Límite del trabajo. Descanso

682 Siendo natural el descanso después del trabajo, ¿no es una ley natural?

«Sin duda el descanso sirve para reparar las fuerzas del cuerpo, y es necesario también para dejar un poco de libertad a la inteligencia con el fin de que se levante por encima de la materia.»

683 ¿Cuál es el límite del trabajo?

«El límite de las fuerzas. Por lo demás, Dios deja al hombre en libertad.»

684 ¿Qué debemos pensar de los que abusan de su autoridad para imponer a sus inferiores un trabajo excesivo?

«Es una de las acciones peores. Todo hombre que tiene mando es responsable del exceso de trabajo que impone a sus inferiores, porque viola la ley de Dios.» (273)

685 ¿Tiene el hombre derecho al descanso en la vejez?

«Sí, pues solo está obligado según sus fuerzas.»

– Pero ¿qué recurso tiene el anciano que ha de trabajar para vivir y no puede hacerlo?

«El fuerte ha de trabajar por el débil, y a falta de familia, la sociedad ha de hacer sus veces. Esta es la ley de caridad.»

No basta decir al hombre que ha de trabajar, sino que también es preciso que el que cifra la existencia en su trabajo encuentre ocupación, lo cual no sucede siempre. Cuando la suspensión del trabajo se generaliza, toma las proporciones de una calamidad como la miseria. La ciencia económica busca el remedio en el equilibrio de la producción y el consumo, pero este equilibrio, aun suponiendo que sea posible, tendrá siempre intermitencias, durante cuyos intervalos no deja de tener necesidades de vivir el obrero. Hay un elemento con el cual no se ha contado bastante y sin él, la ciencia económica no pasa de ser una teoría. Este elemento es la educación, no la intelectual, sino la moral, y tampoco la educación moral que enseñan los libros, sino la que consiste en el arte de formar el carácter, la educación que da costumbres; porque la educación es el conjunto de costumbres adquiridas. Cuando se piensa en la masa de individuos lanzados diariamente al torrente de la población, sin freno y sin principios y entregados a sus propios instintos, ¿hay que admirarse de sus desastrosas consecuencias? Cuando se conozca, comprenda y practique aquel arte, el hombre llevará a la sociedad costumbres de orden y de previsión para sí y los suyos, de respeto hacia, lo respetable, costumbres que le permitirán pasar menos penosamente los malos días inevitables. El desorden y la imprevisión son dos cánceres que solo una educación bien entendida puede curar; este es el punto de partida, el elemento, real del bienestar, la prenda de seguridad para todos.

Allan Kardec

Traducido por José María Fernández Colavida
Extraído del “Libro de los Espíritus”

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