Liberación del Ego

El restante de los instintos, de los impulsos del deseo y del placer, que proceden del Id exteriorizándose en la formadel Ego, permite el control y la comprobación consciente de la realidad, como herencia de los registros más profundos de la Psique.

Obviamente es resultado de las experiencias variadas de las reencarnaciones pasadas, cuando el ser despertaba en las formas primitivas, a través de las cuales serían desarrolladas los valores y las aptitudes que ahora constituyen sus elementos físicos y psíquicos del proceso evolutivo.

Frente al inmenso periodo de predominancia del instinto como guía del comportamiento hasta el momento en que surgen los pródromos de la razón y del discernimiento, se fijaron los caracteres más fuertes de las sensaciones, facultando campo para el poder – predominancia sobre los especímenes más débiles – y el placer, expreso en la voluptuosidad de los deseos inconscientes.  

Lentamente se fue desarrollando el Ego, que pasó a ser elemento básico para la supervivencia consciente del ser, enraizándose en la psique y exteriorizándose en la personalidad donde mantiene su campo de desarrollo. Como efecto, la astucia predomina más que la inteligencia, en razón de expresar los mecanismos del instinto animal de preservación de la vida, engendrando los medios de sobreponerse cada individuo sobre el otro, considerando prioritarios sus intereses de orden personal, tanto como sus necesidades reales o solo imaginarios.

Responde el Ego por incontables conflictos y problemas personales y sociales, por obrar impensadamente, en el sentido ético, teniendo en vista la auto valorización en detrimento de las demás criaturas del circulo en el cual se mueve.

Mientras actúe indiscriminada y dominadoramente, mantiene el individuo encarcelado en las pasiones que predominan en su naturaleza, demorándose en el estadio de la psique embrionaria, en vez de desarrollar las infinitas potencialidades que ella posee, en la condición de santuario de las energías divinas, que son el reflejo del Creador en germen en la criatura.

La inteligencia, que procede de la Progenitura Espiritual, es semejante al origen que carga los elementos orgánicos futuros que le cumple desarrollar, desde que haya condiciones propicias para la fecundación y manifestación de sus potencialidades, atendiendo, de esa forma, a una fatalidad preestablecida, que puede ser considerada como la plenitud de todas las funciones y facultades.

El proceso de la evolución, facultando el surgimiento de la inteligencia que dimana del Espíritu y deberá predominar en el comportamiento del ser, propone, inevitablemente, la superación de los condicionamientos más primarios, que constituyen victorias naturales, y permiten conquistas más expresivas en el área del psiquismo.

La disciplina mental es un recurso indispensable para la deseada ascensión del instinto para la razón, que indica el mejor camino de crecimiento interior, a fin de ser preservada la paz, de vencer los conflictos que restan de las luchas iniciales ante las fuerzas en desgobierno de la Naturaleza, de los animales predatorios y voraces, de los demás individuos de la convivencia inicial, en fin, de todos los factores que generaron miedo y clavaron en las profundas capas de la psique la necesidad de autodefensa, de la sobrevivencia.

El esfuerzo para alcanzar más amplios niveles del psiquismo, superando los anhelos – impulsos del poder y del placer como siendo de secundaria importancia, irá a cooperar para otras experiencias en el área del Self, rica de compensaciones emocionales, sin las inquietantes búsquedas, a las cuales las ambiciones del deseo propulsan en arrastres tormentosos. Paso a paso, en la autosuperación de los deseos sin frenos de la líbido, incluso que, disfrazada bajo otras máscaras, como en el caso, de la posesión – para más placer -, la renuncia aparente – como forma de placer -, acumulación de cosas – para disfrutar el placer -, la solidaridad externa – exacerbación del placer-, continuas experiencias sexuales – placer exorbitante- …

En cada etapa de renuncia natural, con sustitución del tipo de deseos, atendiendo al inconsciente impulso de inmortalidad en el cual todos se encuentran sumergidos, se va superando el Ego y abriendo espacios para más elevadas aspiraciones que enriquecen interior y exteriormente al ser humano, liberándolo de la carga del primitivismo en el que está.

El Ego, predominando en la naturaleza humana, utiliza muchos mecanismos para ocultar sus conflictos, expresándose como diversos tipos de fuga de la realidad, tales la protección, la compensación, el desplazamiento, la introyección, la racionalización, entre otros más… Se trata de una exacerbación del Superego, para mantener su identidad y permanecer soberano, impidiendo las manifestaciones superiores del Self.

La concientización lúcida de esa embestida emocional ayuda en la construcción de bases más sólidas para la voluntad que se alza conquista a conquista, ampliando el campo de posibilidades que proporcionan la verdadera alegría y la legítima felicidad.

Mientras haya predominancia egoica en el ser, las suyas serán aspiraciones inmediatistas, pertinentes a los instintos primarios que mantienen al individuo en una caverna de mecanismos conflictivos sin valor de salir de la sombra para ir fuera de la caverna donde se oculta y tiene una visión defectuosa de la realidad, que se le presenta como proyecciones oscuras…

Hay un incomparable sol de esperanzas en los niveles superiores de la psique, en los cuales se encuentran en toda la grandiosidad las legítimas expresiones del ser espiritual, aguardando su floración.

La psicología del amor, inaugurada por Jesús Cristo, es la pionera en el proceso autotransformador, por ser poseedora de los imprescindibles tesoros de sublimación de los impulsos primitivos, dejando los grilletes férreos de las experiencias ancestrales, necesarias para el crecimiento interior, pero perturbadoras si aún permanecen pasado el periodo de su vigencia.

El ser consciente de su realidad inmortal trabaja con alegría, limando las aristas del personalismo y del egoísmo, mediante su natural sustitución por el altruismo, por la generosidad y trabajo de engrandecimiento moral de si mismo y de su prójimo, lo que torna al Evangelio el más precioso tratado de psicoterapia y de psicosíntesis, en su propuesta vibrante de autodescubrimiento, de viaje interior, de busca de la Realidad, de la Unidad…

Iniciando el intento de superación del Ego, satisfacción inmensa invade al ser que se siente libre para más grandiosos desafíos, cuales sean la abnegación, la dedicación, a las causas del humanitarismo, de la ciencia, de la religión, del arte, de la tecnología, siempre teniendo en vista los demás seres, sin abandono de las propias aspiraciones y anhelos de armonía.

Emprendida esa tarea, que hoy o más tarde se presenta como intransferible, ningún trauma se manifiesta, conflicto ninguno se expresa, porque el sentimiento de amor inunda todo el campo de los sentimientos y de los pensamientos, proponiendo siempre más acción y desprendimiento de los impulsos atávicos del pasado esclavizador. Toda forma de ascensión exige esfuerzo, que se compensa por las alegrías de las conquistas adquiridas.

Al respecto de la superación del Ego, entendiéndose como necesaria a la manifestación del Self, la contribución de la voluntad, a veces difícil, se vuelve relevante, ya que la permanencia en el estadio del instinto apenas, igualmente produce aflicciones que no son compensadas ni transformadas en bienestar, como ocurre en la conquista consciente de Si profundo.

A la medida que el ser se desarrolla moralmente, más se espiritualiza, modificando, inclusive, la constitución molecular de la organización física, cuyas necesidades se alteran, dando lugar a las más sutiles emociones que pasan a gobernar el comportamiento, trabajando las células y su cronograma organizacional, que se pone a elaborar equipamientos de acuerdo con los nuevos impulsos, ahora más sutiles y menos tóxicos, que antes exigían estructuras más densas e incluso groseras, teniendo en vista la indumentaria para revestir ese nuevo ser, aquel que superó al Ego tenaz y dominador.

Espíritu Joanna de Angelis

Médium Divaldo Pereira Franco
El despertar del Espíritu

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