Los transportes de la fe

Era una comunidad agonizante… apenas siete fieles en la enorme iglesia, que en el pasado llegó a abrigar seiscientas personas en las misas de los domingos. Las fábricas invadieron el barrio, transformándolo en un distrito industrial. Raras personas continuaban residiendo allí. El nuevo cura concluyó que la solución para el problema sería pasar la iglesia para un nuevo lugar. Los fieles dudaban, al final, ¡eran tan pocos!…

– ¡Es necesario tener fe! –Afirmó, convencido, el sacerdote.

– Conseguiremos con el Ayuntamiento un terreno en el lugar deseado.

– ¿Cómo contrataremos al personal que va a trabajar en la construcción? –Objetaban los fieles.

– ¡Los recursos son escasos!

– Con fe habremos de formar un equipo. Comenzaremos con nuestro propio esfuerzo. Seremos los pedreros y carpinteros, electricistas y pintores. Haremos una multitud. Convocaremos al personal que reside en las proximidades. ¡Arrastraremos a todos con nuestro ejemplo!…

– ¿Y el material? –Reclamaban los fieles.

– ¡Nuestra “caja” no será suficiente ni incluso para la edificación de una casucha!

– ¡Con fe todo irá bien! Tenemos casi todo lo que necesitamos en la actual iglesia. Vamos a desmontarla, enterita, ladrillo por ladrillo, teja por teja, piedra por piedra, y la reconstruiremos en el lugar escogido.

Y así fue hecho. Algunos hombres vacilantes, al principio; después decenas, impulsados por la fe sin límites de un sacerdote decidido. En dos años desapareció la vieja iglesia, que resurgía nueva, bella, muy amada por la amplía comunidad de fieles, porque en cada pedazo de ella estaba un poco de esfuerzo y de la buena voluntad de todos.

*****

Tener Fe es guardar la seguridad de que con la protección de Dios nada es imposible a aquel que se mueve, que moviliza sus potencialidades creadoras, a favor del objetivo deseado. El hombre de Fe verdadera transporta montañas, como decía Jesús, sustentado por la certeza de que el Señor le dará fuerzas para cargar tierra, por el tiempo necesario hasta completar la transferencia deseada.

Richard Simonetti
Extraído del libro «Cruzando la calle»

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.