La cruz de oro y la cruz de paja

chico-jovenAlgunos miembros de la Juventud Espirita del Distrito Federal y de Belo Horizonte, visitaban a Chico. Antes de comenzar la sesión en “Luiz Gonzaga”, comentaban animadamente sobre el asunto de la Doctrina y de la tarea destinada a los jóvenes espiritas.

Una joven inteligente, deseando orientación y estimulo, coloco a Chico al par de las dificultades encontradas para vencer el pesimismo de unos, la quietud y la incomprensión de muchos. Pocos querían el trabajo de sacrificio, testimoniando la Ruta evangélica, que estaba exigiendo a los jóvenes una vida limpia, correcta, vestida de abnegación y renuncia. Deseaban recoger sin sembrar.

Chico escucho y considero:

-El trabajo de las juventudes, con Jesús, tiene que ser incluso diferente. Su misión será muy difícil y por eso gloriosa.

Y recibe de Emmanuel esta elucidación envuelta en las ropas pobres de nuestro pensamiento:

Hay la cruz de oro y la cruz de paja, simbolizando nuestras Tareas.

La de oro, la más buscada, pertenece a los que quieren brillar, ver sus nombres en los periódicos, citados, apuntados, elogiados, como beneméritos. Quieren simpatía y buen concepto. Si toman parte en alguna Institución, desean, en ella, los lugares de mando y de evidencia. Quieren cargos y no encargos.

La de paja, la menos buscada, sin embargo, pertenece a los que trabajan como las abejas ocultas y en silencio. Luchan y caminan, con humildad, con la certeza de que por mucho que hagan, más podrían hacer. No se ensoberbecen de los triunfos, antes se estimulan y se defienden con oración y vigilancia, sintiendo la responsabilidad que asumieron como llamados, por Jesús, a la tarea diferente. Entienden la servidumbre de las manos y de los pies, de los ojos y de la mente, del corazón, en fin, colocando amor y humildad en sus actos, en los servicios que realizan. Por cargar la cruz de paja, toleran el vomito de uno, el insulto de otro, la incomprensión de muchos, testimoniando la caridad desconocida, ofreciendo, con el sufrimiento y la renuncia, con el silencio y el buen ejemplo, remedios salvadores a los compañeros que se les oponen, los hieren y desconocen la victoria de la “segunda milla”.

Los jóvenes presentes estaban satisfechos. De sus ojos, órganos musicales del alma, salían notas de gratitud exornando el ambiente feliz que vivían. De más no necesitaban. Entendieron el trabajo que les cabía realizar en las Tierras de Brasil, el Corazón del Mundo y la Patria del Evangelio.

Hermosa lección con vista también a los viejos, a todos que consiguen escuchar a Jesús en la hora en que pocos Lo escuchan.

«Lindos casos de Chico Xavier»

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