Dialogo y estudio

humberto-de-camposTeodomiro Ferreira y Cassio Teles salían del templo espírita del que se habían hecho asiduos frecuentadores y el diálogo entre ambos fluía, curioso. Teles, apegado a los conceptos de la ciencia pura; Ferreira, atento a los ideales religiosos.

– Entonces, mi viejo – consideraba el primero -, ¿no será tiempo de tirar las insignificancias de la fe? No entiendo la actitud de los Espíritus amigos, repitiendo exhortaciones de orden moral!…

Y, sarcástico:

– Hablan de Moisés, comentan a Isaías, recuerdan a Amós, entran por el Nuevo Testamento y la historia no acaba más…

Ferreira recordaba, conciliador:

– Es forzoso, sin embargo, que usted pondere en cuanto a las exigencias del alma. ¿Qué será de la Tierra si el corazón no se elevara al nivel del cerebro?

– No pienso así. Creo que la ciencia, por sí sola, aclarará los caminos de la Humanidad. Sí, respetemos a la ciencia. Desconsiderarla sería locura, pero es justo convenir que no se le puede pedir intervenciones en el sentimiento…

– ¡Antigüedades!… Defínanse las cosas y el sentimiento será corregido. Y ya que usted encuentra en el sentimiento la fuente de todo…

– Razonar con definiciones claras en la vida es nuestro deber; entre tanto, la ciencia en la Tierra explica los fenómenos, sin abordar los orígenes…

– No estoy de acuerdo. Debemos a la ciencia todo lo grandioso y exacto que el mundo nos ofrece.

– Hasta cierto punto, estoy de acuerdo, pero los dominios científicos tienen los límites que les son propios. Imposible destacar la importancia de las enseñanzas religiosas en la sustentación de la paz del espíritu.

– ¿Quién nos dio el automóvil y el avión?

– Claro que fue la ciencia, pero eso no impide que el motor sea empleado para la conducción de tanques y bombarderos utilizados para destruir…

– ¿La física nuclear? ¿Quién nos propició esa maravilla, destinada a patrocinar los más altos beneficios para las civilizaciones del futuro?

– Sé que eso es prodigio de la inteligencia; con todo, no nos será lícito olvidar a las víctimas de las ciudades que pasaron por el suplicio de la bomba atómica…

– Bien, usted piensa así, de otro modo pienso yo… No apruebo la predicación constante que anda por ahí…

La conversación seguía en ese tono, cuando los dos se instalaron, como de costumbre, en un bar amigo para el cafecito habitual. El mozo iba y venía, cuando, frente a ellos, el televisor exhibió la figura de un conocido reportero, que pasó el siguiente noticiero, leyendo una expresiva nota de prensa: “El mundo actual sufre el riesgo de ser destruido por su propia grandeza en el campo de la inteligencia. El peligro más insidioso, tal vez, es que numerosas conquistas científicas, realizadas con intenciones de paz, pasan a ser empleadas, de un momento a otro, en los objetivos de la guerra. Los descubrimientos en la biología molecular son utilizables en el desarrollo de agentes letales y aquellos que se relacionan con las drogas abren horizontes para la ofensiva psico-química. Se sabe que las armas biológicas, en forma de “sprays”, son de fácil confección, con posibilidad de esparcir la peste sobre hombres y animales. La llamada “fiebre del ganado (conejo)”, conducida por una tonelada de “sprays”, a través de nubes, dirigidas por el viento, puede anular la resistencia de millones de personas. Un hombre solamente, cargando una pequeña maleta de “virus”, es capaz de contaminar las reservas de agua dirigidas a la manutención de una gran ciudad, perturbándole la vida. Está demostrado que, aún, con recursos microbianos, es posible, en poco tiempo, enloquecer poblaciones compactas. Una tonelada de ácido lisérgico distribuida entre los habitantes de cualquier gran metrópoli, a través de canales alimentarios, podrá volverlos esquizofrénicos, durante el tiempo que eso interese al enemigo. Químicos ilustres ya aseveraron que el mundo de hoy dispone de venenos tan poderosos que bastarán algunos kilos de ellos para establecer la perturbación mental de naciones enteras. Se habla ahora que no es imposible operar roturas en la capa de ozono que circunda la Tierra, de manera que pueden quemar lentamente a las criaturas domiciliadas en las regiones que quedaran desprotegidas contra los rayos solares infrarrojos. Además de eso, se comenta la posibilidad de la creación de bombas nucleares semovientes, aptas para caminar con los implementos propios y que serán detenidas tan sólo por la explosión de un artefacto atómico. Esos ingenios siniestros transportarían su propia carga y, si fueran colocadas en el rumbo de determinadas zonas enemigas, reclamarían la utilización de un cohete interceptor, significando autodestrucción para cualquier grupo alineado en defensiva…

El comentario dio lugar a un programa diferente y Ferreira habló al compañero impresionado:

– ¿Vio y oyó con exactitud? La ciencia es luz en el cerebro, pero por sí misma, no resuelve los problemas de la Humanidad. ¿Qué dice usted de tan inquietantes perspectivas?

– Es…es…balbuceó Teles, evidentemente decepcionado.

Toda la respuesta de él, sin embargo, no pasó de eso.

Vitrina de la vida
Espíritu Hermano X
Médium Francisco Cándido Xavier

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