Reencarnación: Proceso Terapéutico

reencarnacionAlbert Einstein enseña que “todo aquello que el Hombre ignora no existe para él. Por eso, el Universo de cada uno se resume en el tamaño de su saber.

El Diccionario Michaelis anota que reencarnación es el “acto o efecto de reencarnar; según muchas sectas orientales y según el Espiritismo, fenómeno en que el alma humana, desligada del cuerpo por la muerte, después de algún tiempo más o menos largo, va habitar en otro cuerpo humano.”

Aunque, la reencarnación sea una teoría esparcida en el mundo, en el tiempo y espacio, los modelos reencarnacionistas varían en las diferentes filosofías y religiones. Según estudios espíritas, evolucionistas, la reencarnación se apoya en la inmortalidad del alma, en la pluralidad de las existencias, en la justicia y bondad de Dios para con los hombres. Los procesos de reencarnación difieren de acuerdo con la individualidad de las consciencias en evolución, considerando la anterioridad de las experiencias vividas, ejercitando el libre-albedrío.

En una mirada transpersonal de la Vida, la memoria de la individualidad se encuentra en la intimidad del espíritu, en su archivo permanente. Función psíquica de las más delicadas, capacidad que tiene el Espíritu, en sus existencias, de fijar, conservar, evocar, reconocer y localizar, bajo la forma de recuerdos. Una de las facultades del Alma, cuya manifestación se opera por medio del periespíritu. La facultad de recordar es el agente que, en la evolución, nos libera o nos aprisiona delante de los aciertos y los desaciertos.

El Espíritu humano está en constante reevaluación de conceptos, a través de las reencarnaciones. Él camina a pasos largos para el encuentro cada vez más urgente, pero no puede posponer ese encuentro postergado consigo mismo por tantas encarnaciones. Los conflictos inconscientes, el miedo a encontrar su sombra, el miedo a perder el control, la constante competición del mundo moderno en profundizar en el ser humano sin conocimientos espirituales básicos en un ir y venir, sin encontrar soluciones racionales, creando una sensación de vacío, angustia y tristeza, que se suman a sus conflictos ya existentes y terminan por generar comportamientos psíquicos anormales como forma de defensa y de huida.

Para ayudar en el cambio del comportamiento, es preciso que se ofrezca algo al Espíritu humano, un conjunto de argumentos y de razones para que él despierte en sí ese deseo de modificar la forma de pensar, sentir y actuar en relación a sí y al prójimo. Esto porque quien sufre vive en la ilusión construida en su mente y en sus emociones, desconociendo la transitoriedad de las experiencias. Comprendernos a nosotros mismos y a los otros es, sobretodo, una cuestión de comprender nuestro propio y milenario psiquismo y aprender a administrar nuestros problemas, desenvolviendo autonomía para lidiar con los contenidos internos, personales.

Nuestra insatisfacción no es responsabilidad de factores externos; deriva de nuestra incapacidad de comprender nuestros propios pensamientos y sentimientos irracionales, que generan deseos y emociones conflictivos con la realidad. Es fundamental entender, disciplinar, educar y transcender los paradigmas infelices para llegar la autorrealización temporal. Nuestro pensamiento quedó aparcado por milenios en franjas primitivas. Poco a poco estamos imprimiéndoles nuevo rumbo. Los sucesivos aprendizajes enriquecieron nuestra mente con experiencias diversas y nuestra emisión mental se perfeccionó. Aun así, tardamos en entender que el control de nuestro pensamiento es de nuestra exclusiva responsabilidad.

Esa nueva comprensión es decisiva en nuestro destino. La conquista del discernimiento espiritual expresa en nuestras mentes la certeza de que Dios es amor.

Evanise M Zwirtes. Psicoterapeuta

Revista «Periódico de Estudios Psicológicos»

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