Crecimiento interior

¿Por qué se habla tanto en los medios espiritas sobre la reforma interior? Porque es necesaria para mejorar el mundo; transformarlo en un lugar habitable. También es importante para nuestro bienestar interno. Si las condiciones externas son importantes para nuestro bienestar, las internas lo son mucho más. Esto porque las externas se modifican, son transitorias.

En un momento podemos estar muy bien, con salud, familia, profesión y recursos materiales, todo en armonía con nuestros deseos. Pero no hay ninguna garantía de que esto no pueda cambiar de un instante para otro.

En un segundo, millones de personas ven sus vidas y felicidades destrozadas, cayendo de arriba del bienestar al abismo de los sufrimientos. Ya las condiciones internas más maduras, mejor desarrolladas, son nuestra ancla segura en los momentos difíciles y garantía de bienestar en las horas leves; son generadoras de salud y equilibrio físico; son también balizas que señalan y definen nuestra programación de vida para los futuros años y próximas encarnaciones.

Los espíritus superiores, en la codificación del Espiritismo, explicaron que los seres humanos son constituidos de un principio espiritual, o Espíritu; de un cuerpo espiritual, o periespíritu, y del cuerpo carnal. Somos, por lo tanto, un ser más complejo de lo que comúnmente se supone.

Una de las leyes divinas es la de la evolución. Todo evoluciona. Todos salimos un día de las luminosas manos del Creador, para adquirir valores propios y un día volver a Él. La parábola del hijo pródigo refleja ese viaje de ida y vuelta. Las luchas de lo cotidiano, los sufrimientos, dificultades y aflicciones son las fuerzas de la vida que nos hacen evolucionar. Sin dolor no hay crecimiento espiritual en esta fase evolutiva en que nos encontramos.

La ley de causa y efecto o acción y reacción es uno de los mecanismos de nuestro crecimiento, para hacernos sentir en la propia piel el mal que hacemos a los otros; para cobrar en la misma moneda nuestras acciones contra la vida, al prójimo y contra nosotros mismos. Pero ese mecanismo también nos devuelve en bendiciones todo el bien que hacemos.

En esos recorridos regidos por la ley de acción y reacción, vamos descubriendo que la actitud más conveniente y la más sabia es la de trabajar más intensamente para el propio crecimiento interior o evolución. Es la única manera más rápida de librarnos del sufrimiento. A lo largo de los milenios, evolucionando a través de los reinos inferiores hasta llegar al humano, estuvimos construyendo nuestro cuerpo espiritual, adquiriendo y desarrollando los valores orgánicos que hoy poseemos. Ahora, en el reino humano, más allá del desarrollo de las facultades intelectuales y psíquicas, nuestra meta es conseguir los valores del alma, la capacidad de convivir bien unos con los otros en este infinito laboratorio cósmico, como trabajadores conscientes en la obra del Padre. Pero ese crecimiento no siempre nos agrada porque requiere esfuerzo. Si en los reinos inferiores evolucionamos de forma inconsciente, a través de las luchas, dolores y dificultades naturales de aquella fase, hoy, en el uso de la razón, podemos buscar medios para una más rápida evolución. Solo así podremos sobrepasar más deprisa esta etapa que es de angustias, aflicciones y dolores necesarios a nuestro aprendizaje, a nuestra armonización con la vida, el universo y las Leyes Mayores. Ese también es el camino por el cual iremos despertando los altos valores que existen latentes en nuestros espíritus.

El Espiritismo llegó en la fase final del actual ciclo evolutivo de la Tierra con la finalidad de ayudar al ser humano en esta transición, exhortando al buen procedimiento, a las actitudes nobles, justas y fraternas, en fin, la vivencia de la ética cósmica. Si tú, amigo lector, deseas dar los primeros pasos en este camino, si es que no los has dado ya, puedes empezar por los siguientes:

1 – Crear el hábito de vigilar los propios pensamientos, sentimientos y emociones; observarlos y analizarlos para ver si te sirven o no;

2 – Aprender a deshacer las ideas; pensamientos y sentimientos inútiles, sustituyéndolos por otros de mejor calidad;

3 – Despertar la luz que hay en tu interior a través de lecturas y conversaciones de carácter noble y elevado.

Esto también se puede hacer con el uso de engramas (órdenes o inducciones mentales) que pueden ser pensados o hablados en cualquier momento, tales como:

a) quiero que mi mente desarrolle ideas y pensamientos positivos de paz, alegría, optimismo, fraternidad y fe;

b) quiero que mis sentimientos y emociones vibren en paz, armonía, alegría y amor;

c) quiero ser una presencia benéfica donde este;

d) paz y armonía en todo mi ser.

Otra orden fundamentalmente importante es la vibración de amor dirigida a las personas que encuentras o en las cuales piensas, acompañada de pensamientos, tipo:

– Que estés en paz, tengas alegría, salud y bienestar. Que tengas luz en tu mente…amor en tu corazón…

En situaciones de discordia, o en una presencia o proximidades de algún desafecto decir mentalmente:

– Que estés en paz, fulano… paz y armonía en tu mente…en tu corazón. Paz y amor en mi mente…en mi corazón.

Claro que esos engramas u órdenes, para que tengan efecto, necesitan ser mentalizadas, envolviendo todo el ser en la esencia de las ideas que representan, sintiéndola en el alma y en el cuerpo. Otro elemento importantísimo, fundamental, es la oración, el continuo unirse espiritualmente a las franjas más nobles de la vida; no tanto el pedir, sino principalmente el unirse, elevarse, alargar las propias fronteras espirituales, extrapolar las dimensiones interiores y sintonizar con los ambientes vibratorios más elevados, con las franjas de pensamiento superior.

La oración puede ser formulada con palabras, pero puede también hacerse, bastando abrir el mundo interior para lo Alto, así como la flor que se abre para la luz solar, beneficiándose con sus rayos e irradiando al mismo tiempo sentimientos de amor y gratitud al Señor de la Vida.

La oración genera fuerzas incalculables dentro de nosotros y, cuando vibra en las franjas de amor, produce el más elevado tenor vibratorio que somos capaces de alcanzar. Y es oportuno recordar que esa elevación del tenor vibratorio posibilita la “quema” de energías negativas de nuestro sistema energético.

Pensamientos, sentimientos y emociones de amor, fe y alegría vibran positivamente en toda la estructura psíquica y espiritual, alcanzando el organismo.

(El libro Crecimiento Interior, de nuestra autoría, da más detalles sobre ese asunto)

Extraído del libro «Nosotros y el Mundo Espiritual»
Autora: Saara Nousiainen

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