Aprendiendo

Entre las diversas historias inmersas en el folclore de las regiones nórdicas, hay una bien interesante y de gran valor moral. Pasada oralmente de generación en generación, he aquí su tenor, relatado según nuestra propia sensibilidad:

Con su reloj de arena aun gastada por el medio, el viejo Tiempo se presentó ante el Hombre materialista y preguntó:

-¡Tus horas pasan rápidas! ¿Que presentas como obras tuyas? ¿Qué valores conseguiste después del nacimiento en la carne, hasta ahora?

El hombre, orgullosamente, infló su pecho y, de rostro impregnado de vanidad, respondió, firmemente:

-¡Muchas cosas! ¡En varios sectores! ¡Conquisté laureles de vitorias bélicas! ¡Alcancé la gloria literaria por tantos poemas épicos! ¡Desarrollé el saber y deploro a los ignorantes! ¡Adquirí oro, que brilla en mis trajes y adornos! ¡En verdad, soy un gran vencedor!

El tiempo sonrió, con la sabiduría de tantas eras ya pasadas y por venir… Y, con cara grave, seriamente comento:

-Tienes realmente mucha seguridad en lo que dices. Pero, es preciso reflexionar en el sentido mayor de cada palabra…. Veamos: Conquistaste victorias, ¿pero a costa de qué? Destrucción, de dominación, de esclavitud… Poemas escribiste. Pero les busco contenido, suficiente para esclarecer al necesitado…. Y nada veo: solo palabras hilvanadas, con sonidos musicales. Sin alma… Obtuviste poder. Con todo, te convertiste en un prepotente, inflexible, exigente… Crees ser superior a los otros hombres… En cuanto a tu vasta cultura, ¿Qué uso haces de ella? ¿Ayudaste a la humanidad? ¿Creaste algo que realmente valga la pena? Finalmente, adquiriste oro, despertando avaricia y envidia, guardándolo para ti, sin hacerlo florecer… ¿Son esas tus conquistas? ¿Son esos tus valores?

El hombre, avergonzado, descubriendo a su visión paisajes hasta entonces insospechada, se sintió desorientado, y exclamo:

-¿Entonces, nada de eso vale, nada de eso es real?

El Tiempo, mansamente, le respondió:

-¡Organiza mejor tu jerarquía de valores! Conquista aquellos que sean como los tesoros que Jesús nos aconsejó, aquellos que las polillas y el oxido no corroen, y los ladrones no pueden robar…. Analiza tus talentos y úsalos mejor…

El hombre, tímidamente, quiso saber:

-¿Cómo?

Y el sabio Tiempo explico:

-Es simple: ¡Escucha tu corazón! ¡Es que te olvidaste de él!

En las vueltas del camino de la vida, mucho después, el Tiempo se enfrentó más de una vez, con aquel mismo Hombre, debilitado por la edad y por los embates cotidianos. Entretanto, se presentaba, diferente: estaba “¡vestido de luz!” El Tiempo, sonriente, se acercó y, nuevamente, e pregunto:

-¿Qué valores conquistaste, después de vivir tanto?

Entonces, el Hombre, tranquilo, alegre, le respondió, diciendo simplemente:

-¡Conquiste tantas cosas: aprendí a Amar!

Como vemos, esta historia está unida directamente a las enseñanzas de Jesús. Desde su inicio, se refiere claramente a los “tesoros” que debemos acumular para nosotros y en nosotros, como nos dice el querido Maestro: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No juntéis tesoros en la Tierra, donde las polillas y el oxido destruyen, y los ladrones asaltan y roban. Al contrario, juntad para vosotros tesoros en el cielo, donde ni las polillas ni el oxido destruyen, ni los ladrones asaltan y roban. Porque, donde esté tu tesoro, ahí estará también tu corazón”. (Mateo, 6:19 al 21) (1)

De nada adelanta la adquisición de victorias bélicas, glorias literarias, poder, saber y oro, que son conquistas ilusorias, sin valor real: “(…) “si no tuviese amor, nada seria” (I Corintios, 13: 1 al 3). (1). Jesús, demoliendo la filosofía reinante en la época, del dominio por la fuerza, por las posesiones amonedadas y por los títulos materiales de falsa importancia, estableció definitivamente la Ley de Amor al Padre, encima de todo, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos” (Mateo, 22: 34 al 40) (1) Jesús vino a enseñar concretamente a nosotros, sus hermanos aun incipientes, pues la experimento en todos los momentos que estuvo sumergido en el cuerpo físico. Nos mostró que es imprescindible liberarnos de las celebres llagas infamantes de la humanidad, egoísmo y orgullo, y todos los otros defectos morales resultado de ellos, y pasar a ver a los otros de nuestro alrededor con un mirar diferente, de que son hermanos nuestros, viajantes de la vida como nosotros.

En múltiples pasajes de los Evangelios, vemos resaltada la importancia de ese amor, amor que crece invencible a medida que nos concientizamos de la esencia divina que vibra en nuestro íntimo. Recordemos las palabras de Jesús: “En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros». (Juan, 13:35); Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.» Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen. (Mateo, 5:43 y 44) (1) El apóstol Pedro nos alerta con relación a los efectos del verdadero amor, cuando nos recomienda: Encima de todo, tened amor intenso unos para con los otros, porque el amor cubre la multitud de pecados. (1 Pedro, 48:8) (1) Esto es, nuestros errores tienen su expiación más amena cuando nos arrepentimos sinceramente y tratamos de repararlos mediante una actuación fraterno-cariñosa en el contacto con nuestros semejantes.

En el libro Misionarios de la luz, tenemos excelente ejemplo de ese punto, cuando Andre Luiz, visitando el departamento de Planeamiento de Reencarnación de Nosso Lar, es asesorado por Manassés (un hermano de los servicios informativos de casa) le da a examinar el caso de un amigo, el cual, en la encarnación anterior, asesino a otro hombre a puñaladas; (2) después de su desencarnación en dolorosas condiciones, se arrepintió del crimen, sufrió bastante “en regiones purgatoriales”, y, “después de largos padecimientos purificadores, se próximo a su víctima, beneficiándola en loables servicio de rescate y penitencia”. Así, progresó moralmente, adquirió la amistad de benefactores y de otros muchos Espíritus desencarnados, que intercedieron por él. Consiguió una nueva encarnación, donde, en vez de tener que desencarnar por algún método brutal, expió la deuda trayendo en su cuerpo físico una ulcera que más tarde se manifestó, más o menos gravemente, conforme se comportara en la tierra: “El amor con todo transformo el carácter del trabajo en pago”.

No es raro, también no valorizar debidamente el tiempo de nuestra encarnación, dejando desvanecerse fútilmente entre ocupaciones materiales y distracciones vacías, livianamente desatentos tratándose de valioso talento para nosotros concedido por el supremo Creador. Circulamos por la existencia terrena sin la preocupación de sembrar flores y frutos a lo largo de las sendas que caminamos, olvidando frecuentemente que estamos cercados de tantos “prójimos”, referidos por Jesús, y que aquí nos encontramos con el objetivo definido de progresar en dirección al Padre, expiando errores pasados y de esta misma encarnación, pasando por pruebas que nosotros escogimos (mirando caminar más rápidamente) y ejecutamos las pequeñas (pero importantes) misiones que nos caben.

Es necesario que usemos nuestro tiempo adquiriendo los “tesoros” citados por el inolvidable Maestro, para eso vigilando nuestros pensamientos, sentimientos y actos, pues, después de cada inmersión en cuerpo físico, deberemos “dar cuentas de nuestra administración” (Lucas, 16:2) (1) Y que, como en la historia relatada en el inicio, cuando el Tiempo se aproxime a nosotros “en las vueltas del camino de la vida” y nos pregunte: “¿Que valores conseguiste, después de venir tanto?”, podamos tranquilos y alegres responderle simplemente: “¡Conquista tantas cosas: aprendí a Amar!”

Ivone Molinaro Ghiggino

Referente:

(1) Bíblica Sagrada (CD-Rom)
(2) Francisco Cândido Xavier. Misionarios de la luz” por el Espíritu Andre Luiz.

Revista «Reformador» Julio 2013
Traducido por Jacob

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