Unos por los otros

La foto de un niño de cuatro años junto a un Papá Noel, ambos arrodillados, rezando, conmovió a muchos, en la Navidad de 2015. El momento capturado por la lente motivó varias acciones en las redes sociales. Es lo que llaman viral, un virus del bien, podemos decir. El niño, el pequeño Preston Barnette, en una cita con el Papá Noel del centro comercial, en Estados Unidos, en lugar de pedir juguetes, como era de esperar, deseó que su regalo de Navidad fuera la salud de un bebecito enfermo, al que ni siquiera conocía en persona.

La fotografía capturó el momento en que ambos, arrodillados, rezaron por la recuperación del recién nacido, enfermo terminal, en una UCI neonatal. Preston se enteró del estado del bebé a través de su abuela, que mantiene un grupo de oración en una red social. No tuvo ninguna duda que eso era lo que le pediría a Papá Noel cuando lo encontrase: que el bebé quedase bien. La abuela comentó que él se conmovió tanto, cuando vio la foto del niño hospitalizado, que quiso hacer algo por él. Y lo hizo.

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Hay tantas cosas que podemos hacer por los otros… El germen de la bondad, del altruismo, vive dentro de cada uno de nosotros, sin excepción. Algunos tardamos más en encontrarlo, pero podemos decir que el florecimiento del bien en nuestro corazón es inevitable, es de la Ley, es del Universo.

Cuando alguien empieza a pensar también en el otro, empieza a ver al prójimo en su jornada, viéndolo como un igual, un hermano del camino, empieza a percibir maravillas en el mundo. La ley del amor y de la caridad no propone el abandono de sí mismo, es decir, una desvalorización de quienes somos, de nuestros deseos o sueños. No, eso es una comprensión equivocada. Lo que propone el amor es: considera también al otro; considera que el otro es importante, que tiene el derecho a ser feliz de la misma forma que tú. Esas perspectivas, por sí solas, pueden cambiar totalmente nuestras relaciones sociales y familiares.

El amor dice que debemos hacer más los unos por los otros, aunque ese hacer sea una oración sencilla por alguien que sufre a la distancia. La oración es fuerza, es acción positiva, no es solo una petición lanzada al aire, como un globo que soltamos al viento sin saber qué dirección tomará. Que podamos orar los unos por los otros en tiempos difíciles, de prueba, de infelicidad y también de alegría. Eso mismo, de alegría también. Quien vive buenos momentos en su existencia, fruto de conquistas, victorias, celebraciones, también necesita de nuestras oraciones. Es la oración pidiendo protección, enviando buenas vibraciones, que actúan como escudo ante cualquier tipo de adversidad. Finalmente, es la antítesis de la envidia que, en su naturaleza perturbada, no puede soportar ver la felicidad en el otro.

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Los unos por los otros.

¿Qué podemos hacer los unos por los otros? Mucho más de lo que imaginamos. Miremos a nuestro alrededor y percibamos lo útiles que podemos ser. Abracemos esa simple causa, de las pequeñas acciones y disfrutemos de una felicidad sin igual en lo más profundo de nuestros corazones.

Redacción del Momento Espírita.

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