Sentimientos tumultuosos

Conflictos de culpa y de vergüenza. El miedo y sus varios aspectos. Falta de amor.

Los sentimientos son conquistas paulatinas del ser humano, que los desarrolla conforme los factores ancestrales que predominan en su naturaleza, en la condición de herencia genética y por consecuencia de las condiciones ambientales: familia, educación, sociedad.

Afirman algunos psicólogos que la heredietariedad responde siempre por la criatura, sus actos, su existencia, todo cuanto le acontece internamente en el área de la salud física, emocional – en el comportamiento – y psíquica.

En algunos casos, indudablemente se encuentran con razón, no cuando consideran que los condicionamientos sociales y la educación en casi nada contribuyen para alterar el cuadro anteriormente definido por los códigos genéticos. Sin duda, el ser humano es resultado de su comportamiento anterior cuando, en existencia pasada, modeló el futuro que lo aguarda.

Así considerando, el Espíritu imprime, en los códigos genéticos que irá utilizar, todo cuanto le será indispensable para el desarrollo intelecto-moral durante el proceso de evolución. Sin embargo, la educación en el hogar y en la escuela, la convivencia social, alteran con vigor su comportamiento y destino, construyendo valores que puede modificar el proceso anterior formulado para la recuperación espiritual, frente al gravamen antes cometidos. Eso porque la Justicia Divina nunca dificulta o impide el esfuerzo de aquel que desea recuperarse de cualquier problema; antes ofrece los recursos posibles para que el desarrollo espiritual se exprese de la mejor manera posible, porque el amor brilla en todas las ocasiones y circunstancias, facultando la realización de los magnos objetivos existenciales.

El egoísmo, sin embargo, que se encuentra instalado en la naturaleza humana, responde por las situaciones embarazosas y desafiadoras que retardan la marcha evolutiva, creando impedimentos y trastornos complejos en el proceso de la evolución. De ese modo, los mecanismos castradores que afligen al ser resultan de los procesos primitivos anteriores de competición y de crueldad que aun marcan el comportamiento individual y social, generando dificultades al avance. Como resultado inmediato, fácilmente los sentimientos se descontrolan y las expresiones de timidez o de violencia, de agresividad y de miedo se instalan con exuberancia en las criaturas humanas, conspirando contra su realización interior.

Conflictos que restan del periodo primario toman cuerpo entonces, alterando la conducta, que se manifiesta marcada por tormentos que pasan de una a otra reencarnación, como herencia de los propios actos, del cual nadie consigue escapar.

Heredero de sus pensamientos, palabras y actos, el Espíritu imprimir a través del pensamiento, en los tejidos sutiles del psicosoma, los futuros fenómenos que serán sometidos por la Ley de causa y efecto, que predominan en la constitución espiritual de la vida. Mediante el esfuerzo de readaptación al orden que fue perturbada por su insania o negligencia, los sentimientos se modifican, contribuyendo para una conducta saludable psicológicamente, que es indispensable para la autorrealización y la paz.

Los sentimientos deben y pueden ser trabajados por el pensamiento, mediante fórmulas simples de esfuerzo personal, que administren las tendencias perversas, cínicas, vulgares y posesivas. A medida que sean superadas cualquier expresión de desequilibrio, por menos que parezca, hay un amanecer bello que calma y ofrece alegría de vivir y de amar, ampliando las fuerzas para continuar la tarea.

Reflexión en torno a los paisajes vivos y coloridos de la Naturaleza, convivencia con los animales y las criaturas, actividades de apoyo y siembra de vegetales, todo cuanto contribuya para tornar el mundo mejor y más bello, aureolado de vibraciones de paz y de oración, transforman los impulsos crueles en sentimientos de amor y comprensión del milagro, que es la vida en sus múltiples manifestaciones.

Espíritu Joanna de Angelis

Médium Divaldo Pereira Franco
El despertar del Espíritu

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