Vejez privilegiada

Su muerte fue anunciada en 2009, unos días antes de cumplir sus noventa y nueve años. En 2005, fue descubierta por un equipo de reporteros, realizando su trabajo voluntario con ancianos.

Nacida en Bassano del Grappa, norte de Italia, llegó a Brasil huyendo de la guerra. Ella ganó las pantallas de las estaciones de televisión y fue entrevistada en dos programas nacionales en 2008. En uno de ellos dijo que el año anterior, a los noventa y siete años, había renovado su licencia de conducir. Y a pesar de las recomendaciones de los miembros de la familia para dejar de conducir, continuó asistiendo al servicio voluntario en dos lugares diferentes, conduciendo su Caravajo naranja, año 74.

Recibió del gobierno de Rio Grande do Sul – Brasil, el trofeo Ana Terra, por los servicios relevantes prestados a la comunidad. Viviendo en Bento Gonçalves, en el estado de Rio Grande do Sul, demostraba agilidad física y mental. Su nombre es Ana Varianni. Sirviendo a su prójimo en el Lar do Ancião y en la Sociedade Benefícente Santo Antonio, demostraba gran cariño.

En una de las instituciones, fue responsable de no menos de doce personas mayores, entre los setenta y setenta y cinco años. Les servía su comida en la boca, dadas sus deficiencias. Y en su claro acento italiano, que le daba un sonido aún más especial, amasaba la comida para aquellos que no tenían posibilidad de masticar bien y alentaba: Ahora, vamos, ¿cómo puede que una mujer de su edad no quiera comer? Si no comes, no puedes vivir. ¡Vamos adelante!

Muy prudente, afirmaba que ahora, con casi cien años, no se permitiría conducir a gran velocidad, iba lentamente. Ante una ingeniosa pregunta del entrevistador, que dijo que estaba enamorado de ella y le propuso matrimonio, ella objetó: ¡Mi amigo, en este momento de la vida, lo mejor es que seamos buenos amigos!

Su hijo así se expresó, con ocasión de su muerte: Tengo el mejor de los recuerdos de mi madre. Vivió intensamente y logró todos los objetivos de su vida con sus hijos, nietos y trabajando por el bienestar de la sociedad.

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Ana murió dejando el ejemplo de dinamismo que los años no pueden borrar. La máquina física cambia, las fuerzas ya no son tan intensas, pero la voluntad de actuar permanece firme. Ejemplo para muchos de nosotros que nos decimos tristes porque ya no podemos hacer todo lo que hacíamos en la juventud. Uno tendría que analizar: ¿Realmente no podemos, o nos conformamos con una cierta cantidad de años ya vividos? Existen innumerables ejemplos que nos demuestran que el Espíritu se superpone al cuerpo y lo comanda.

Maia Plisetskaya, la bailarina rusa, con sus sesenta y un años, con un cuerpo impecable de bailarina clásica, bailó El lago de los cisnes. Ella interpretó a la desafortunada Odete que, transformada en un cisne blanco, muere de amor. Presentación extraordinaria. Estas criaturas nos dicen que debemos sacudir el polvo de nuestros hombros, quitar las telarañas del pensamiento y vivir. Vivir intensamente, no permitiéndonos dejar de aprender, de estudiar, de producir. De la forma que lo logremos. Algunos pueden tener ciertas limitaciones. Tratemos de superarlas y, de una vez por todas, eliminemos de nuestro vocabulario las frases: Estoy viejo. Ya no soy bueno para nada.

Redacción del Momento Espírita.

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