Médiums exhibicionistas y problemáticos

Siendo una disposición orgánica, la facultad mediúmnica debe ser canalizada para fines nobles, evitando transformarla en motivo de espectáculo ya que podrá generar conmociones pasajeras. Proporcionando el intercambio espiritual a través del periespíritu del sensitivo, el silencio y el recogimiento son las condiciones propicias para recoger resultados positivos. Independiente de la voluntad de su poseedor, funciona cuando es accionada por los espíritus que la manipulan, por lo tanto, es merecedora de asistencia moral, para atraer agentes dignificantes interesados en el progreso general y en el intercambio saludable con los hombres. A la facultad mediúmnica se le debe dar mucho cuidado, porque los espíritus pululan en la erraticidad, y con el fin de que no se convierta en un instrumento útil para los desencarnados inferiores, se debe luchar con esmero para no convertirse en presa de los frívolos, que fácilmente se juntan con los obsesores, generando serias perturbaciones y enfermedades complejas. El trato con los espíritus impone prudencia, moral elevada, equilibrio emocional en todo aquel que se interese por cosechar resultados satisfactorios. La fe sincera, sin escándalos ni afectación, nuestra entrega a Dios y a nuestro guía espiritual con confianza plena, contribuye para una educación mediúmnica ejemplar. Se debe tener cuidado con respecto a los comunicantes, pues pueden haber sido famosos en la Tierra, pero estar carentes de elevación moral, por lo que el médium se debe prevenir de los engaños peligrosos de la obsesión que fácilmente puede ocurrir.

El exhibicionismo constituye uno de los más peligrosos enemigos del médium, pues pasa a ser dirigido por los espíritus vanidosos y prepotentes que no se han desconectado de las presunciones terrenales y de una forma vehemente, se le imanta al psiquismo, moviéndolo según su voluntad, ridiculizándolo con rarezas y situaciones exóticas que son de su agrado, las cuales son totalmente antinaturales, pero que fascinan y complacen al médium, volviéndose de esta forma, bajo cualquier pretexto, en una presencia obligada en las reuniones sociales y en los acontecimientos frívolos, dando oportunidad a sus conflictos y para exhibir valores que no posee. Estos médiums se rodean de personas que son igualmente frívolas, que los lisonjean y adulan, haciendo que la vanidad los domine, a veces bajo el disfraz de la humildad y de la caridad, lo que está lejos de la realidad. Siendo víctimas de las mentes ociosas y cultivadoras de la vanidad en el más allá, se vuelven intrigantes, se presentan como víctimas de aquellos que no les dan crédito y se alejan de las personan que no van con sus pretensiones. Para ellos sería una bendición la suspensión o la perdida de la mediúmnidad, ahorrándoles los sinsabores futuros y de los enredos infelices de los cuales no se liberarán fácilmente. Cuando eso sucede, insisten en continuar en el campeonato de la insensatez, cayendo en fenómenos autómatas o en mistificaciones vulgares, de las cuales todos se dan cuenta menos el que está fascinado. Otras veces, cuando la disposición mediúmnica permanece, siguen presos de los espíritus afines, sufriendo los dolores que ellos mismos se han creado.

El fenómeno mediúmnico sufre de interrupción de una forma periódica, y ningún médium puede afirmar con antecedencia cual tipo de manifestaciones va a producir, de cualquier naturaleza, por la simple razón de que él no es su agente. Si sucede este previo aviso, se debe dudar de la calidad moral de los comunicantes y del médium, pues hay que tener en cuenta el número de presumidos, desocupados y de mistificadores del más allá, que están interesados en trabajos de esa naturaleza. La interrupción momentánea de la mediúmnidad, tiene como objetivo el conseguir resultados positivos para quien es portador. En primer lugar, para demostrarle que su intervención en el fenómeno es pasiva; en segundo lugar, para ponerle a prueba la paciencia y la perseverancia, enseñándole como ser dúctil y sumiso a la Voluntad Soberana de Dios, que determina lo que siempre es mejor para las criaturas; y en tercer lugar, para darle oportunidad a que medite sobre las lecciones de las que fue objeto.

La mediúmnidad no es el único medio para alcanzar la realización espiritual, aquellos que no son médiums ostensivos, también consiguen alcanzar las elevadas cimas de la perfección que buscan con mucho esfuerzo, gracias al bien que hacen, a los estudios instructivos, al perfeccionamiento del carácter y al enriquecimiento moral. La facultad mediúmnica es concedida a determinados individuos, porque necesitan de ella para su desarrollo moral y para la recuperación de compromisos, los cuales le pesan desfavorablemente en la economía de la reencarnaciones anteriores. Cuando no usan correctamente los recursos de reforma íntima, se complican más, arrastrando consecuencias dañinas para ellos mismos. Así mismo, la mediúmnidad no constituye señal de elevación moral o espiritual, razón por la cual hombres nobles no la muestran de una forma expresiva, mientras que otros, que son inferiores y de mal vivir, se distinguen por tener amplias posibilidades a las cuales no les dedican el debido celo y cuidado que merece, siendo ésta una característica natural de su estado de evolución que aún es inferior.

El buen uso de la mediúmnidad, la convivencia psíquica con espíritus elevados, las acciones de caridad, el estudio de las enseñanzas que sirven de instrumento, las aspiraciones nobles que cultiva, vuelven al individuo mejor y lo capacitan para entrar en la clase de los misionarios, gracias a una conducta pertinente y a la abnegación que muestra en la práctica del bien. Las tendencias morales del médium contribuyen fuertemente para la calidad y para el tipo de comunicaciones de las cuales él se hace intermediario. En el caso de los médiums exhibicionistas, debemos tomar en cuenta que los espíritus fanfarrones que utilizan a los médiums, ya sea en ésta o en futuras existencias, encuentran en ellos una perfecta sintonía de propósitos cuando hay presunción y vanidad, las que ahora están reprimidas, pues las expanden a través de la pasividad mediúmnica. Con el tiempo, comienzan a creer que son merecedores de los fenómenos que les suceden y que los espíritus se les someten, pues creen tener valores de los cuales están lejos de poseer.

El orgullo los vuelve ciegos y las bajas pasiones latentes se muestran, haciéndolos caer en formas groseras o sutiles de simonía, las cuales comienzan a ejercer, estimulados por los subordinados irresponsables que los rodean. El médium exhibicionista se encuentra en constante peligro bajo las presiones que trata de ignorar y que terminan por someterlo. Reacciona tarde para la responsabilidad cuando aún está en el cuerpo, si es que eso ocurre; ya que lo común es que prosiga en esa carrera infeliz hasta el momento de desencarnar. “Así, pues, médiums” – escribió el espíritu Pascal – “aprovechen esa facultad que Dios tuvo por bien concederles. Tengan fe en la dulzura del Maestro; pongan siempre en práctica la caridad; no se cansen jamás de ejercitar esa virtud sublime, así como la tolerancia. Que sus acciones estén siempre en armonía con su conciencia y tendrán en eso un medio seguro de centuplicar su felicidad en esa vida pasajera y de preparar para Uds. mismos una existencia mil veces mejor. Que entre nosotros, si el médium no siente la suficiente fuerza como para perseverar en la enseñanza espírita, que se abstenga; porque porno aprovechar la luz que ilumina, será más culpable que cualquier otro y tendrá que expiar su ceguera.” *

* El Libro de lo Médiums, de Allan Kardec, capítulo XXXI, ítem XIII, edición 31, FEB (Nota del autor espiritual)

Vianna de Carvalho

Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro «Médiums Y Mediúmnidades»

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