Consciencia plena

JoannaAngelisModernos científicos del área de la neurofisiología, investigando la meditación por medio de electroencefalógrafos y otros equipamientos ultrasensibles, consiguieron detectar alteraciones significativas en el cerebro durante el periodo en que los voluntarios se entregaron al profundo éxtasis. Después de análisis cuidadosos y reflexiones profundas, concluyeron que la consciencias, más allá de sus tres estados convencionales, de vigilia, de sueño profundo y de sueño, presenta otro especial, que fue denominado como el cuarto estado, poco definido hasta el momento.

Por otro lado, las experiencias de casi muerte o incluso de muerte aparente, han ofrecido una importante contribución en material demostrativo de la independencia del Espíritu al cuerpo físico, después de eliminados los fenómenos de la imaginación excitada por convicciones religiosas y otras, mereciendo una elevada consideración. Anteriormente reconocidos como delirios, resultado de algunas drogas alucinógenas, de la anoxia cerebral, terminaron por demostrar que la consciencia no permanece unida exclusivamente a la organización fisiológica, aunque se exprese por su intermedio.

Pacientes en cuidadoso tratamiento quirúrgico, sin posibilidad de ningún tipo de lucidez, han relatado hechos que ocurren durante los procedimientos, y otros que acontecen incluso fuera del ambiente de la sala donde tiene lugar, distantes del alcance de la percepción fisiológica, constatados como verdaderos, que aumentan la credibilidad en torno de la independencia del ser u organismo físico, ofreciendo así nuevas construcciones para la Ciencia. Incluso cuando han sido intentadas explicaciones como las de naturaleza arquetipo junguiano, la vasta copia de sucesos sobrepasa las herencias del inconsciente colectivo para solamente ser reconocidas como de naturaleza espiritual, dando lugar al surgimiento de una neuroteología.

Todo cuanto ocurre en el ser humano naturalmente transcurre del acceso de las actividades de una o más áreas del conjunto cerebral, incluyendo los notables fenómenos de la meditación, de las experiencias de casi muerte, de las muertes clínicas, demostrando que esos equipamientos neurofisiológicos son elaborados para la exteriorización de esos acontecimientos, sin los cuales permanecerían desconocidos…

El Espíritu pues es el agente, el que acciona los fenómenos orgánicos, a su vez experimentando los impositivos que de él resultan. Es fácil comprobar la interdependencia de los dos elementos, espíritu y materia, cuando se observa la desconexión de la memoria, el desconcierto de la mente y de las emociones, los disturbios de la consciencia, en pacientes portadores de enfermedades degenerativas irreversibles.

Los desordenes de la maquinaria impiden la transmisión correcta de las facultades del alma que, a su vez, en muchos casos sufre las consecuencias de esos disturbios, de esa forma reparando males practicados en otras existencias, en las cuales se originan las perturbaciones ahora lamentables. La memoria, particularmente, es de gran significado en la vida humana, dado que ella responde por la identidad del ser ante la vida y todos sus programas. En esas ocurrencias degenerativas, su gradual pago se constituye en una verdadera prueba para el enfermo tanto como para los familiares que le pierden el contacto, distanciándose de la razón y de la realidad… Sin embargo, algunos grupos del materialismo preservan los comportamientos ancestrales, casi en desvarío, en un preconcepto absurdo, sin llevar en cuenta las continuas demostraciones de la realidad espiritual del ser humano.

Blaise Pascal, el eminente científico francés, desde hace casi cuatrocientos años asevero que el ateísmo es una enfermedad. Es cierto que esa enfermedad ha atravesado los últimos siglos colocada en la posición de soberana presuntuosa, manteniendo las tentativas inútiles de reducir al ser humano al polvo de donde se habría originado. Aunque los graves disparates de las religiones y de sus profesos, que ha generado conflictos y dolores innumerables, al materialismo se deben también incontables males que vienen atormentando a la persona y a la sociedad, que no creyendo en el futuro espiritual, se aprovechan de la válvula de escape, a fin de permitirse todos los desequilibrios imaginables y crímenes hediondos que avergüenzan a la Historia.

Es cierto que existen nobles excepciones, como ocurre en toda generalización. ¡¿Sin embargo, que puede ofrecer el ateísmo a alguien que sufre las angustias de la separación por la muerte del ser humano querido, los dolores agónicos de situaciones difíciles, sean económicas, sociales, raciales, morales?!

El espiritualismo, sin embargo, ofrece esperanzas y seguridad para el enfrentamiento de las situaciones perversas e ingratas, confirmando a través de las experiencias de la inmortalidad la continuación de la vida más allá del túmulo. Curiosamente, los fenómenos de casi muerte, a su vez, han conducido a los pacientes a los estados de consciencia moral, compatibles con sus niveles de evolución espiritual.

En las muertes naturales, por accidentes de varias procedencias, ocurrencias quirúrgicas o enfermedades prolongadas, las visiones que los sorprenden, en ese cuarto estado de consciencia, se mantuvieron en una existencia digna, comprometida con la moral y la ética, ejercitando el bien y el deber, se caracterizan por bendiciones, en las cuales siempre surge alguien, Jesús, Buda, Guía espiritual, Ángel de la guarda, de acuerdo con su creencia religiosa, que, después de dialogar, elucidan en cuanto a la necesidad de volver.

Algunos experimentan el viaje a través de un túnel de luz o se enfrentan a una gran luz que los espera, de donde sale la voz orientadora. Sin embargo, cuando se trata de tentativa de suicidio, un casi homicidio generado por el propio individuo, las visiones son terroríficas, abismos insondables se abren delante de sus ojos aterrados, figuras satánicas los agreden, retornando al cuerpo en una gran angustia y sinsabor… Aunque practicantes de religiones diversas o destituidos de cualquier creencia religiosa, los relatos son iguales en su contenido, demostrando que proceden de una y única realidad.

Los datos catalogados son perfectamente idénticos a las revelaciones mediúmnicas de todos los tiempos, particularmente aquellas que viene del periodo de la Codificación Espirita y su fecundo estudio. Es claro que el cerebro, habiendo evolucionado a través de las centenas de millones de años, gracias al modelaje trabajado por el periespíritu del ser inmortal, se organizo con equipamientos muy delicados para bien decodificar la inmortalidad, la causalidad de la vida y todas sus ocurrencias.

Entre el cerebro reptiliano y el neocórtex, el conjunto límbico racional es el vehículo que transmite las herencias ancestrales que mantienen al ser humano en la Tierra, al tiempo que recibe la categoría noble donde se encuentran las señales de Dios, aunque de difícil comprensión, proporcionando al desarrollo de la consciencia en el rumbo de su cuarto estado, que denominaríamos como el de consciencia plena.

Los estímulos mentales que resultan de la aceptación y convivencia con ese algo divino, que es el Espíritu, favorece la producción de dopamina y noradrenalina, que favorecen la existencia con la alegría de vivir, la comprensión del proceso de evolución. Esas llamadas sustancia de la felicidad son producidas por el ser espiritual a través de la estimulación de las neuronas que las segregan… En ese sentido, el ser transita por los diferentes niveles de consciencia, despertando del letargo ancestral e identificando los más elevados que disfrutara, a medida que se libere de las aflicciones, de las herencias del pasado, que tuvieron significado y fueron útiles en su momento, ahora totalmente superadas. El discernimiento en torno de lo que pensar y de cómo obrar le otorgara un arsenal de resistencias para auto-vencerse, conquistando la consciencia de paz.

Los Espíritus sublimes, que elaboraron la Codificación Espirita, fueron muy sabios, cuando respondieron al lucido Codificador Allan Kardec que la ley de Dios está escrita en la consciencia, definidora de comportamientos y acciones de los transeúntes por el atajo carnal, dirigiendo la dirección de su plenitud. Esas admirables conquistas de las neurociencias lentamente y oportuna terapia para la enfermedad del ateísmo cuando, entonces, los hechos inclinaron la nuca de los más recalcitrantes negadores. Por fin, el ser humano alcanzara el cuarto estado de conciencia o nivel cósmico, hermanando todas las criaturas, unas con las otras, en bendecido entusiasmo de la verdadera fraternidad.

Joanna de Ângelis

(Página psicografada por el médium Divaldo Pereira Franco, en la sesión mediúmnico de la noche del 26 de enero del 2006, en el Centro Espírita Camino de la Redención, en Salvador, Bahía.)

Revista «Reformador»
Traducido por Jacob

 

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