Convite a la humildad

Di“Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón” (Mateo: capitulo 11, versículo 28)

Los que son incapaces de conseguirla la identifican como debilidad.

Los pesimistas que se manchan en el pozo del orgullo herido y no se disponen a la lucha, la detestan, porque se sienten incapaces de poseerla.

Los derrotistas se utilizan de la subestima para denigrarla.

Los débiles, falsamente cargados de fuerza, le falsean el significado, deturpándole la soberana realidad. Porque muchos no lograran vivirla y derraparan en plenos ejercicios, la desconsideran…

Ella, sin embargo, fulgura y prosigue. Sustenta en el cansancio, arrulla en los dolores, robustece en la lucha, encoraja en el fracaso, levanta en la caída…

Alaba al dolor que corrige, bendice la dificultad que enseña, agradece la soledad que ejercita la reflexión, ampara el trabajo que disciplina y es reconocida por todos, inclusive a los que pasan por malos, por enseñar, aunque inconscientemente, el valor de los buenos y la excelencia del bien.

Llega y dulcifica la amargura, balsamizando cualquier herida expuesta, incluso en llaga repelente. Identificase por la dulzura, y, sutil, agrada, ofreciendo plenitud, cuando todo conspira contra la paz de que se hace instrumento.

Escudo de los verdaderos héroes, ha sido la corona de los mártires, la señal de los santos y la característica de los sabios. Con ella el hombre adquiere grandeza interior, y considerando la grandeza de la Creación, como miembro actuante de la vida, que es, se eleva y, así, eleva a la humanidad entera. Conquistarla, al final de las peleas exhaustivas, es lograr paz.

En el dialogo entre Jesús y Pilatos, estuvo presente en el silencio del Amigo Divino y ausente en el engañado fámub de Cesar…

Su nombre es humildad.

Espíritu Joanna de Ângelis
Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro “Convites de la vida”
Traducido por Jacob

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