Vida y valores (Misionarios que se pierden)

slide-raul-03-2014Dios remite para los mundos los hijos que necesitan crecer, evolucionar, aprender. En nuestro planeta, nuestra tierra, todos estamos en esa condición. Aquellos espíritus que nos llegan en la condición de hijos, aquellos que están bajo nuestros cuidados afectivos, intelectuales, esperan de nosotros una buena dirección, una buena orientación. Y el deber de todos nosotros, delante de nuestros niños, de nuestros hijos, protegerlos bien, guiarlos para los caminos que ellos necesitan seguir. En fin, cabe a los padres, principalmente a los padres, los profesores, a los maestros, dirigir las nuevas generaciones.

Particularmente nuestros hijos representan una cota bastante considerable de la evolución del mundo en que vivimos. Muchas cosas que estamos esperando que sucedan en el planeta, en términos de liderazgo, de ética, en términos de política, de administración, de buena calidad, todo eso admitimos que está en las manos de nuestros hijos, de aquellos que tenemos ahora el deber de conducirlos bien. Lo que viene aconteciendo, casi siempre, en las estructuras del mundo, es una interpretación equivocada de cómo debe ser nuestra relación con nuestros hijos. Muchas veces, los llenamos de protección. Protegemos de tal forma a los hijos que ellos son incapaces, no saben dar un paso por sí mismos, no saben decir nada sin mirar para nosotros y pedir permiso con la mirada. Se vuelven criaturas completamente verdes, flores de invernadero, en la gran construcción de la vida. Ciertamente sufrirán.

Cuantas son las veces en que les damos dinero. Para nuestros hijos no faltarles nada, no falta cosa alguna. No faltan las cosas. Es importante que nos demos cuenta si esto es lo debido, si deberíamos de proporcionarles a nuestros hijos recursos pecuniarios, mensuales, de dinero para que ellos aprendan a ganar sin hacer ningún esfuerzo, aprendan a tener cosas y que otros trabajen por ellos. Para ellos, en la medida en que el tiempo pase, la vida tendrá que ser así: Alguien trabaja para mí, yo disfruto. Comenzaremos a crear nuestros hijos con esa mentalidad de que ellos solo exigen, solo quieren. Apenas cobran y los padres, en la condición de Banco Central, de Caja Económica, de recursos acuñados. Pero no fueron nuestros hijos que se hicieron así. Nosotros los estamos acomodando a ese status quo.

Otras veces, llenamos a nuestros hijos de cosas, de bagatelas, les damos coches que ellos quieren, las motos que ellos quieren, las ropas que ellos quieren, las marcas que ellos quieren y, para eso, nos desdoblamos trabajando, haciendo horas extras, teniendo que sacar de algún lugar para complacer la voluntad de los hijos. Es natural que ellos se vuelvan personas consumistas. No podrán ver un Centro comercial, no podrán ver una tienda. Aunque tengan, ellos quieren lo nuevo, la moda de ahora. Y estaremos viviendo el tiempo entero para suplir esas presuntas necesidades. Sumergiremos a nuestros hijos en ese rio superfluo y después reclamaremos que la juventud varada de piercings, marcada de tatuajes, de cabellos multicolores, de corrientes, de eso, de aquello, es la generación perdida. ¿Cómo queremos que esa generación se encuentre, si nosotros no les estamos presentado los caminos? Nos cabe, por tanto, tener un poco mas de cuidado con la manera por la cual estamos conduciendo a nuestros hijos. Aquella vieja historia: Voy a dar a mi hijo todo lo que yo no tuve, muchas veces, es cobarde.

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En cuanto llevamos a nuestros hijos para esos excesos de superficialidades, de consumo y otros tantos, por lo general, no les hablamos de Dios. Tenemos mucha dificultad en mostrar a nuestros hijos que ellos son Espíritus, que están en la tierra cumpliendo una misión, la misión de la propia evolución, del propio progreso. Decir esto a los niños en un lenguaje aceptable, en una conversación tranquila, nada rebuscada, sin palabreos complejos. Mostrar eso a nuestros hijos para que ellos aprendan a tener responsabilidades con su vida, desde el cuidado con sus juguetes, con su ropa, hasta más tarde, el cuidado con las personas, consigo, con las relaciones, con la creencia. No será ningún pecado, ningún crimen que los padres regalen a sus hijos alguna cosa de moda, pero no pueden volverse rehenes de la moda que les gusta a sus hijos. Ningún problema habrá si los padres delegan una mensualidad para que los hijos gasten en la merienda de la escuela, en un juguete cualquiera, pero no deberán volverse rehenes de ese tipo de consumo.

Tenemos que aprender a lidiar con nuestros hijos admitiendo que estamos delante de misionarios que vinieron para la tierra para realizar un trabajo y, muchas veces, porque los dirigimos mal, esos misionarios se pierden, erran el camino. Cuantas y cuantas veces hacemos con nuestros hijos como en el juego de las “Cabras ciegas”. Vendándoles los ojos para la realidad del mundo, giramos nuestros hijos en torno de las quincallerías de la tierra y los soltamos. Y ellos se encontraran completamente tontos. La tendencia será errar el camino, la tendencia será caer, perderse. Imaginemos, cuando niños, si la madre de Mohandas Gandhi iba a imaginar lo que sería su hijo más tarde. Imaginemos si, algún día, la madre de Madame Curie, la notable María Sklodowska, la gran descubridora de la radioactividad, si esa madre imaginaba quien era el ser que ella estaba llevando en sus brazos. Pensemos en Albert Einstein, pensemos en Lincoln. ¡Cuando fue que aquella mujer sencilla, madre de Lincoln, imagino que su hijo seria el padre de la democracia de los Estados Unidos! Imaginemos Doña Maria João de Deus, la madre de Chico Xavier, al mecer a su hijo, si ella tenía noción de que sería el mayor médium del siglo XX.

Nunca sabemos quiénes son nuestros hijos. No fue por otra razón que Jesús Cristo, al conversar con Nicodemo, de acuerdo con el Evangelio de San Juan, le dice: El Espíritu sopla donde quiere, no sabemos de dónde viene ni para donde va, de que experiencias reales ellos vienen, para que experiencias reales ellos van. Por causa de eso, vale la pena tener cuidado con el tipo de norte que estamos dando a nuestros hijos. Amarlos, quererlos, atenderlos en sus necesidades, en otra de sus búsquedas y gustos, pero no tornándonos jamás rehenes del mal.

El mundo está repleto de más inspiraciones pero debemos vincularnos a aquella inspiración que nos llega de las estrellas porque nuestros brazos, bajo nuestros cuidados pater-maternales, pueden estar los genios del amor, de las ciencias, de la política, de las relaciones sociales, de la diplomacia, que renovaran la cara del mundo. Muchos de esos misionarios se pierden, al llegar a la tierra y serán absorbidos por el egoísmo familiar, por los descuidos familiares.

Imaginando que sus hijos serán sus pertenecías, son mucho los padres, son muchas las madres que los crían como si los fuesen a colocar en una redoma y venerarlos para siempre a sus pies. Nuestros hijos son aves que deben volar, singlar, navegar altos cielos, misionarios que todos ellos son, en nivel alto, en niveles más simples y para esto debemos cooperar.

Raúl Teixeira.

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 184, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em janeiro de 2009. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 04.04.2010. Em 07.06.2010. Traducido por Jacob.

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