Problemas psicológicos contemporáneos

La voluptuosidad por la velocidad, en ansia indomada de disfrutar más placer, ganándose el tiempo, que se convierte en verdadero verdugo de los sentimientos y de las aspiraciones, viene transformando al ser humano en robot, que perdió el sentido existencial y vive en función de las búsquedas, cuyas metas nunca son conseguidas, frente al cambio que se opera en el significado de cada una.

La superpoblación de las ciudades, deshumanizándolas, quita el carácter al individuo, que pasa a vivir exclusivamente en función del poder que puede ofrecer comodidad y gozo, considerando a las demás personas como descartables, evitando vincularse afectivamente, por el recelo que mantiene de ser utilizado y olvidado, en un mecanismo inconsciente sobre el comportamiento que conserva en relación a los otros.

El egoísmo pasa a gobernar la conducta humana, y todos se agarran en interminable lucha de conquistar lo mejor y mayor parte, incluso que eso resulte en perjuicio calculado para aquellos que comparten con su grupo social. En esas uniones, la astucia parece sustituir a la inteligencia y el inmediatismo desestructura todas las manifestaciones éticas que son parte de las conquistas de la inteligencia y de la civilización.

La disminución del espacio oprime a aquel que allí reside y lo desvaría, por impedirlo a moverse saludablemente y de vivir con dignidad, empujándolo para la búsqueda desordenada de sustitutos emocionales que le son negados por las injusticias y crueldades de los intereses mezquinos, tirándolo al desespero sin control.

Proliferan los contrastes socioeconómicos y, de inmediato, los socio-morales, separando los individuos que se alzan, los primeros, a las posiciones envidiables, y los segundos, que son tirados a los tugurios de la vergüenza, de la miseria, del abandono, donde brotan los crímenes hediondos y la indiferencia por la vida, caso, también, no ocurriese lo mismo, guardadas las proporciones comprensibles, con los grupos privilegiados, en los cuales predominan la abundancia y el aburrimiento.

De forma idéntica, la riqueza, que aumenta en un país, conspira en favor de la miseria en otro, que se empobrece, mientras el afortunado que lo explota progresa, ampliando el área de los conflictos individuales que explotan más tarde en luchas colectivas, en guerras destructoras. En ese campo, lleno de los espinos de la insensibilidad por el dolor ajeno, por el abandono de las multitudes hambrientas y enfermas, por el desánimo moral que se extiende, los valores éticos, a su vez, pasan también a ser contestados por los que se consideran privilegiados, atribuyéndose el derecho de cualquier conducta que el dinero hace desaparecer y la sociedad acepta. 

La inversión de los contenidos psicológicos individuales y colectivos demuestran la inmadurez moral y espiritual de individuos y grupos sociales, cuyos objetivos existenciales estuvieron vinculados durante la formación de la personalidad, en el utilitarismo, en la conquista del poder para disfrutar, en la construcción del ego que se insensibiliza, a fin de huir de la responsabilidad de los deberes de la solidaridad y de la participación. Aquel que se aísla en el interés personal, esclavizándolo, volviéndose víctima de sí mismo, presentando un rostro feliz y viviendo una experiencia atormentada. A su vez, la ciencia y la tecnología ayudando al progreso de la sociedad, dejaron en las mentes la impresión de ver portadoras del poder absoluto, capaces de rellenar las lagunas de las necesidades, creyendo que trabajaban solo el hombre físico, animal, social, olvidando deliberadamente lo espiritual, aquel que es la realidad, el Self eterno. De hecho, las conquistas contemporáneas liberaron al ser humano de muchas pesadas labores, pero no consiguieron rellenar su vacío existencial, que ha sido fundamental en todo el proceso de la evolución psicológica y psíquica del mismo. La falencia de esos valores y conquistas es innegable, volviéndose impostergable un cambio de propuesta filosófica y de conducta psicológica humana.

Espíritu Joanna de Angelis

Médium Divaldo Pereira Franco
El despertar del Espíritu

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