La vida vista desde arriba

Todos ya hemos oído hablar de los drones. Una tecnología que parece provenir de las películas de ciencia ficción y que se popularizó con mucha fuerza. Son pequeños robots voladores, portátiles, controlados por mando a distancia, y que pueden llevar potentes cámaras para filmar y fotografiar desde grandes alturas y en lugares de difícil acceso para aeronaves de pequeño porte. Gracias a ellos, el hombre está conociendo su propio planeta de una manera que nunca antes había conocido: desde arriba.

Algunos programas de televisión, incluso, se especializaron en mostrar ciudades enteras, regiones y países, desde la visión privilegiada de los drones. Las imágenes son increíbles. Producen expresiones de los espectadores como: ¡Nunca imaginé que podría ser así! ¡O estuve allí, pero nunca lo había visto de esa manera! Realmente, es muy diferente y es una experiencia que todos deberíamos tener para entender qué es observar algo desde otro punto de vista. Algo que, a veces, creíamos conocer bien, como nuestra ciudad o país.

En este punto, podemos traer una reflexión más.

Hemos visto nuestra vida, nuestros días, los desafíos, los problemas, siempre desde el mismo punto de vista: el nuestro. Una visión, muchas veces, muy limitada, desde nuestra altura, una visión de quien está con los pies plantados en el suelo. Imaginemos la posibilidad de vislumbrar todo desde arriba, desde otro ángulo, diferente del común. Imaginemos que pudiéramos saber que, más adelante, después de aquella crisis familiar o enfermedad que parece no tener fin, las cosas volverán a la normalidad. A veces, diferentes y en algunos casos incluso mejores de lo que eran. Imaginemos reconocer que nuestro camino es pedregoso, difícil, pero que nos lleva a un objetivo feliz, a un lugar mejor. Aún más, vislumbrar desde arriba a tantos otros semejantes a nosotros y sus senderos iguales o más ásperos que los nuestros.

¿Cómo sería la vida vista desde arriba? ¿Cómo sería la visión de nuestro pasado y de nuestros planes para el futuro, menos afectada por la inmediatez, por la búsqueda de placeres efímeros de quien solo ve lo que está delante de si? ¿Cómo sería saber, en ese panorama más amplio de las relaciones humanas, que cada uno que forma parte de nuestra historia está ahí por una razón? Ver al prójimo desde arriba y verlo como similar a nosotros, sin importar el sexo, la raza y los pensamientos. Ver el umbral de la muerte como un cruce, porque desde arriba se entiende bien que hay un camino por delante, que nos despedimos de una dimensión de la vida para entrar en otra. Y todas son importantes y hermosas.

Hagamos ese ejercicio. Propongámonos varias veces esa visión más amplia. Escuchemos más, aprendamos más sobre nosotros mismos y sobre el otro. Investiguemos las leyes que gobiernan la vida. Preguntemos siempre con el objetivo de aprender. Finalmente, recordemos que el verdadero amor nos eleva. Elevar es levantarse, dejar el suelo. Y quien está elevado naturalmente puede ver todo y a todos de manera diferente, más completa.

¿Cómo sería nuestra vida vista desde arriba?

Redacción del Momento Espírita

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