Jesús y libre albedrío

En materia de respeto al libre albedrío, fijémonos en la conducta de Cristo, junto a aquellos que comparten su marcha.

Compañero de Juan Bautista, no le tuerce la vocación. En circunstancia alguna encarcela espiritualmente a los discípulos en actitudes determinadas. Ayuda sin pedir adhesiones. Enseña sin formular exigencias.

Escarnecido en Nazaret, donde había fijado su morada, no busca evidenciarse. Renueva a María de Magdala, sin obligarla. No amenaza a Nicodemo, porque el doctor de la ley no comprenda enseguida su palabra.

No exhibe poderes adivinatorios para impresionar al Sanedrín. Permite que Pedro lo reniegue a voluntad. Deja que Judas deserte como desea. Confiere a Pilatos y Antipas pleno derecho de decisión. No impide que los amigos duerman en el huerto, mientras ora en momento grave. El cireneo que se adelanta a fin de auxiliarlo en el transporte de la cruz, es traído por el pueblo, pero no rogado por él mismo. Y todavía después de la muerte, volviendo a la convivencia de los hermanos de ideal, no tiene ningún desafío de interventor.

Entiende las dudas de Tomás. Y cuando visita a Pablo de Tarso, a las puertas de Damasco, aparece en la condición de un amigo, sin ningún objetivo de violencia. Donde surge, el Maestro define la luz y el amor en sí mismo indicando en su propio ejemplo el itinerario cierto, pero sin coaccionar a persona alguna en esa o en aquella resolución.

Cuando quieras saber si los Espíritus comunicantes son buenos y sabios, rememora el modelo de Jesús y percibirás que son realmente sabios y buenos si te ayudan a realizar todo el bien con olvido de todo el mal, sin que te alejen de la responsabilidad de que elijas tu camino y de que sigas adelante con tus propios pies.

Dictado por el espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cândido Xavier

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