Relacionamientos sociales

Todo aquel que adquiere madurez emocional en el grupo familiar y en el conyugal, está preparado para las relaciones en esfera más amplia, en el agitado mundo de los interese sociales.

Los relacionamientos sociales son de vital importancia para los seres humanos. Quien no se relaciona en el grupo social desintegra la personalidad y se atormenta en sentido creciente. El calor humano, en el inter-relacionamiento social, constituye un factor básico para el crecimiento psicológico, desarrollando el área de la afectividad con toda la gama de sentimientos profundos que existen en germen en el interior de cada ser.

El impositivo del instinto gregario responsable, de algún modo, por la sobrevivencia de las especies animales, induciendo a la convivencia en grupo, se desvela más ampliamente en emociones superiores que imitan a la espiritualización, cuando los sentimientos fraternales superan los niveles que encadenan al individuo a los automatismos primarios.

El relacionamiento social tiene inicio cuando el ser humano comprende la estructura de todo cuanto lo rodea y se deja envolver por el ambiente en que vive, tornándose parte activa de ese ambiente. Se relaciona entonces con los minerales, desarrolla los sentimientos de respeto y de admiración por los vegetales, amplia la capacidad de amparo a los animales, trabajando por la preservación de todas las formas vivientes y, por fin, se irradia en la dirección de las demás personas como miembros reales de su familia, partes integrantes que son de su vida.

En los reinos inferiores, el relacionamiento es vivido apenas por parte de aquel que piensa y que siente racionalmente, ya que, en ellos, aun no existe una consciencia que pueda responder por los sentimientos que les son dirigidos, la donación es unilateral, con una consecuencia sutil para quien la proporciona – el placer de estar vivo y compartir de todas las formas de la vida. En los vegetales y en los animales, sin embargo, esa experiencia ya se hace en doble vía, ya que existe sensibilidad y, en los últimos, la presencia de una percepción más desarrollada, que permite la captación y la retribución de todo cuanto les es dirigido. 

Entre los seres humanos surgen los grandes desafíos psicológicos, aquellos que transcurren del nivel de consciencia individual, de su desarrollo de sentimientos, del estadio de madurez en que cada cual se encuentra. Por esa razón, es indispensable que sean creadas emociones que proporcionen unión, intercambio, a fin de ser alcanzados los objetivos básicos de la existencia corporal, que son las expresiones de la legítima fraternidad. En esa búsqueda de comunión con los semejantes, la alegría se irradia en forma de optimismo y de esperanza, que son fundamentales a la existencia equilibrada.

Todo ser humano es portador de fuerza creadora que se desenvuelve a través del relacionamiento con otro de la misma especie. Para el éxito del emprendimiento, se vuelve fundamental el autodescubrimiento, a fin de ser identificados el lado negativo que es parte de la personalidad, la faz oscura de ese poder natural, evitando que predominen en las relaciones que sean establecidas.

Mientras sean ignorados esos ángulos aun deficientes y perturbadores, los desentendimientos entre aquellos que se buscan, se hacen predominantes en vez de las identificaciones que los deben unir, porque cada cual pretende imponerse sobre el otro, olvidando que en esa actividad de relacionamientos no hay valor que se sobreponga o que se someta, sino que todos se encuentran en el mismo nivel de interés y de significado estableciendo líneas de perfecto respeto recíproco.

El buen relacionamiento es aquel que resulta del contacto que inspira, que estimula y que proporciona bienestar, sin contenidos temerosos o repulsivos, generadores de ansiedad y de malestar. Cada persona tiene algo para ofrecer al grupo social en el cual se mueve, y esa contribución es importante para el conjunto, que no puede prescindir.

Cualquier imposición que pasa del capricho egoico de algunos de los miembros, se torna factor de impedimento para la saludable formación de la sociedad. Es por eso por lo que los dominadores, los poderosos, aquellos que se imponen, se tornan siempre temidos, pero nunca amados.

Las personas que normalmente los rodean y los homenajean, con las raras excepciones que se refieren a aquellos que se encuentran en el mismo nivel de consciencia y con ellos se identifican, tienen interés por la posición efímera de que disfrutan, por las migajas de la proyección humana, porque son incapaces de hacerse notados por las conquistas éticas, culturales o de cualquier otra naturaleza superior, arrastrándose en el nivel más servil y aprovechándose de aquella situación infeliz. Desde ese modo, el individuo que admite la propia fragilidad, su humanidad, y comprende la necesidad de la presencia de otro para avanzar, está preparado para la convivencia social, para una relación eficaz. Mientras en él predominen la presunción y la exclusiva autosatisfacción, enfrentará muchas dificultades para armonizarse en la sociedad, porque no puede vencer la ambición mórbida de la auto-proyección.

Cuando alguien niega el esfuerzo de adquirir la capacidad de auto descubrirse a sí mismo, para que sean identificados los problemas internos, y se presenta la necesidad de la fuga de la convivencia con el grupo social para una existencia solitaria, está delineando su comportamiento neurótico, que lo expulsa del organismo general, a fin de que agonice en la problemática de los tormentos que se imponen, e inconscientemente en ellos se complazca.

Se torna de alto significado, para un exitoso relacionamiento social, que el individuo tenga el valor de considerar la propia crueldad, los sentimientos ambiguos, los recelos interiores, las inseguridades y la agresividad personal en un análisis honesto de las dificultades que le son peculiares, buscando superarlas, a fin de que no haya transferencia de responsabilidad para otro, o consciencia de culpa cuando cualquier fracaso se manifieste en los intercambios buscados.

Cuando se es capaz de vencer las imperfecciones, sin dirigirlas a los otros, se tiene condición para las convivencias saludables, armónicas, lo que no impide las situaciones de desajustes e incomprensiones que pueden ser discutidos y diluidos, teniéndose en mira el objetivo de construir una buena sociedad. Un relacionamiento psicológicamente maduro es siempre sustentado por la lealtad de la convivencia, en la cual los propósitos que vinculan los individuos entre si son discutidos con naturalidad y sentimiento de aprendizaje de nuevos recursos para el buen desempeño social.

Siendo cada persona un eslabón de la inmensa corriente que debe reunir a todos los hombres y mujeres, el ajuste emocional al grupo es indispensable, contribuyendo para el fortalecimiento de la estructura comportamental de todos.

La vida es un mensaje de armonía y de placer, que invita a la conquista de nuevos niveles de felicidad. Sin esos instrumentos de estimulación, los trastornos emocionales se instalan y el sentimiento de júbilo cede lugar a la depresión y a la infelicidad, que pasan a constituir lo cotidiano de aquel que derrapa en las sombras de los desajustes emocionales. 

Cuando ocurren desencuentros en las relaciones sociales, nadie se debe permitir la veleidad de acusar al otro; antes mantenerse consciente de que ambos se encuentran con dificultades para una buena identificación de intereses. Normalmente accionadas por los apetitos sexuales, muchas personas creen que, en cualquier relación, la libido debe desempeñar un papel de alta importancia, determinando la profundidad y el tiempo de manutención de la convivencia, no sintiéndose capaces de mantener vinculaciones destituidas de ese tipo de juego de placer. En tales casos, la inseguridad y la inmadurez del individuo responder por la forma de considerar el comportamiento social, que debe ser colocado encima de las sensaciones rápidas del deseo carnal.  En esas búsquedas, en que se caracterizan los instintos primarios, los resultados que se disfrutan son siempre huidizos y fastidiosos, exigiendo siempre variaciones nuevas que más atormentan de lo que llenan, por eso mismo, insuficientes para contribuir en favor de la construcción y preservación de un grupo social armónico.

Incluso cuando el relacionamiento tiene por meta la satisfacción sexual, si no existe madurez psicológica de la pareja, es obvio que, pasada la consumación del acto, el tedio y el desinterés dominan al individuo que en él no sitúa la conquista de objetivos más profundos. La criatura humana es mucho más que los impulsos instintivos de los deseos serviles.

Espíritu inmortal que es, se encuentra programado para la superación de experiencias primarias vividas, yendo en la dirección de los sentimientos sublimes que son la herencia divina durmiendo en las profundidades del ser.

La sociedad equilibrada debe funcionar como una orquesta afinada ejecutando una especial obra sinfónica, en la cual predomina la armonía de los movimientos y de las notas musicales bajo la regencia feliz del ideal que proporciona alegría y paz.

Para que eso sea alcanzado, el amor desempeña un papel especial: conseguir superar las dificultades naturales de la fase inicial de identificación, cuando todos aun no se conocen y mantienen el comprensible recelo de susceptibilidad de uno en relación al otro, o de no poder corresponder de lo que de cada cual se espera. El amor, en cualquier situación, produce enzimas psíquicas que contribuyen eficientemente en favor del metabolismo social, produciendo quimismo necesario para la renovación de todas sus células y del organismo total como efecto inevitable.

Espíritu Joanna de Angelis

Médium Divaldo Pereira Franco
El despertar del Espíritu

1 comentario en «Relacionamientos sociales»

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