Mediúmnidad con Jesús

Mediúmnidad con Jesús es servicio a los semejantes. Desenvolver ese recurso es, sobre todo, aprender a servir. Aquí, alguien habla en nombre de los espíritus desencarnados; allí, un compañero aplica energías curadoras; más allá, un cooperador enseña el camino de la verdad; más allá, otro enjuga las lágrimas del prójimo, sembrando consuelos. Con todo, es el mismo poder que opera en todos.

Es la divina inspiración de Cristo dinamizada a través de mil formas diferentes para erguirnos en la condición de inferioridad o de sufrimiento al título de herederos del Eterno padre. Y en ese desarrollo bendito de socorro y esclarecimiento, no se reclama título convencional del mundo cualquiera que sea, porque la mediúmnidad cristiana, en sí, no embate a ninguna posición social, constituyendo fuente del Cielo derramando beneficios en la tierra, por intermedio de los corazones de buena voluntad. En razón de eso, antes de cualquier investigación de las fuerzas psíquicas, en el sentido de apreciarles el desarrollo, vale la consagración del trabajador en la caridad legitima, y cuyo ejercicio todas las realizaciones sublimes del alma pueden ser encontradas.

Quien desea la verdadera felicidad, ha de improvisar la felicidad de los otros, quien procure consuelo, para encontrarla, deberá reconfortar a los más desdichados de la humana experiencia. Dar para recibir. Auxiliar para ser amparado. Esclarecer para conquistar la sabiduría y darse al bien del prójimo para alcanzar la divinidad del amor. Es ley que impera igualmente en el campo mediúmnico, sin cuya observación, el colaborador de la Nueva Revelación no atraviesa los pórticos de las rudimentarias nociones de la Vida Eterna. Espíritu alguno construirá la escalera de ascensión sin atender las determinaciones del auxilio mutuo. En ese terreno, por tanto, hay mucho que hacer en los círculos de la Doctrina Cristiana rediviva, porque no basta ser médium para honrarse alguien con las bendiciones de la luz, tanto como no vale poseer un arado perfecto, sin su aplicación en el esfuerzo de la siembra.

La tarea pide fortaleza en el servicio con ternura en el sentimiento. Sin un raciocinio maduro para superar la desaprobación provisoria de la ignorancia y de la incomprensión y sin las fibras armoniosas del cariño fraterno, para socorrerlas, con espíritu de solidaridad real, es casi impracticable la jornada para el frente. Los golpes de la sombra martillearan el trabajo iluminativo por todos los lados e imprescindible se torna a los instrumentos humanos de las Verdades Divinas armarse convenientemente en la fe viva y en la buena voluntad incesante, a fin de satisfacer los imperativos del ministerio al que fue convocado.

Actúa, allí, con buen ánimo, sin desaliento y sin inquietud, en tu apostolado de curar. Extiende tus manos sobre los enfermos que te busquen el concurso de hermano de los infortunados convencido de que el Señor es el Manantial de todas las Bendiciones. El labrador siembra, pero la Bondad Divina es la que hace florecer a la flor y prepararse el fruto. Es indispensable marchar con el alma erguida para lo Alto, vigilando, no obstante las serpientes y los espinos que pueblan el suelo. Diversos amigos se revelan interesados en tu tarea de fraternidad y luz y no sería justo que la duda te paralizase los impulsos más nobles, solamente porque la opinión del mundo no entiende tus propósitos, ni los objetivos de la esfera espiritual, de manera inmediata. No importa que el templo sea humilde y que los mensajeros comparezcan con la túnica de extrema simplicidad.

El Maestro Divino enseñaba la verdad frente a un lago y acostumbraba administrar los dones celestiales bajo un techo prestado; más allá de eso, encontró a los compañeros más bendecidos y fieles entre pescadores anónimos, integrados en la vida sencilla de la naturaleza. No te desanimes hermano mío, y sigue con serenidad. Claro está que aún no tenemos seguidores leales del señor sin la cruz del sacrificio. Mediúmnidad es un madero de espinos dilacerantes, pero con el avance en la subida, arriba del calvario, los espinos se transforman en flores y los brazos en la cruz se convierten en alas de luz para el alma libre en la eternidad.

No desprecies tu oportunidad de servir y prosigue con gran esperanza. La carne es un camino breve. Aprovechémosla siempre que sea posible en la sublime siembra de la caridad perfecta. En suma, ser médium en el regalamiento cristiano es dar de sí mismo en nombre del Divino Maestro, y fue Él, que descubrió la realidad de que solamente alcanzan la vida verdadera aquellos que saben perder la existencia a favor de todos los que se constituyen sus tutelados e hijos de Dios en la Tierra. Sigue, así, amando y sirviendo. No nos debe preocupar la ausencia de comprensión ajena. Antes de solucionar el problema de ser amados, busquemos amar, conforme el Amigo celeste nos enseñó. Que Él nos proteja, nos fortifique y bendiga.

Por el espíritu Becerra de Menezes

Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro «Vida y camino»

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.