la medida en que el tiempo fue pasando, esas aristocracias y, particularmente, esa aristocracia de los patriarcas o del patriarcado, fue dejando lugar a otras porque si los ancianos tenían experiencia, autoridad, no tenían fuerza física. Y las comunidades necesitaban de alguien que tuviese fuerza física para defenderlos. Surgió la aristocracia de fuerza bruta. Y, en esa aristocracia de fuerza bruta, los lideres que, al principio, defendían las comunidades que los hubieran convidado, atraído y solicitado su ayuda y su socorro, pasaron a dominar esas comunidades, a atribuirse poderes que no les habían sido dados y después transferirlos a sus herederos, hijos, hermanos, sobrinos, etc. Naturalmente, la aristocracia de fuerza bruta, que fue mas una lideranza por la tierra, fue cediendo lugar a la aristocracia del nacimiento, el nombre que la persona poseía; la aristocracia del poder económico, el dinero que la persona poseía; la aristocracia del intelecto: cuanto más el individuo supiese, mayores poderes tendría, hasta llegar a la necesidad de una aristocracia que, de hecho, condujese bien a los hombres por la tierra.

Ya que necesitamos instintivamente, por la naturaleza social, de una lideranza, ¿por qué no una lideranza que nos pudiese orientar intelectualmente? ¿Una lideranza que, al mismo tiempo, nos pudiese conducir en niveles morales? Sentimos, por eso, la importancia de que, a lo largo de los tiempos de la tierra, podamos encontrar, podamos desarrollar, podamos tener una aristocracia de poder intelectual y de poder moral. Una aristocracia intelecto-moral. Esa ciertamente nos dará posibilidades de desarrollar los campos más diversos de nuestra vida. Esa lideranza, esa aristocracia nos permitirá desarrollar nuestro potencial intelectual, nuestro saber, nuestro conocimiento, pero también nos enseñara a dar buena solución a ese saber, a ese conocimiento; nos enseñara a trabajar tales conocimientos que tengamos para el bien. Y nuestra aristocracia intelecto-moral, nuestra lideranza intelecto-moral, nos dirigirá para la felicidad.

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Esa felicidad naturalmente tendrá mucho que ver con el esfuerzo que hayamos hecho por conquistarla. Como hablamos, cada cual de nosotros es un magneto que se desarrolla, que se mueve en la tierra, sobre el planeta, que también es un gigantesco cuerpo magnético. Es por eso que los analistas y psicoanalistas de varias edades del mundo, desde el siglo XIX, nos vienen trayendo con Freud, con Adler, con Gustay Jung, esas nociones de que cada cual de nosotros lleva en si el llamado “it” o si queremos, un magneto personal. No es de extrañar que veamos personas capaces de atraer para sí mismo un contingente inmenso de otros individuos, que se siente bien junto a ellas, que acata sus determinaciones. Encontramos diversos individuos esparcidos por el mundo, que ahuyentan a las personas de su alrededor, que nadie soporta estar a su lado, incluso a su familia, incluso a las personas que les deberían ser más próximas. ¿Y a que se debe eso?

Al principio, podemos pensar de nuestro magneto personal. Liberamos determinadas energías, si queremos decirlo así, liberamos de nosotros determinados fluidos, que hacen que las criaturas sintonizadas con los mismos ideales nuestros tengan ganas de acercarse. Ellos no saben porque, pero saben que alguna cosa en nosotros las atrae. Por otro lado, liberamos determinadas sustancias psíquicas que imponen a los otros apartase de nosotros. Criaturas que hasta les gustaría de estar a nuestro lado, no saben explicar bien porque, pero alguna cosa les impone huir de nosotros: nuestro magnetismo personal.

Cuanto más seamos criaturas egoístas, personalistas, individualistas, la tendencia es que se aproximen personas del mismo matiz psicológico, del mismo tenor idealista, y pasamos a componer los grupos, los bandos, pasamos a componer las falanges. De acuerdo con la inclinación de nuestros sentimientos, atraemos individuos con inclinaciones similares. El mundo habla, por ejemplo, que Hitler mato a seis millones de judíos, que Hitler fomento eso, fomento aquello. No discutimos la tragedia que el carácter de Adolf Hitler impuso al mundo occidental. Sin embargo, él no lo hizo solo. El hizo eso con decenas y centenares de oficiales, de hombres comunes, mujeres comunes de la sociedad que, con él, lo hicieron en connivencia con sus ideas. Veamos el magnetismo de Hitler, capaz de reunir, después de aquel célebre encuentro en la fábrica de cerveza de Múnich, aquel contingente enorme de criaturas que el aplaudía, hasta depararse con la tragedia que fomento en suelo europeo y en el mundo.

Pero, al mismo tiempo, notamos individuos como Gandhi, con su palabra mansa y firme, con su carácter de no querer hacer una guerra contra la violencia, porque el afirmaba que cualquier movimiento contra la violencia tendría que ser violento también. Promovió un movimiento por la no violencia de cualquier tenor. Reunió a su alrededor toda la India. Sus ayunos se volvieron famosos, porque con esos ayunos el promovía la unión de sus hermanos, de la India, del Paquistán, que surgió después. Gandhi fue ese líder excepcional, con su energía, y hasta hoy, después de su muerte en 1946, Gandhi es para nosotros ese icono de la libertad, atrayendo en torno a su nombre legiones de criaturas de buena voluntad, de hombres y mujeres que premian la libertad.

Pero, de todos los seres que pasaran por la tierra, el magnetismo personal más atrayente fue el de Jesús de Nazaret. No obstante, nosotros no conseguimos entenderlo. El era tan especial que no conseguimos comprenderlo. Mas El, pacientemente, nos dice: “Cuando yo fuese erguido en el madero atraeré todos los hombres a mi” Y fue solamente después de Su crucifixión que pasamos a interesarnos por El. Sin embargo cuando estuvo en la tierra ¿Dónde estaba? Estaba rodeado por las multitudes de hambrientos, hambrientos de comida, hambrientos de amor, hambrientos de paz, hambrientos de esperanza, hambrientos de Dios. Ese Dios que Jesús Cristo expreso tan bien con Su vivencia, y esparció tan bien entre nosotros, con Su luminoso y formidable magnetismo personal.

Raúl Teixeira.

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 93, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em agosto de 2007. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 8 de março de 2009. Em 13.07.2009. Traducido por Jacob

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