Inteligencia y emoción

En la construcción de los equipos orgánicos para la evolución, la Divinidad programó que el  hemisferio derecho del cerebro fuese responsable de la belleza, del arte, de los sentimientos, teniendo un carácter creativo y holístico, en cuanto que el izquierdo respondiera por el conocimiento, por la razón y por la lógica, demarcadamente separados por el cuerpo caloso. En la actualidad, no hay como negar las notables conquistas de la inteligencia, responsables de la Tecnología y de todos las extraordinarias contribuciones de la Ciencia, tornando la vida en la Tierra más confortable, con muchos males eliminados o evitados, proporcionando bien estar, confort y facilidades de todo porte. No obstante, no se puede desconocer que esos instrumentos fabulosos de que se han utilizado el conocimiento, son también responsables por los males incontables y desastres antes nunca imaginados que fuesen una realidad. Nos referimos a las armas dichas inteligentes con su poder de destrucción masiva, así como las elaboradas químicamente para matar, las biológicas portadoras de epidemias terribles, al lado de otras tantas capaces de destruir la flora, la fauna, contaminar las aguas e intoxicar la atmósfera con el único objetivo ganancioso del poder arbitrario y egoísta de gobernantes desalmados. Al lado de las comunicaciones virtuales de inestimable significado para el progreso del individuo, así como de las masas, se encuentra la perversa utilización para el crimen de varias expresiones, para la disolución de las costumbres, para la promiscuidad, para el comercio nefando de vidas en floración, para la drogadicción, con todo su cortejo de tragedias, para la expansión de la locura, para la pérdida del sentido psicológico existencial…

La imaginación exacerbada por el conocimiento, entorpece las emociones elevadas y contribuye para las alucinadas fugas de la realidad, para el placer exhaustivo y el gozo irrefrenable, en nombre de lo moderno, de lo oportuno y de lo inaplazable. El tiempo gastó en la ejecución del anhelo de estar en todo lugar al mismo tiempo, disfrutando de las concesiones resultantes de viajes fantásticos, de intercambios para el gozo exorbitante, se agota en el reloj de arena de los años y luego surgen las frustraciones atormentadoras, el tedio enfermizo, la indiferencia por la vida y el desprecio de los valores éticos, relegados al plano secundario o totalmente desconsiderados. Se creó un casi abismo entre el saber y el sentir, entre la inteligencia y la emoción, generando la perdida de la comunicación realmente afectiva, del espíritu de gentileza y de bondad, del compañerismo, de la auto iluminación por la conquista de la consciencia, reduciendo al ser humano a la condición de maquina en funcionamiento automático sin control ni directriz. Se vive la epopeya de la cultura utilitarista y salvaje en detrimento de la armonía entre la inteligencia y la emoción, para que sea posible el desarrollo y vivencia de las aspiraciones superiores de la vida. La existencia tiene como finalidad principal la auto conquista, la transformación de los instintos violentos en emociones equilibradas, de la energía creadora, y no para el erotismo extravagante, para la frustración de los sentidos en lo profundo de la oscuridad de ego, con total olvido del Espíritu que se es.

***

El tradicional concepto en torno de la voz del corazón se torna una necesidad de actualización, por ocasionar la perfección de los valores éticos registrados en el hemisferio derecho, proporcionando su enriquecimiento emocional, que trabajará a favor de la conquista del bien que expresa la voluntad y las leyes de Dios. La inteligencia, por tanto, desarrollada y cultivada sin control de las emociones radicadas en los principios valiosísimos del amor, se torna alucinada, exacerbada por el egoísmo de que se nutre, en detrimento de las necesidades humanas que se mueven en todas partes.

El corazón humano es el gran motor responsable de la manutención de la vida física en el viaje evolutivo, poseyendo 40.000 células nerviosas que son responsables por acciones pensantes, como si fuera un pequeño cerebro en su conjunto, independiente de las funciones que son atribuidas al órgano total. Lamentablemente, después de incontables padecimientos, el ser humano va descubriendo que la inteligencia sin la emoción dignificada se transforma en conquista perjudicial, generadora de conflictos innominables y de conductas extravagantes como alucinadas. Como efecto, surge el impositivo de trabajar con la misma intensidad el hemisferio derecho, ejercitando los valores de la emotividad, de la inspiración, del servicio de solidaridad humana, al mismo tiempo en que es impostergable el deber de ampliar el área del afecto, vinculándose a los ideales de ennoblecimiento y a las personas luchadoras que se transforman en líderes del progreso social y moral de la humanidad.

El conocimiento, que abre las ventanas del alma para la percepción de la realidad, cuando no es nutrido por el sentimiento ético, conduce a la ceguera de la razón, que solamente se dirige para el inmediatismo del placer y del interés personal, con parcial o total indiferencia por lo que sucede alrededor. Así ha sido el comportamiento de la sociedad en esos largos milenios de desarrollo de la inteligencia, en el ansia de sobrepasar los límites de los acontecimientos y en el desespero de solucionar las dificultades que parecen impedirla alzar vuelos cada vez más amplios en busca del Infinito…

En cuanto el amor no vigoriza los sentimientos, contribuyendo a favor de la armonía interna, del equilibrio de las emociones derivadas de las sensaciones, aún en fase primaria de selección, el sufrimiento seguirá al lado de los viandantes por los caminos carnales. Desarrollar un programa de realizaciones internas, caracterizadas por los sentimientos de comprensión a favor de la familia humana, se torna una urgente necesidad que no debe ser postergada, sin que surjan acontecimientos nefastos, angustiantes. Nadie consigue vivir en equilibrio sin un proyecto de existencia cimentado en la afectividad, lo que implica decir que nadie logra realizarse durante la vida física sin un objetivo psicológico superior. Si ese objetivo es material, inmediato, constituido por los deseos egoicos, el sentido de la vida luego desaparece y el ser derrapa en trastorno de comportamiento, sumergiéndose en melancolía y asfixiándose en la depresión. Unir, por tanto, las aspiraciones de la inteligencia con las aplicaciones del sentimiento, debe constituir la primera meta a camino de los ideales cósmicos, guardados en el interior del ser.

***

Sin duda, la inteligencia es responsable del gran horizontal de las conquistas humanas, pero el sentimiento es el gran vertical en la dirección de Dios. En el centro en que se encuentran las dos vertientes, está el corazón latiendo en amor y cantando las glorias del existir.

Joanna de Ângelis

Médium Divaldo Pereira Franco, en la mañana del 21 de mayo del 2013, en Milán Italia.
Revista «Reformador»

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.