Humor

¿Cómo es tu humor, amigo lector? ¿Ya te hiciste esta pregunta alguna vez? ¿Ya te ocupaste de analizar tu habitual estado de espíritu?

Si eres una persona normalmente bien humorada da gracias a Dios y continúa cultivando esa actitud tan benéfica, tanto como puedas. Es la mejor receta para una buena salud y también para la prosperidad material, esto, cuando no hay mayores dificultades de naturaleza kármica.

Pero si eres mal humorado, si vives protestando de todo, de quejarte y lamentarte; si vives torciendo la nariz para todo y buscando razones para alimentar críticas y censuras, ¡cuidado! Estás en el camino de la aflicción y, lo que es peor, afliges también a las personas con las que convives.

El mal humor es el primer paso en el círculo vicioso de la aflicción, del problema, de la enfermedad, de la soledad y del desespero. A nadie le gusta la presencia del mal humorado. Él es siempre un “rompe-alegrías”.

Una persona así tiene mayores dificultades para mantener el empleo, o para tener éxito en profesiones o actividades en que tenga que lidiar con personas. El mal humorado, carga en torno de si una psicósfera pesada, un campo magnético negativo, desagradable, repulsivo y que también atrae espíritus que vibran en la misma franja. Imagina, entonces, una persona mal humorada cercada por seres espirituales del mismo tipo… ¡Qué tremenda fábrica de vibraciones pesadas, maléficas!

Cuando estás en un ambiente agradable y entra alguien mal humorado, el efecto es el mismo que una nube oscura cubriendo el azul del cielo; es lo mismo que echar un cubo de agua fría en agua hirviendo. El mal humorado, más allá de agredir a los otros con su aspecto y un campo magnético cargado, agrede en primer lugar a sí mismo, por generar energías pesadas que irán a adherirse a su cuerpo espiritual, produciendo innúmeros males. Si tú, querido lector acostumbras a cultivar el mal humor, piensa en lo que decimos; analiza tus reacciones, tus ambientes, tu vida. Piensa en aquellos que te rodean y mira si vale la pena continuar cultivando tan deprimentes actitudes.

Pues bien, si crees que tienes que cambiar de humor, que deseas modificar tu postura, ahí va una receta: Todos los días, por la mañana, al despertar, haz algunas respiraciones profundas para armonizar los ritmos interiores. En seguida, comienza a pensar y a meditar en la alegría, en la felicidad y en alguna cosa buena que te haga sentir bien. Piensa en tu cuerpo, en ese milagro de la naturaleza, maquina fabulosa comandada por el cerebro, cuyas funciones armoniosas te proporcionan movimiento, hablar, escuchar, ver, sentir, amar, en fin, vivir.

Piensa en esa máquina divina y agradece al Creador por tenerla. Vuelve tus pensamientos para los árboles, las flores, la alegría que hay en la Naturaleza. Recuerda cuando llueve, como la vegetación da la impresión de estar toda entusiasmada, sonriendo y cantando la alegría de vivir. Piensa en la alegría presente en el aire, en la suavidad de la brisa, de las nubes blanquecinas, en el Sol que ilumina y da vida a nuestro planeta. Imagina como sería si no existiesen plantas, animales, luna y el Sol… Pero recuerda de que ellos existen y que fueron creados por el Señor de la Vida, para felicidad de todos nosotros.

No importa por donde camine tu pensamiento, desde que pienses y medites en la alegría, procurando sentir felicidad y gratitud. Verás como en poco tiempo vas a sentirte más leve y comenzarás a ver la Vida con buenos ojos. Es posible que entiendas no tener razones para sentir alegría. No dejes, sin embargo, tomar cuenta esas ideas; ellas son el resultado de tu sistema energético saturado de energías incompatibles. Córtalas de raíz y piensa con toda firmeza: “quiero estar alegre, tranquilo, contento y bien humorado a partir de ahora”. Pero no te quedes solo en eso. Continúa con esas disposiciones, esos pensamientos y sentimientos de alegría y buen humor durante todo el día. Aprende a dar órdenes a ti mismo.

Gobernar tu propia mente y emociones equivale el primer paso en el aprendizaje de la ciencia del buen vivir. No es, pues, una tarea fácil; es bastante difícil, porque no es un simple chasquido de dedos que conseguimos cambiar una característica de nuestro temperamento, adquirida y enraizada en nuestra alma en el transcurso de los años o de las encarnaciones. Pero recuerda que el mal humor es pésimo para sí mismo y para aquellos con los cuales convives; que es camino para la aflicción, problemas variados e incluso enfermedades…

Es cierto que vas a conseguir cambiar ese cuadro.

Pide ayuda a Dios y a los amigos espirituales. Ellos siempre ayudan cuando damos los primeros pasos en cualquier rumbo de la evolución.

Disfrutar los buenos momentos, hablar de ellos, cuéntalos a otras personas, recordarlos equivale a generar “memoria” positiva, antidepresiva. En cuanto a los sufrimientos, problemas o dificultades no te aferres a ellos, no los aferres a ti.Intenta resolverlos de la mejor manera, pero no permitas que ellos se peguen a ti. Intenta sonreír siempre y pasar para los otros una vibración optimista para que ellos se contagien y te lo devuelvan, ayudando a mantener un estado de espíritu positivo.

Extraído del libro «Nosotros y el Mundo Espiritual»
Autora: Saara Nousiainen

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