El poder de la gentileza

ChicoAkardecUn eminente profesor negro, interesado en fundar una escuela en un barrio pobre, donde centenares de niños desamparados crecían sin el beneficio de las letras, fue recibido por el alcalde de la ciudad, que le dijo imperativamente, después de oír sus planes:

– La ley y la bondad no siempre pueden estar juntas. Organice una casa y autorizaremos la empresa.
– Pero, doctor, no disponemos de recursos…– consideró el benefactor de los niños sin protección.
– ¿Qué hacer?
– De cualquier manera, nos corresponde amparar a los pequeños analfabetos.

El alcalde le miró detenidamente la figura humilde, y con una sonrisa escarnecedora añadió:

– El señor no puede intervenir en la administración.

El profesor, muy triste, se retiró y paso la tarde y la noche de aquel sábado, pensando, pensando… El domingo, muy temprano, salió a pasear, bajo los árboles, en dirección de antiguo mercado. Iba comentando, en una oración silenciosa:

– Mi Dios, ¿cómo hacer? ¿no recibiremos una posada para los niños, Señor?

Absortó en la meditación, se acercó al mercado y entro. El movimiento era enorme. Muchas compras, mucha gente. Cierta señora, de aspecto distinguido, se aproximo a él y tomándolo por un servidor vulgar, con las manos desocupadas y la cabeza vacía, exclamó:

– Mi viejo, venga acá.

El profesor la acompaño, sin vacilar. Al frente de un enorme saco, en el que se amontonaba más de 30 kilos de verduras, la matrona le recomendó:

– Tráigame esta encomienda.

Se colocó el fardo acuestas y la siguió. Caminaron seguramente unos 500 metros y penetraron a una elegante vivienda, donde la señora le volvió a solicitar:

– Tengo visitas hoy. ¿Podría ayudarme en el servicio general?
– Perfectamente –respondió el interpelado– A sus órdenes.

Ella le indicó un pequeño patio y determinó que le cortase medio metro de leña, para el fogón. Empuñando el hacha, el educador, con esfuerzo, rajó algunos rolos. Terminado el servicio, fue llamado para que limpiara la chimenea. Lo realizó con el sacrificio de su propia ropa. Sucio de hollín, de la cabeza a los pies, recibió orden de buscar un pavo asado, a una distancia de dos kilómetros. Se puso en camino, trayendo el gran plato en poco tiempo. Luego, más tarde, se abocó a la limpieza de extenso recinto en que se efectuaría el suntuoso almuerzo.

En las primeras horas de la tarde, siete personas hacían su entrada en el hidalgo domicilio. Entre ellas, se encontraba el alcalde que notó la presencia del visitante de la víspera, presentado a su despacho por autoridades respetables. Reservadamente indagó de la hermana, que era la dueña de la casa, respecto al nuevo conocido, conversando ambos en secreto. Al final del día, la matrona distinguida y autoritaria, con visible desilusión, vino al siervo improvisado y le pidió el precio de su trabajo.

– No piense en eso –respondió él, con sinceridad– Tuve mucho placer en serle útil.

Al día siguiente, sin embargo, la dama de la víspera lo buscó, en la modesta casa en que se hospedaba, y después de pedirle disculpas, le anunció la concesión de amplio edificio, destinado a la escuela que pretendía establecer. Los niños usarían el patrimonio a voluntad y el alcalde autorizaría la empresa con satisfacción. Dejando traslucir en los ojos húmedos la alegría y el reconocimiento que le embargaba el alma, el profesor agradeció y, le besó las manos, respetuoso. La bondad de él venció los impedimentos legales.

El ejemplo es más vigoroso que la argumentación. La gentileza está revestida, en todas partes, de un glorioso poder.

Espíritu Neio Lúcio
Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro “Alborada Cristiana”

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.