La Bella Cordelera

kardecNoticia – Louise Charly, llamada Labé y apodada La Bella Cordelera, nació en Lyon bajo el reinado de Francisco I. Ella era de una gran belleza y recibió una educación muy esmerada; sabía griego, latín, hablaba perfectamente español e italiano y, en esos idiomas, hacía poesías que los escritores nacionales reconocerían como suyas. Instruida en todos los ejercicios del cuerpo, conocía la equitación, la gimnástica y el manejo de las armas. Dotada de un carácter muy enérgico, se distinguió – al lado de su padre – entre los más valientes combatientes en el sitio de Perpiñán, en 1542, con el nombre de capitán Loys. Al no haber tenido éxito este sitio, renunció a la carrera de las armas y volvió a Lyon con su padre.

Se casó con un rico fabricante de cuerdas, llamado Ennemond Perrin, y luego sólo se la conocía como La Bella Cordelera, nombre que ha quedado en la calle en que tenía domicilio y en el lugar donde estaban los talleres de su marido. Ella instituyó en su casa reuniones literarias, donde eran invitados los espíritus más esclarecidos de la provincia. Se tiene de ella una colección de poesías. Su reputación de belleza y de mujer de espíritu, al atraer a su casa a la élite de los hombres, provocó los celos de las damas lionesas que buscaron vengarse a través de la calumnia; pero su conducta fue siempre irreprochable.

Evocada el 26 de octubre de 1858, en la sesión de la Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas, nos ha sido dicho que ella aún no podía venir por motivos que no fueron explicados. El 9 de noviembre atendió a nuestro llamado, y he aquí la descripción que le hizo el Sr. Adrien, nuestro médium vidente:

Cabeza ovalada; tez pálida mate; ojos negros, lindos y nobles; cejas arqueadas; frente amplia e inteligente; nariz griega, fina; boca mediana y labios indicando bondad de espíritu; dientes muy bonitos, pequeños y bien derechos; cabellos negros de azabache, ligeramente crespos. Bello porte de cabeza; talle grande y muy esbelto. Vestimenta de ropajes blancos.

Nota – Sin duda, nada demuestra que esta descripción y la anterior no estaban en la imaginación del médium, porque nosotros no tenemos un control; pero cuando lo hace con detalles tan precisos de personas contemporáneas que nunca ha visto y que son reconocidas por padres o amigos, no se puede dudar de la realidad; de donde sacamos la conclusión que, puesto que él ve a unos con una verdad indiscutible, puede ver a otros. Otra circunstancia que debe tomarse en consideración es que siempre ve al mismo Espíritu bajo la misma forma, y que, aunque fuese con varios meses de intervalo, la descripción no varía. Sería necesario suponer que tiene una memoria fenomenal, para creer que pudiera recordarse así de los mínimos detalles de todos los Espíritus – cuya descripción ha hecho –, los cuales contamos por centenas.

1. Evocación.
– Resp. Estoy aquí.

2. ¿Quisierais tener la bondad de responder a algunas preguntas que desearíamos haceros?
– Resp. Con placer.

3. ¿Recordáis la época en la que erais conocida con el nombre de La Bella Cordelera?
– Resp. Sí.

4. ¿De dónde provenían las cualidades viriles que os han hecho abrazar la carrera de las armas que, según las leyes de la Naturaleza, es más bien atribución de los hombres?
– Resp. Eso agradaba a mi Espíritu, ávido de grandes cosas; más tarde se volvió hacia otro género de ideas más serias. Las ideas con las cuales nacemos vienen ciertamente de las existencias anteriores, cuyo reflejo son; sin embargo, se modifican mucho, ya sea por nuevas resoluciones o por la voluntad de Dios.

5. ¿Por qué esos gustos militares no han persistido en vos, y cómo tan pronto han podido ceder lugar a los de la mujer?
– Resp. He visto cosas que no desearía que veáis.

6. Erais contemporánea de Francisco I y de Carlos Quinto; ¿quisierais decirnos vuestra opinión sobre esos dos hombres y hacernos un paralelo?
– Resp. De ninguna manera quiero juzgar; ellos han tenido defectos, que conocéis; sus virtudes son poco numerosas: algunos rasgos de generosidad, y eso es todo. Dejad esto; sus corazones podrían sangrar todavía: ¡ellos sufren bastante!

7. ¿Cuál era el origen de esa alta inteligencia que os volvió apta para recibir una educación tan superior a la de las mujeres de vuestro tiempo?
– Resp. ¡Penosas existencias y la voluntad de Dios!

8. ¿Había, pues, en vos un progreso anterior?
– Resp. No podría ser de otro modo.

9. Esa instrucción, ¿os hace progresar como Espíritu?
– Resp. Sí.

10. Parecéis haber sido feliz en la Tierra: ¿lo sois más ahora?
– Resp. ¡Qué pregunta! ¡Por más feliz que uno sea en la Tierra, la felicidad del Cielo es totalmente otra cosa! ¡Cuántos tesoros y riquezas, que conoceréis un día, y de los cuales no sospecháis o ignoráis completamente!

11. ¿Qué entendéis por Cielo?
– Resp. Entiendo por Cielo a los otros mundos.

12. ¿Qué mundo habitáis ahora?
– Resp. Habito en un mundo que no conocéis; pero estoy poco ligada al mismo: la materia nos liga poco.

13. ¿Es Júpiter?
– Resp. Júpiter es un mundo feliz; pero ¿pensáis que entre todos sólo éste sea favorecido por Dios? Ellos son tan numerosos como los granos de arena del océano.

14. ¿Habéis conservado el genio poético que teníais en la Tierra?
– Resp. Os respondería con placer, pero temo contrariar a otros Espíritus, o me colocaría por debajo de lo que soy: esto hace que mi respuesta se vuelva inútil, tornándose sin razón.

15. ¿Podríais decirnos qué clase podríamos asignaros entre los Espíritus?
– Sin respuesta.

(A san Luis). ¿Podríais san Luis respondernos al respecto?
– Resp. Ella está aquí: yo no puedo decir lo que ella no quiere decir. ¿No veis que es un Espíritu de los más elevados entre los que comúnmente evocáis? Además, nuestros Espíritus no pueden apreciar exactamente las distancias que los separan: éstas son incomprensibles para vosotros, ¡y aún así son inmensas!

16. (A Louise Charly). ¿Bajo qué forma estáis entre nosotros?
– Resp. Adrien acaba de describirme.

17. ¿Por qué esta forma y no otra? En fin, ¿por qué en el mundo donde estáis, no sois tal como erais en la Tierra?
– Resp. Evocasteis la poetisa: vino la poetisa.

18. ¿Podríais dictarnos algunas poesías o cualquier trozo de literatura? Estaríamos felices de tener algo vuestro?
– Resp. Buscad mis antiguos escritos. Nosotros no gustamos de esas pruebas, principalmente en público: a pesar de ello, lo haré en otra ocasión.

Nota – Sabemos que los Espíritus no gustan de pruebas, y las preguntas de esta naturaleza casi siempre tienen este carácter; es por eso, sin duda, que casi nunca ellos obedecen. Espontáneamente y en el momento en que menos lo esperamos, nos dan a menudo las cosas más sorprendentes, las pruebas que en vano habríamos solicitado; pero casi siempre basta que se les pida una cosa para que no se la obtenga, si sobre todo denota un sentimiento de curiosidad. Los Espíritus, y principalmente los Espíritus elevados, quieren probarnos con esto que no están a nuestras órdenes. Al día siguiente, espontáneamente, La Bella Cordelera escribió lo siguiente a través del médium psicógrafo que le había servido de intérprete:

«Voy a dictar lo que te había prometido; no son versos, no he querido hacerlos; además, no recuerdo más aquellos que hice, y de ellos no gustaríais: será la más modesta prosa.

«En la Tierra he exaltado el amor, la dulzura y los buenos sentimientos: hablé un poco de lo que no conocía. Aquí no es del amor que hablo, es de una caridad amplia, austera y esclarecida; una caridad fuerte y constante de la que sólo hay un ejemplo en la Tierra.

«¡Oh, hombres! Pensad que depende de vosotros ser felices y hacer de vuestro mundo uno de los más avanzados del Cielo: sólo tenéis que hacer callar odios y enemistades, olvidar rencores y cóleras, perder el orgullo y la vanidad. Dejad todo esto como una carga que os es preciso abandonar tarde o temprano. Esta carga es para vosotros un tesoro en la Tierra, lo sé; es por eso que tenéis el mérito de dejarla y perderla; pero en el Cielo esta carga se vuelve un obstáculo para vuestra felicidad. Por lo tanto, creedme: anticipad vuestro progreso, la felicidad que viene de Dios es la verdadera felicidad. ¿Dónde encontraréis placeres que valgan las alegrías que Él da a sus elegidos, a sus ángeles?

«Dios ama a los hombres que buscan avanzar en su camino; por lo tanto, contad con su apoyo. ¿No tenéis confianza en Él? ¿Creéis, pues, que sea perjurio porque no os entregáis a Él enteramente, sin restricciones? Infelizmente no queréis escuchar, o pocos de entre vosotros escuchan; preferís el hoy en vez del mañana; vuestra limitada visión limita vuestros sentimientos, vuestro corazones y vuestra alma, y sufrís para avanzar, en lugar de avanzar natural y fácilmente por el camino del bien, por vuestra propia voluntad, porque el sufrimiento es el medio que Dios emplea para moralizaros. No evitéis esta ruta segura, pero terrible para el viajero. Terminaré exhortándoos a no más ver la muerte como un flagelo, sino como la puerta de la verdadera vida y de la verdadera felicidad.»

Louise Charly

Revista Espirita 1858
Allan Kardec

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