Desencarnación

– ¿Podemos considerar a la desencarnación del alma, en plena infancia, como una punición de las Leyes Divinas, en la mayoría de los casos?

– Muchas existencias son frustradas en la cuna, no por simple punición externa de la Ley Divina, sino porque la misma Ley Divina funciona en todos nosotros, dado que todos existimos en el hálito del Creador. Frecuentemente, a través del suicidio, completamente voluntario, o de los mismos desarreglos, operamos en nuestra alma calamitosos desequilibrios, cual tempestades ocultas que desencadenamos, por obcecación, en el campo de nuestra naturaleza íntima. Cargas venenosas, instrumentos perforantes, proyectiles fulminantes, ahogamientos, ahorcamientos, caídas calculadas de una gran altura y diversidad de vicios con que las criaturas responsables arruinan su propio cuerpo o lo aniquilan, imponiéndole la muerte prematura, con la plena desaprobación de su conciencia, determinan procesos degenerativos y desarmonías en los centros esenciales del psicosoma, notadamente en aquellos que gobiernan la corteza encefálica, las glándulas de secreción interna, la organización emotiva y el sistema hematopoyético.

Ante el impacto de la desencarnación provocada, tales recursos del alma entran en un pavoroso colapso, bajo un traumatismo profundo, para el cual no existe un término apropiado en la diagnosis terrestre. Indescriptibles flagelaciones, que van de la inconsciencia discontinua a la locura completa, se enseñorean de esas mentes torturadas, por un tiempo variable, conforme a los atenuantes y agravantes de la culpa, induciendo a las autoridades superiores a reinternarlas en el plano carnal, en calidad de enfermos graves, en celdas físicas por breve tiempo, para lograr su rehabilitación, gradualmente, con la justa cooperación de Espíritus reencarnados cuyos débitos con ellos tienen relación.

Es así como un proyectil suicida en el corazón, seguido del remordimiento, causará comúnmente una diátesis hemorrágica, con pérdida considerable de la protrombina de la sangre en aquellos que renacen para su tratamiento de recuperación del cuerpo espiritual en distonía; el auto envenenamiento ocasionará, en las mismas condiciones, deplorables desarmonías en las regiones psicosomáticas correspondientes a la médula roja, conturbando el nacimiento de las hemacias, tanto en su evolución intravascular, dentro de los sinusoides, como también en su constitución extravascular, en el retículo, generando las distrofias congénitas del eritronio, con hemopatías diversas; los ahogamientos y los ahorcamientos, en identidad de circunstancias, imponen en aquellos que los provocan, fenómenos de incompatibilidad materno-fetal, en que los llamados factores Rh, de modo general, después de la primera gestación, permiten que la hemolisina alcance la frontera placentaria, sintonizándose con la posición mórbida de la Entidad reencarnante, a exteriorizarse en la eritroblastosis fetal, en sus variadas expresiones; y la voluntaria destrucción del cráneo, la caída provocada desde gran altura y el enviciamiento del sentimiento y del raciocinio establecen en el vehículo espiritual múltiples resonancias de arritmia cerebral, a revelarse en los dolientes reencarnantes a través de la eclampsia y de la tetania de los lactantes, de la hidrocefalia, de la encefalitis letárgica, de las encefalopatias crónicas, de la psicosis epiléptica, de la idiocia, del mongolismo y de varias morbosis oriundas de la insuficiencia glandular. Claro está que no relacionamos en esta sucinta apreciación los problemas del suicidio asociado al homicidio, los cuales, muchas veces, se proyectan en una reencarnación posterior del desdichado, con la muerte accidental o violenta en su infancia, manifestando un inevitable estacionamiento en el programa de rescate.

En lo referido a las molestias mencionadas, sin embargo, surgen todas ellas en los más diferentes períodos afectando a la existencia del vehículo físico, generalmente, desde la vida en el útero hasta los dieciocho o veinte años de la experiencia recomenzada, y, como vemos, ellas son dolencias secundarias, dado que la etiología de las mismas reside en la estructura compleja de la propia alma. Es preciso considerar, además, que todos los enfermos de esa especie son conducidos a otros enfermos espirituales: los hombres y las mujeres que corrompieran sus propios centros genésicos por la delincuencia emotiva o por los crímenes reiterados del aborto provocado en una existencia de su pasado inmediato, y de esa manera, sirviendo en la condición de auxiliares y vigilantes de compañeros que también se endeudaron con la Eterna Justicia, se recuperen, a su vez, regenerándose ellos mismos por su amorosa devoción y entrega a quienes luchan y lloran amparando a los hijitos condenados a muerte o atormentados desde la cuna. Conforme observamos, en consecuencia, las existencias interrumpidas en la alborada del cuerpo denso, muy raramente constituyen señales terminales de la prueba indispensable en la senda humana, puesto que, la mayoría de los sucesos en que se expresan, representan cursos rápidos de auxilio o tratamiento del cuerpo espiritual desequilibrado por nuestros propios excesos e inconsecuencias, impulsándonos a reconocer, con el Apóstol Pablo, que nuestro Instrumento de manifestación, sea donde fuere, es el templo de la Fuerza Divina por medio del cual, asociando cuerpo y alma, nos cabe la obligación de perfeccionarnos, elevando la vida en su exaltación incesante hacia Dios.

– ¿Existen casos de desencarnación estando el Espíritu desdoblado, por ejemplo, en las zonas umbralinas y el cuerpo en estado comatoso?

– Eso puede acontecer perfectamente, desde el punto de vista de la exteriorización del pensamiento, dado que el cielo y el infierno, expresando el equilibrio y la perturbación, la alegría y el dolor, comienzan, invariablemente, en nosotros mismos

– Los Espíritus encarnados que sufrieran un desequilibrio mental de alto grado, ¿vuelven inmediatamente a la lucidez espiritual después de la desencarnación?

– Eso nunca acontece, dado que una perturbación dilatada exige una convalecencia indispensable, cuya duración, naturalmente, varía conforme al grado de evolución del enfermo en la búsqueda de su equilibrio.

Uberaba, 18-06-1958.

Por el Espíritu Andre Luiz
Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro «Evolución en dos mundos»

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