Dominar y hablar

Dominas el fuego, esclavizándolo a la discusión casera.

Tallas la piedra, arrancándole obras maestras.

Conquistas los metales, plasmando en ellos complicadas expresiones de servicio.

Amansas animales feroces, haciendo de ellos cooperadores en la economía doméstica.

Disciplinas el vapor y el combustible, anulando las distancias.

Diriges tractores pesados, transfigurando el aspecto de la tierra.

Sometes la electricidad, y glorificas la civilización.

Retiras el veneno de serpientes temibles, fabricando medicinas.

Dominas la energía nuclear y empiezas a alterar, con ella, la fisonomía del mundo.

Controlas la velocidad, e inicias vigorosa excursión para más allá del Planeta.

Sin embargo, ¡ay de nosotros!

Todos traemos ligero músculo salvaje, muy distante de la educación. Con él, forjamos guerras. Liberamos instintos inferiores. Destruimos hogares. Apestamos vidas ajenas. Envilecemos el camino de los otros. Corrompemos al prójimo. Revolvemos la basura moral de la Tierra. Difundimos el pesimismo. Creamos infinitos problemas. Injuriamos. Criticamos. Calumniamos. Deprimimos.

*

Ese órgano minúsculo es la lengua, pequeña cuchilla envainada en la boca.

¡Instrumento sublime, hecho para alabar e instruir, ayudar e incentivar el bien, cuántas veces nos valemos de ella para censurar y fustigar, perturbar y herir!…

¡Gobernémosla, pues, transformándola en timón de paz y amor en el barco de nuestras vidas!

Y, cimentados en las lecciones del Evangelio, roguemos a Dios nos inspire siempre a decir eso o aquello como el propio Jesús desearía haber dicho.

Dictado por el espíritu Emmanuel

Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro «Religión de los Espíritus»

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