Viviremos siempre

en-mundo-en-tus-manosHijo, no humilles a los ignorantes y a los débiles, todos somos viajeros de la vida eterna. Desde la cuna al túmulo atravesamos apenas un acto de inmenso drama de nuestra evolución para Dios. Algunas veces, el señor viste el traje pobre del operario humilde para conocer en el las duras necesidades, y el operario humilde viste el suntuoso traje del señor para conocer las duras obligaciones en la tarea administrativa.

Cuando un hombre menos precia las oportunidades de tiempo y dinero que el Cielo le confía, vuelve al mundo en otro cuerpo, experimentando la escasez de todo. No escarnezcas del herido. Tu boca podrá cubrirse de cicatrices.

No recojas los bienes que no te pertenecen. Tus brazos son susceptibles de caer paralíticos, sin que puedas acariciar lo que es tuyo provisoriamente.

No camines al encuentro del mal, porque el mal dispone de recursos para sorprenderte tal vez con la perturbación y con la muerte.

Ayuda y pasa adelante, expandiendo un corazón compasivo para con todos los dolores y lleno de amor y perdón para todas las ofensas.

Cuando no puedas elogiar, cállate y espera, porque la lengua viciada en la definición de los defectos ajenos regresa al mundo en plena mudez.

Quien llega a través de una infancia risueña, en la mayoría de los casos es alguien que torna al campo de la carne a fin de restaurarse y aprender. Así como la flor se destina al fruto que alimenta, tu conocimiento debe producir la bondad que construye y santifica.

Acuérdate que largo es el camino y que necesitaremos cambiar de cuerpo. En la dirección de la victoria final, tantas veces como fueran necesarias, hasta que la indispensabilidad de la vestimenta física se desvanezca con las sucesivas encarnaciones…

Cosecharemos de la sementera que hagamos. No desprecies, así, a los menos felices. El malhechor y el vagabundo que se dejaron esclavizar por los demonios de la negligencia son igualmente nuestros hermanos, ayudémoslos, a través de todos los medios a nuestro alcance.

No siempre el verdadero infortunado es aquel que se debate en un lecho de sufrimiento. No olvides al infeliz bien trajeado que cruza las avenidas de la ignorancia, sin paz y sin luz.

Hijo mio, volveremos aun a la tierra, probablemente muchas veces… El servicio de redención así lo exige. Ama a todos. Auxilia indistintamente. Siembra el bien, al margen de todos los caminos. Recurriremos al amparo de muchos. Es de la Ley del Señor que no avancemos sin los brazos fraternos unos de los otros.

¡Prepara, desde ahora, la colaboración de que necesitarás, a fin de proseguir, en paz, montaña arriba! Se hermano de todos, para que te sientas, desde hoy, en el centro de la gran familia humana, y el Señor Supremo te bendecirá.

Por el Espíritu Néio Lúcio
Do livro Alvorada cristã.
Psicografia de Francisco Cândido Xavier.

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