La reencarnación

denis_1_ok33. ¿Dónde se reencarna el espíritu?
− Por todas partes en el universo. Todo mundo está destinado a recibir la vida bajo sus formas variadas y en todos sus grados.

34. ¿Por qué nos reencarnamos sobre la Tierra?
− Porque la Tierra, siendo un mundo regido por la ley del trabajo y del sufrimiento, es un lugar propicio al adelanto y al progreso del espíritu en el estado inferior. […]

39. Estos millones de globos que gravitan en la inmensidad, ¿están habitados?
− Unos lo están, otros lo estuvieron alguna vez: es lo que se llama la vida universal.

40. ¿Están estos mundos habitados por seres superiores, iguales o inferiores a los hombres?
− La ciencia actual todavía no puede responder a esta cuestión; pero, según las revelaciones de los espíritus, sabemos que los planetas próximos de la Tierra están habitados: Marte, por ejemplo, por seres un poco superiores a nosotros; Venus, al contrario, por seres inferiores. El Sol es la estancia de espíritus sublimes, que llegaron a las cumbres más altas de la evolución y, desde lo alto de este astro, como desde lo alto de un trono de luz, hacen irradiar su pensamiento y su acción sobre los mundos por medio de las transmisiones fluídicas y magnéticas.

41. Sin embargo, ciertos sabios pretenden que la Tierra es el único globo que reúne las condiciones físicas necesarias para la vida, y, por consiguiente, el único habitado.
− Todos los globos que ruedan en el espacio tienen su estructura particular y condiciones físicas diferentes. La vida sobre cada uno de estos mundos se adapta a estas condiciones. Calculando las distancias de los planetas entre ellos, su masa y su fuerza de atracción, se ha demostrado que sus condiciones físicas varían según su posición en el sistema solar, y según su inclinación sobre sus ejes respectivos. Se pudo calcular así que Saturno, por ejemplo, tiene la misma densidad que la madera de arce; que Júpiter tiene casi la del agua; que en Marte la gravedad de los cuerpos es menos de la mitad que sobre la Tierra, etc. Conclusión: las leyes físicas varían sobre cada uno de estos globos, y las leyes de la vida están allí en contacto con las de su naturaleza íntima.

42. ¿Podríamos clasificar los diferentes planetas, y distinguir cada mundo según el grado de vida que allí se manifiesta, y según el valor de los seres que los habitan?
− Sí, los espíritus nos revelaron que había cinco clases entre los mundos habitados o habitables que flotan en el espacio: son
1 ° los mundos rudimentarios o primitivos;
2 ° los mundos expiatorios;
3 ° los mundos regeneradores;
4 ° los mundos felices;
5 ° los mundos celestes o divinos.

43. ¿Que entendemos por mundos rudimentarios o primitivos?
− Las estancias de las almas nuevas. La vida allí es simplemente inicial. Son mundos inferiores que las antiguas religiones llamaban Infierno.

44. ¿Que son los mundos expiatorios?
− Aquellos donde el bien y el mal están en lucha perpetua, dónde la verdad y el error están continuamente en conflicto, pero donde, en realidad, la suma del mal prevalece sobre la del bien, hasta que éste tenga la última palabra en la lucha.

45. ¿Que se entiende por mundos regeneradores?
− Son mundos de regeneración por la verdad y la justicia: así será la Tierra cuando los hombres estén aquí más alumbrados, sean más justos y mejores.

46. ¿Quién habita los mundos felices?
− Espíritus que ya realizaron una gran parte de su evolución, y que viven entre ellos en la armonía de la fraternidad y del amor.

47. ¿Que son, por fin, los mundos celestes o divinos?
− Son la estancia de los espíritus más elevados y más puros. De ahí salen los misioneros espirituales que Dios envía a llevar sus mensajes y sus voluntades por todo el universo. Estos mundos sublimes representan los paraísos o elíseos de que hablan las religiones y a los que celebran todos los poetas de la humanidad.

48. ¿A que clase de estos mundos pertenece nuestra Tierra?
− A la de los mundos expiatorios.

49. ¿Quién lo prueba?
− Las leyes físicas que la rigen y las condiciones de vida de los seres que la habitan.

50. ¿Cómo es eso?
− La Tierra está inclinada profundamente sobre su eje; por ello queda sujeta a variaciones perpetuas que traen cambios bruscos de temperatura. La diferencia de las estaciones y de los climas y las perturbaciones atmosféricas hacen de la vida humana un combate perpetuo contra la naturaleza, la enfermedad y la muerte. Todo esto indica que la Tierra es por excelencia el planeta de la expiación, del trabajo y del dolor.

51. ¿Pero los otros globos no están en las mismas condiciones físicas, y su posición no es la misma en el mundo sideral?
− De ninguna manera; ninguno de estos globos tiene ni el mismo peso ni el mismo volumen ni está colocado a la misma distancia del sol que lo calienta y lo alumbra. Ninguno tiene tampoco la misma inclinación sobre su eje: Júpiter, por ejemplo, es de una firmeza y de un equilibrio inalterables; en su superficie reina una temperatura siempre igual.

52. ¿Podemos decir que sobre la Tierra, como en todo mundo expiatorio, la suma del mal prevalece sobre el bien?
− No hay duda de ello. La experiencia más simple de la vida basta para comprobarlo. La historia nos muestra cuantos siglos fueron necesarios para permitir a la humanidad alcanzar el grado de civilización relativa al que ha llegado. A pesar de eso, podemos negar que sólo el error oscurezca aquí todavía muchas inteligencias: el vicio oprime la virtud; la fuerza prima sobre el derecho; el egoísmo asfixia al amor. Participar en esta lucha, vivir en esta sociedad turbada, ser a menudo la víctima y el mártir: es en esto que consisten el mérito y el progreso para los espíritus encarnados sobre Tierra.

53. ¿Que hacer entonces y cómo utilizar nuestra vida aquí abajo para ser un día más felices?
− Hacer el bien y sacar provecho de nuestra estancia sobre la Tierra para progresar haciendo progresar a otros, de tal modo que no estemos obligados a volver más a ella, más que como misioneros, como guías de la humanidad.

Leon Denis
Extraído del libro «Síntesis doctrinal y practica del espiritismo»

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