Quien lo diría que usted fuese Chico…

Chico Xavier2En una libraría de Belo Horizonte, servía un hermano que, por el hábito de oír constantes elogios a Chico Xavier, tomo de admiración por el médium. Leyó, pues, con interés, todos los libros de Emmanuel, André Luiz, Néio Lúcio, Hermano X y con deseos, insistentemente, de conocer al psicografo de Pedro Leopoldo. Y a los feligreses pedía, de cuando en cuando:

-Háganme el gran favor de presentarme a Chico, en cuanto aparezca.

En una tarde, cuando Aloísio, pues así se llamaba el empleado, reiteraba a alguien el pedido, Chico entro en la librería. Todos los presentes, menos Aloísio, se sorprendieron y se alegraron. Abrazaron al médium, preguntándole sobre las novedades recibidas. Y después, uno de ellos se dirigió a Aloísio:

-¿Usted no deseaba ansiosamente conocer a nuestro Chico?

-Sí, ando detrás de este momento de felicidad…

-Pues aquí lo tiene.

Aloísio lo examino; lo vio tan sobriamente vestido, simple, tan decepcionante. Y correspondiendo al abrazo del admirado psicografo, con aire de quien habla una verdad o era un tonto, para creer en tamaño absurdo:

-¡Quién lo diría que usted fuese Chico, quien lo diría!…

Y Chico, comprendiendo, que Aloísio no podía creer que fuese Chico por la manera de cómo se presentaba, le respondió cándidamente:

– Eso mismo, quien me lo diría…

Y, despidiéndose, partió con simplicidad y bondad, dejando en el ambiente una lección, una gran lección, que de ahí, después, ser mejor entendida por todos, y, muy especialmente por Aloísio…

«Lindos casos de Chico Xavier»

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