Vida y Valores (Menores abandonados)

raulHan sido muy duras las observaciones que hacemos diariamente al respeto de nuestros menores. Al lado de los menores bien nacidos, los que tienen familia, los que tienen hogar, nos damos cuenta de que hay centenas y centenas de pequeños, de pequeñas, de adolescentes, que son menores, dichos abandonados. Algunos son llamados por técnico del Servicio Social, por los técnicos sociológicos de “menores en situación de riesgo social” Naturalmente que los periódicos están llenos de las crónicas al respecto de ellos, en lo cotidiano de las ciudades grandes y de las ciudades pequeñas. Hay menores en condición de riesgo social que se unen a otros menores y roban, hurtan, agreden y matan. Encontramos menores envueltos en todo tipo de dificultad social, en todas las esferas de comportamiento moral de bajo nivel. Y, ciertamente que la voz colectiva, la voz general, dirá que son menores abandonados. Poca gente se dará cuenta de que esos menores abandonados no son apenas los que nacen en los guetos, en las favelas, pero todos aquellos que dejaron de recibir de alguna manera, el soporte, la atención, el respaldo sea de la familia, sea de los gobiernos, sea de la sociedad en general.

Es de esa manera que vamos encontrando menores abandonados que nunca podríamos suponer que lo fuesen. Porque ellos están dentro de los hogares, con su padre, con su madre, con sus hermanos, pero comúnmente son huérfanos. Huérfanos sociales, diríamos, de padres vivos. ¿Y cuándo ocurrió esa situación? ¿Cuándo tuvimos esos huérfanos de padres vivos? Todas las veces que ellos reciban de esos padres cosas, pero no tengan propiamente a los padres. Sea por el motivo que fuese. Si esas criaturas, si esos jóvenes estuvieran predestinados a crecer en las manos de servidores domésticos o en las manos de la vida pública, bajo el impacto de las violencias cotidianas de las calles de la ciudad, serán menores abandonados. Abandonados por los padres, que nunca tienen tiempo para conversar con ellos, para dialogar con ellos, de explicarles los peligros que hay en las avenidas del mundo, en las personas que no merecen confianza. Serán menores abandonados por las autoridades que poco se preocupan con el menor en sí.

Rellenamos decenas y decenas de hojas de papel. Se publican documentos de los más bellos, bien elaborados por técnicos, en torno a los niños, pero eso es apenas para un efecto mediático. Eso es solo para los medios de comunicación, porque en nuestras calles, en nuestras ciudades, encontramos decenas de esos menores abandonados. A altas horas de la noche están esos niños y esos jóvenes, sueltos en las calles, en las plazas. Es posible pensar que por allí, donde ellos están, por donde nosotros pasamos, no haya pasado cualquier autoridad vinculada a la infancia, a los niños, a la salud pública, o el bienestar social. Es imposible imaginar que esas autoridades no hayan visto esos jóvenes allí, esos menores allí. Lo que sucede es que, casi siempre, es apenas para efecto mediático todo ese vocerío que se desenvuelve en torno a la cuestión infanto-juvenil. Tenemos tantos menores abandonados en las calles, como los tenemos en los hogares, donde los padres les dan juguetes, regalos, viajes, coches, motos, dinero, pero no les dan el corazón. Es por eso que, cuando miramos el cuadro actual del mundo, Skinheads, menores infractores, menores asaltantes, menores homicidas, menores ladrones, estamos pensando si ese destino de tragedia, de miseria, si esa situación de peligrosidad social, no podría haber sido evitada o no podría ser contenida a partir de los corazones humanos de los padres, de los gobernantes, de los administradores sociales, a partir de la mirada de la sociedad.

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¿Qué es lo que debe pasar por la mente de uno de esos menores, niños o adolescentes, que no son propiamente menores de la calle, que no fueron abandonados por la orfandad de los padres o por el abandono tácito de sus progenitores? Aquellos chicos, chicas que viven dentro de casa con su padre, con su madre, apenas para tenerlo en cuenta. Son padres siempre ausentes, sea por el trabajo, sea por la vida social intensa que llevan, sea por el motivo que sea. Esos muchachos, esos niños, esos jóvenes o adolescentes, ¿que deberán pensar, que les pasara por la cabeza? Parecerá que ellos son verdaderos estorbos en la vida de sus padres. Porque los padres nunca tienen tiempo para ellos. Siempre hay cosas muy urgentes para atender las necesidades económico financieras, para darles dinero, para oír a respecto de alguna de sus necesidades. Entonces, naturalmente nosotros tenemos que cambiar nuestro concepto del menor abandonado. Porque hay menores que son abandonados, por ejemplo, por profesores, principalmente cuando los profesores, al ver la manera abusada, insolente, de ese niño, de aquel joven, de aquel adolescente, ya se indisponen con él y pasa a creer que ese joven no tiene maneras, ese chico no tiene maneras. De donde él viene no da para salvarse.

Son chicos, son niños abandonados, son menores abandonados. Entonces, ellos comienzan a ser reprobados, reprobados, reprobados, porque aquel profesional coloco en la mente que esos chicos no tienen condición, no tiene salvación. No estamos haciendo apología de la aprobación automática por sí misma, no es esto. Es que no podemos reprobar alguien, porque hallamos que ese alguien no tiene condición y, a partir de ahí, realizamos esa exclusión. Sera mas una exclusión para ese menor abandonado por su profesor. Esos menores, esos niños, esas personas, ya son abandonados porque no tienen asistencia médica. Ellos no se dan cuenta del propio desarrollo del cuerpo, del cambio de etapa. No hay nadie que les diga porque les salen los pelos, la menstruación, erecciones nocturnas. Ellos no saben cómo es que esas cosas pasan. Ellos no saben cómo es que esas cosas se dan. Son menores abandonados de la salud pública. Ellos reciben ese oprobio de la sociedad. Son personas que parecen no ser nadie. Entonces, cuando pensamos en menores abandonados, imaginamos que sean solamente aquellos que están en las calzadas, no en medio de las calles, cometiendo actos de transgresión. Pero también son abandonados aquellos que, dentro de casa, no tienen a su padre o a su madre que les pueda hablar o que les pueda decir al respecto de los peligros que ellos encontraron por las calles. Para que no caigan en la labia de los maliciosos, de aquellos que quieren sacar provecho de los niños y de adolescentes. De aquellos que quieren ganar dinero a costa de las prostitución infantil o infanto-juvenil.

Hay tantos modos de criar menores abandonados, de criar menores carentes. Ni todo niño, ni todo joven que lleva en los pies calzados caros, deportivas de marca, ropas de marca, deja por eso de ser menor abandonado. Porque hay muchos adultos que tienen gran facilidad en dar cosas, pero tienen una enorme dificultad en darse en las cosas que dan. Es por esa razón que nosotros necesitamos tratar a los menores abandonados. Aquellos que no tienen comida, que no tienen pan, que no tienen ropa, que no tienen casa, deber de las autoridades, deber de la sociedad. Aquellos que tienen casa, que tiene pan, que tienen comida, que tienen ropa, que tienen casi de todo, pero les falta el amor de los padre, nos cabe pensar en el tipo de apoyo que estamos dando a nuestros niños, nuestros hijos, nuestro menores. Y, honestamente, verificamos si, a pesar de todas las cosas que les damos, si no estamos convirtiendo nuestros hijos en otros tantos menores abandonados.

Raúl Teixeira.

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 105, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em agosto de 2007. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 18 de maio de 2008. Em 26.05.2008. Traducido por Jacob.

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