La decisión es tuya

barrerBotar o recoger. Tú eliges.

Este es el lema de la campaña iniciada por la Municipalidad de una importante capital brasileña, estampado en un cartel que muestra una mano sobre un pedazo de papel en el suelo. Tiene que ver con la educación.

Tiene que ver con la ciudadanía. Invita al ciudadano a reflexionar sobre el tipo de ciudad que desea para sí mismo: una hermosa y limpia ciudad o calles llenas de basura. Llama al ciudadano a la responsabilidad, a partir de su decisión que, por supuesto, tiene que ver con su formación moral, su ética, su compromiso como ciudadano. De hecho, todo lo que nos rodea, de alguna manera, es de nuestra responsabilidad. Y depende de nuestras elecciones.

Podemos vivir en un barrio agradable, pero sólo tendremos buenos vecinos si cultivamos la gentileza y la buena educación. Y eso se hace a partir de pequeños cuidados. Recordemos, por ejemplo, de la salida en coche muy temprano en la mañana para nuestro trabajo. Podemos sacar el coche del garaje sin ruido, sin acelerar ruidosamente y por lo tanto sin despertar al vecino que aún duerme. O podemos hacer todo el ruido que creemos es nuestro derecho producir, pensando que si estamos despiertos tan temprano, los demás también pueden despertar a la misma hora.

Podemos limpiar el frente de nuestra casa, lavar la acera, teniendo el cuidado de no ensuciar el frente de la casa del lado. O podemos, descuidadamente, ir tirando todo justamente para los lados y ensuciando el frente de las casas cercanas. Podemos ser gentiles en el tránsito, parando unos pocos segundos para permitir que otro coche, que aguarda en la vía de acceso, pueda entrar a la calzada delante de nosotros. O podemos ser totalmente insensibles y dejar que el conductor se canse de esperar hasta que termine la enorme cola de vehículos.

Antipatía, simpatía. Nosotros decidimos si deseamos una u otra.

Podemos entrar en el ascensor y saludar a las personas. O podemos simular que todas son invisibles. Podemos hacer una gentileza y retener el ascensor por un segundo para permitir el ingreso de alguien que está llegando, apresurado. O podemos pulsar el botón para que la puerta se cierre, exactamente en la cara de quien trataba de llegar a tiempo.

Podemos pensar únicamente en nosotros, vivir como si no hubiese nadie más en el mundo. O podemos vivir, mirando alrededor, dándonos cuenta de que alguien necesita ayuda y ayudar.

Podemos fingir que somos sordos o podemos escuchar a alguien pidiendo información a uno y otro y disponernos a ofrecerla. Podemos fingir que somos ciegos y no ver a la persona obesa de pie, en el transporte público, o a la embarazada, o al anciano. O podemos ser humanos y ofrecer nuestro asiento, con la certeza de que ese alguien lo necesita más que nosotros. Aunque el cansancio esté agobiándonos al final del día, los pies duelan y todo el cuerpo diga: Necesito descansar.

Pensemos en eso y dispongámonos a contribuir, desde hoy, con el mundo más justo, armonioso y feliz que tanto soñamos.

Redacción del Momento Espírita.

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