Influencia espiritual

Una señora que preguntó:

-Mi marido es un hombre bueno, caritativo, pero cuando está nervioso insulta, riñe, ofende, parece otra persona. Tengo la impresión de que el acaba transmitiendo la manifestación de un Espíritu perturbador.

¿Es posible? ¡Sin duda! Es probable, pero, se trata de una manifestación… anímica, algo de su propio Espíritu, revelando su manera de ser.

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Culpar a los desencarnados por un comportamiento agresivo y mal educado del marido, puede ser un ejercicio de generosidad de la esposa comprensiva, pero no es compatible con la realidad. Hay un principio fundamental que no podemos olvidar en este asunto: No tenemos un comportamiento inadecuado por influencia espiritual. Somos influenciados en virtud de un comportamiento inadecuado, llevándose en consideración el principio de la sintonía.

Espiritualmente hablando, el viejo dicho, “dime con quién andas y te diré quién eres” puede ser traducido así: “dime como eres y te diré con quién andas”. Aun en casos de posesión, es difícil, que el Espíritu literalmente domine a su víctima, solo consigue comprometerla en actos violentos si la agresividad fuese característica importante de su personalidad. En este planeta de pruebas y expiaciones que es la Tierra, estamos más cerca de la animalidad que de la angelitud.

En la vida en sociedad hay un barniz de civismo, adquirido con la educación, pero fácilmente se rompe, cuando no ejercitamos control sobre nuestras emociones, dejando que hable el hombre de las cavernas, que aún tiene buen espacio dentro de nosotros. Cuando se manifiesta, trae su repertorio infeliz de gritos, palabrotas, agresividad… Los resultados son siempre lamentables: ambiente conturbado, hogares deshechos, amistades comprometidas, relaciones complicadas. Y puede acontecer lo peor, como vemos frecuentemente en la tv, dándonos noticia de disputas, agresiones, asesinatos, principalmente envueltos en accidentes de tráfico, cuando las personas descontroladas hacen emerger el bruto que vive dentro de ellos, un ser irracional, dócil a las sugestiones siniestras de Espíritus interesados en promover la confusión en el Mundo. Por eso, mucha gente se amarga en largos años de prisión por el resultado de un momento de descontrol. Hasta que derrotemos en definitiva ese ser primitivo que vive en nosotros, librándonos de las influencias de las sombras y hasta mismo habilitándonos regiones más altas de espiritualidad, es fundamental contenerlo en nuestro mundo interior.

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Cierto momento Jesús apartó un Espíritu impuro que atormentaba un niño. Los discípulos preguntaron por qué ellos, que habían intentado lo mismo, no lo consiguieron. Jesús les respondió (Mateo 17:21): Esta casta de Espíritus impuros no se expulsa sino por la oración y el ayuno. Está ahí la orientación perfecta para que apartemos Espíritus perturbadores o evitemos su aproximación. La oración, volver nuestro pensamiento a Dios, usando la poderosa antena del corazón, fortalece nuestra alma, eleva nuestro patrón vibratorio, cortando el contacto con las sombras. El ayuno, que debemos entender en el sentido espiritual: evitar malas palabras, pensamientos viciosos, comportamiento indisciplinado… Con semejante empeño contendremos el bruto y despertaremos el ángel que duerme en nosotros, hijos de Dios que somos, habilitándonos a evitar la influencia de las sombras y hasta apartar los brutos del más allá, que asedian a sus víctimas.

Richard Simonetti.

Extraído de la revista “Reformador”
Traducido por Jacob

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