Abre la puerta

Emmanuel-chicoxavier“Y habiendo dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid al Espíritu Santo.” (Juan, 20:22)

Profundamente expresivas son las palabras de Jesús a los discípulos, en las primeras manifestaciones
después del Calvario.

Compareciendo a la reunión de los compañeros, esparce sobre ellos su espíritu de amor y vida, exclamando: “Recibid el Espíritu Santo.” ¿Por qué no se unieron las bendiciones del Señor, automáticamente, a los aprendices? ¿Por qué no transmitió Jesús, pura y simplemente, su poder divino a los sucesores? Él, que distribuyera dádivas de salud, bendiciones de paz, recomendaba a los discípulos recibiesen los divinos dones espirituales. ¿Por qué no imponer semejante obligación?

Es que el Maestro no violentaría el santuario de cada hijo de Dios, ni aun por amor. Cada espíritu guarda su propio tesoro y abrirá sus puertas sagradas a la comunión con el Eterno Padre. El Creador ofrece a la simiente el sol y la lluvia, el clima y el campo, la defensa y el abono, el cuidado de los labradores y la bendición de las estaciones, pero la simiente tendrá que germinar por sí misma, elevándose hacia la luz solar.

El hombre recibe, igualmente, el Sol de la Providencia y la lluvia de dádivas, las facilidades de la cooperación y el campo de la oportunidad, la defensa del amor y el abono del sufrimiento, el cariño de los mensajeros de Jesús y la bendición de las diversas experiencias; mientras tanto, somos constreñidos a romper por nosotros mismos el envoltorio inferior, elevándonos hacia la Luz Divina.

Las inspiraciones y los designios del Maestro permanecen a la vuelta de nuestra alma, sugiriendo modificaciones útiles, induciéndonos a la legítima comprensión de la vida, iluminándonos a través de la conciencia superior, entre tanto, está en nosotros, abrirles o no la puerta interna.

Cesemos, pues, la guerra de nuestras creaciones inferiores del pasado y entreguémonos, cada día, a las realizaciones nuevas de Dios, instituidas a nuestro favor, perseverando en recibir, en el camino, los dones de la renovación constante, en Cristo, para la vida eterna.

Espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cándido Xavier
Del libro “Viña de luz”

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