Orgullo o distracción…

ChicoAkardecEn frente del hotel Diniz, de propiedad de D. Naná, se hallaba un hermano alcoholizado. Por allí, de mañana y en la hora del almuerzo, pasó el médium a camino de su trabajo. Chico, de lejos, noto que el joven estaba en uno de sus peores días. No se contentaba en cantar y en hacer gestos: provocaba también, llamando, con jocosos nombres, a cuantos le pasaban por delante. De ligero y bien lejos, pasó sin ser visto, por el hermano embriagado, y ya se encontraba distante, cuando Emmanuel, delicadamente, le dijo:

-Chico, nuestro amigo te vio pasar y esconderte de él. Está hablando muy mal de ti y sorprendido por tu gesto. Vuelve y rectifica tu acción.

Chico volvió:

-¿Cómo va, hermano mío? Discúlpame por no haberte visto, iba distraído…

-Y… ya estaba sorprendido de que hicieras eso, Chico. Que los otros lo hagan poco me importa, no me incomodo, pero tú, no. Lo estaba diciendo bien alto: ¡Que orgulloso esta Chico! Ya ni se acuerda de los pobres hermanos como yo. Piensa que estoy borracho y huye de mí como si yo tuviese una enfermedad contagiosa.

-No, querido amigo, fue apenas una distracción, perdóname.

-Pensaba que era orgullo. Estas perdonado. Ve con Dios. Que Dios te ayude y te de un día feliz, por el abrazo consolador que mediste.

Y Chico marcho. Ganó una lección y daba, a los que lo observaban, otro más bien expresivo.

Del libro «Lindos casos de Chico Xavier»

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