Estudio en la palabra

humberto-de-camposComentábamos la necesidad de la divulgación de la Doctrina Espírita, cuando el rabí Zoar ben Ozias, distinguido orientador israelita, hoy consagrado a las verdades del Evangelio en el Mundo Espiritual, pidió licencia a fin de parafrasear la parábola de los talentos, narrada por Jesús, y habló, simple:

– Mis amigos, el Señor de la Tierra, partiendo, con carácter temporal, hacia fuera del mundo, llamó a tres de sus siervos y, considerando la capacidad de cada uno, les confió algunos de sus propios bienes, a título de préstamo, participándoles que los reencontraría, más tarde, en la Vida Superior…

Al primero transmitió el Dinero, el Poder, la Comodidad, la Habilidad y el Prestigio; al segundo concedió la Inteligencia y la Autoridad, y al tercero entregó el Conocimiento Espírita. Después de largo tiempo, los tres servidores, asustados y vacilantes, comparecieron delante del Señor para las cuentas necesarias.

El primero avanzó y dijo:

– Señor, cometí muchos disparates y no conseguí realizar tu voluntad, que determina el bien para todos tus súbditos, mas, con los cinco talentos que me pusiste en las manos, comencé a cultivar, por lo menos con resultados pequeñitos, otros cinco, que son el Trabajo, el Progreso, la Amistad, la Esperanza y la Gratitud, en algunos de los compañeros que quedaron en el mundo… ¡Perdóneme, Divino Amigo, si no pude hacer más!…

El Señor respondió tranquilo:

– Está bien, siervo fiel, pues no erraste con intención… Vuelve al campo terrestre y reinicia la obra interrumpida, renaciendo bajo el amparo de los afectos que acumulaste.

Vino el segundo y alegó:

– Señor, dígnate disculparme la incapacidad… No te pude comprender claramente los designios que determinan la felicidad igual para todas las criaturas y perpetré lamentables engaños… Aún así, movilicé los dos valores que me diste y, con ellos, atraje otros dos que son la Cultura y la Experiencia para muchos de los hermanos que permanecen en la retaguardia…

El Excelso Bienhechor replicó, satisfecho:

– Bien está, siervo fiel, pues no erraste con intención… Vuelve al campo terrestre y reinicia la obra interrumpida, renaciendo bajo el amparo de los afectos que reuniste.

El tercero se adelantó y explicó:

– Señor, te devuelvo el Conocimiento Espírita, intacto y puro, cual lo recibí de tu munificencia … El Conocimiento Espírita es Luz, Señor, y, con él, aprendí que tu Ley es demasiado dura, atribuyendo a cada uno según sus propias obras. ¿De qué modo utilizar una lámpara así, brillante y viva, si los hombres en la Tierra están divididos por pesadillas de envidia y celos, crueldad e ilusión? ¿Cómo emplear la claridad de tu verdad sin herir o incomodar? ¿Y cómo incomodar o herir, sin traer deplorables consecuencias para mí mismo? Sabes que la Verdad, entre los hombres, crea problemas donde aparece… En vista de eso, tuve miedo de tu Ley y juzgué como la medida más razonable para mí el acomodarme con el sosiego de mi casa …Pensando así, oculté el don que me recomendaste aplicar y te restituyo semejante riqueza, sin el mínimo toque de mi parte!…

El Sublime Acreedor, sin embargo, entre austero y triste, ordenó que el tesoro del Conocimiento Espírita le fuera arrancado y entregado, de inmediato, a los dos colaboradores diligentes, que se encaminarían hacia la Tierra, de nuevo, declarando, incisivo:

– Siervo infiel, no existe para tu negligencia otra alternativa sino la de recomenzar toda tu obra por los más oscuros obstáculos del principio…

– ¡Señor!… ¡Señor!… – lloró el siervo displicente. ¿Dónde está tu equidad? Diste a mis compañeros el Dinero, el Poder, la Comodidad, la Habilidad, el Prestigio, la Inteligencia y la Autoridad, y a mí me concediste tan sólo el Conocimiento Espírita… ¿Cómo haces caer sobre mí todo el peso de tu severidad?

El Señor, entre tanto, explicó, suavemente:

– No desconoces que te atribuí la luz de la Verdad como siendo el mayor bien de todos. Si ambos compañeros tuyos no acertaron en todo, es que les faltaba el discernimiento que les podrías haber suministrado, a través del ejemplo, del que huiste por miedo de la responsabilidad de corregir amando y trabajar instruyendo… Escondiendo la riqueza que te presté, no sólo te perdiste por el temor de sufrir y auxiliar, sino perjudicaste la obra deficitaria de tus hermanos, cuyos días en el mundo habrían alcanzado mayor rendimiento en el Bien Eterno, si hubiesen recibido el to que de amor y servicio, humildad y paciencia que les negaste!…

– ¡Señor!… ¡Señor!… ¿por qué? – sollozó el infeliz – ¿por qué tamaño rigor, si tu Ley es de Misericordia y Justicia?

Entonces, los asesores del Señor condujeron al siervo desleal hacia las sombras del recomienzo, esclareciéndole que la Ley, realmente, es disciplina de Misericordia y Justicia, pero con una diferencia: para los ignorantes del deber, la Justicia llega por decreto de la Misericordia; pero, para las criaturas conscientes de las propias obligaciones, la Misericordia llega por la cárcel de la Justicia.

Vitrina de la vida
Espíritu Hermano X
Médium Francisco Cándido Xavier

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