En busca de espiritualidad

cuerpo bioplamático¿Cuántos hombres y mujeres implicados hoy en día en sociedades relativas a las necesidades económicas, sociales, políticas y asociativas, no se han detenido un momento para preguntarse acerca del sentido de sus acciones? ¿Cuántos individuos perdidos en los meandros de las dificultades familiares y sociales buscan una escapatoria como respuesta a un sufrimiento moral?

Los paraísos artificiales, como la droga, se convierten entonces para algunos en la herramienta de esa huida, el relevo con ellos mismos para acceder a una hipotética felicidad tan efímera, que arrebata la razón, haciendo así que el suicidio se vuelva ineludible. Otros tratan de conseguir respuestas en la práctica religiosa, para rebuscar el amor de la divinidad y encontrar fuerzas para vivir en la esperanza de alcanzar después de la muerte la recompensa de un paraíso esperado.

La búsqueda de espiritualidad está pues estrechamente ligada a la necesidad de lo absoluto, a la necesidad de consuelo y de afecto. Es también una búsqueda intelectual y filosófica para encontrar respuestas al sentido de la historia de la humanidad y de su devenir. Esa gestión responde igualmente a una necesidad de transformación de la sociedad en pro de un mejor ser y de una mayor justicia. Sin embargo, con demasiada frecuencia, esa misma sociedad invita al ciudadano a complacerse en un individualismo devastador. Además del hecho del materialismo ambiental, la búsqueda de espiritualidad se transpone en una demanda personal dentro de ciertos círculos esotéricos que utilizan esos desesperos en forma mercantil.

La religión ya no responde verdaderamente a esperanzas relacionadas con el destino de las almas; también se ha vuelto un escape a la desdicha humana, proponiéndose a veces como coartada a la venganza y ello, cualquiera sea el tipo de confesión. Es preciso pues volver a las fuentes del cuestionamiento humano y espiritual, a saber: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? Allí, el enfoque del espiritismo es una abertura hacia lo que prolonga más allá de la muerte la filosofía del pensamiento sobreviviente y el sentimiento que perdura.

Palabras de un espíritu recibidas en sesión espírita: “El espiritismo es la filosofía de las filosofías, la razón de todas las cosas. El espiritismo destruye la muerte, la muerte tan a menudo evocada en la cultura del ser, la muerte tan a menudo trágica, tan a menudo imaginada, tan a menudo descrita. La muerte que da miedo, la muerte que angustia, la muerte que inquieta, la muerte que atrae vuestra pena y vuestras lágrimas, con demasiada frecuencia considerada como el final porque, cuando ocurre, ocurre a menudo con brutalidad. Es una mala sorpresa. La invitación filosófica espírita consiste en vencer a la muerte en lo que ella encierra de religioso, en cuanto a las imágenes que podría evocar. Y el espiritismo, por ser una filosofía que no consiste solamente en afirmar que los muertos siguen viviendo, sino que consiste también en probarlo.

La única filosofía que compromete su reflexión, su estructura y su definición, sobre las bases de la experiencia vivida es la filosofía espírita. El espiritismo responde a la pregunta que, consciente o inconscientemente, se plantea todo ser viviente en vuestro planeta. Desde el más allá, pero ya sobre la tierra, siguiendo ciertas inhumaciones, veo a las familias afligidas, las observo atentamente, y oigo a menudo, a su salida del cementerio, las mismas palabras: ‘No está acabado, lo volveremos a ver un día, no está muerto realmente’. Estas no son certezas, son palabras de consuelo, palabras pronunciadas en el momento, para tranquilizar al otro o quizás para tranquilizarse a sí mismo, porque el miedo está presente en su decorado mortuorio, mórbido y definitivo”.

La muerte, he aquí el tabú de los tabús. A la que se le esconde o se adula, a la que se evoca y se rechaza enseguida, a la que se percibe en la actualidad del mundo y que se censura por cuanto el miedo está unido a su hecho. Así, vencer ese miedo mediante una búsqueda espiritual es un paso legítimo y lógico, pues ningún ser puede complacerse en el infortunio, la desdicha, la angustia o la tristeza. Más allá de las fronteras geográficas y culturales de nuestro mundo humano, hay un punto común a todos los seres, el de saberse mortales pero, ¿hasta qué punto? El espiritismo es una respuesta, la prolongación de una búsqueda que se transforma en certeza, no sólo para uno mismo, sino para el conjunto de lo que se representa como elemento vital. Se convierte en un saber y no solamente en una esperanza o una creencia. Hablar con los muertos, escuchar sus consejos, encontrar en ellos las respuestas al ideal de vida, comprender el más allá como una secuencia lógica a lo que se relaciona con la vida humana, he allí, en esa trascendencia, una espiritualidad que más que alejar al hombre del hombre, lo acerca, insistiendo en la necesidad de fraternizar y de seguir el camino de los profetas en su llamado al amor.

Jean-Paul Sartre escribió en Las Moscas: “La vida humana comienza al otro lado de la desesperación”. Se refería quizás a la capacidad de nuestro espíritu humano para sobreponerse a la desesperación mediante la afirmación individual y canalizar nuestra inquietud en proyectos creadores que definen nuestro ser. Esta cita puede revelarnos igualmente otra capacidad de nuestros espíritus: la posibilidad de descubrir una alegría, una armonía, una paz que superen nuestros sufrimientos. Blaise Pascal dijo: “En el corazón de cada hombre hay un vacío que tiene la forma de Dios y que no puede ser compensado por ninguna cosa creada, sino solamente por Dios el creador, que se dio a conocer por Jesús”. Expresaba fundamentalmente la idea de que, aunque nuestras necesidades físicas y materiales estén satisfechas, siempre habrá un vacío en el fondo de nosotros.

Dios creó al hombre para que pudiera mantener una relación espiritual con Él. No es pues un Dios inaccesible, hay una fuerza inconmensurable que está presente en la existencia. Algunos la perciben en la contemplación de la naturaleza, otros la palpan de corazón, desafiándola con peligro de sus vidas, otros, en fin, simplemente le rezan. La relación con el mundo de los espíritus es pues un trazo de unión con esa sensación de que nada se detiene al momento de la muerte y de que todo continua en una búsqueda sin fin de una felicidad, no para esperarla sino para construirla impulsándose en los universos sin límites donde se codean otros planetas así como formas de vida extra terrenales. El camino de la evolución es una ruta educativa y amorosa que vuelve a todas las almas perfectibles a la luz del conocimiento y del saber. El espiritismo es una propuesta para ese encuentro.

Igor Manouchian

«Le journal Spirite»

 

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