Dinero y amor

En relación con el bien, no pronuncies la palabra «imposible».

Por cierto, padeces la dificultad de quienes heredaron la lucha como el precio de las más mínimas conquistas. Aun así ten presente que la virtud nada tiene que ver con un cofre. ¿Dónde habrás de encontrar oro puro que se transforme en pan dentro de la olla de los pobres? ¿En qué lugar descubrirás un cobertor liviano tejido con acciones monetarias para abrigar a un niño abandonado al frío de la noche? Entretanto, si el amor enciende una luz en tu pensamiento, extraerás de la basura las últimas sobras de la mesa y las convertirás en caldo reconfortante para el enfermo abandonado, así como harás del paño común un abrigo providencial a favor del transeúnte relegado a la intemperie.

Una garganta de perlas no puede emitir ni una breve frase de consuelo, como tampoco el cráneo esculpido piedras exóticas deja pasar el delgado hilo del pensamiento, sin embargo, si el amor palpita en tu alma estás condiciones de pronunciar la palabra renovadora que suprime el poder de las tinieblas, e inspira el trabajo que expresa apoyo y la esperanza de muchos.

Respeta la moneda que es capaz de abrir camino a las buenas obras, pero no esperes al dinero para prestar ayuda, Hoy mismo, en tu casa, alguien te demanda comprensión y cariño, pero más allá del reducto doméstico, legiones personas aguardan tus gestos fraternos y solidarios. Ten presente que el manantial de la caridad tiene sus nacientes en ti mismo y no dudes de la posibilidad de dar auxilio.

Para trasmitirnos esa verdad, Jesús, en soledad, sin las finanzas terrestres, aprovechó las márgenes de un lago para ofrecer simpatía a los que fueron en busca de su convivencia, confortó a los enfermos del camino, habló del Reino de Dios pescadores de vida sencilla y transformó el mundo entero. Él nos reveló que la caridad tiene el tamaño del corazón.

Espíritu Meimei

Médium Francisco Cândido Xavier, Waldo Vieira.
Extraído del libro «Espíritu de verdad»

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