Conflictos: ¿Necesarios o innecesarios?

visitaAl encarar el conflicto como el encuentro con una situación que provoca una oposición interna o externa, se puede afirmar que se trata de algo que va generar algún tipo de aprendizaje. Es exactamente en las situaciones de conflicto, considerado como el encuentro de opuestos, que la vida acontece. Cuando el conflicto puede ser evitado sin que se postergue la disolución completa de la tensión existente significa que la situación generada ya tuvo su núcleo descubierto y la lección ya fue aprendida.

Muchos conflictos, al revés de ser resueltos, tienen sus soluciones postergadas cuando el Espíritu tiene el hábito de huir de la confrontación necesaria, muchas veces alegando la necesidad de quedar en paz. Cuando la confrontación interna se torna explícita por el surgimiento y el conflicto es pasivamente evitado, el aprendizaje tarda y muchas veces es transferido para otra encarnación, más adelante. Si el conflicto aparece en la consciencia, aunque pueda ser evitado, no se puede despreciar el hecho de que él apunta para algo inconsciente que necesita ser conocido y que aún no fue internamente resuelto.

Nadie puede huir de sí mismo, mucho menos del embate de los opuestos, pues la evolución del Espíritu requiere que, de la intimidad de su alma, el impulso para la vida, en las experiencias que viva, torne consciente su verdadera esencia. Cuando una situación de conflicto está instalada, molestando la consciencia, la sabiduría debe entrar en escena para evaluar si hay otro prejuicio que puede ser evitado; siendo así, la solución encontrada debe favore-cer al aprendizaje mutuo sin que sea necesaria cualquier actitud egoísta, vengativa, o que promueva el poder sobre el otro.

En el sentido de la imperiosa necesidad de que los opuestos sean integrados y de que el Espíritu debe aprender viviendo experiencias, sin ausentarse de ellas, los conflictos son parte integrante de los procesos de desenvolvimiento de la personalidad a la que está sujeto. Siempre que un conflicto sea identificado, por tanto, necesitando de solución adecuada buscando el aprendizaje de todos los envueltos, la mejor actitud a tomar es aquella en que el amor se haga presente, porque, donde él estuviera, Dios actúa en plenitud.

Adenáuer Novaes. Psicólogo Clínico

Revista «Periódico de Estudios Psicológicos»

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