A la simpática niña María Fernández

María: aunque es muy corta tu edad, no titubeo en dedicarte las distintas impresiones que he sentido al verte y al oírte, porque sé que me comprenderás. Por suerte o por desgracia, has nacido en una época cuya pasión dominante es la publicidad; antes sólo escribían recuerdos de viaje los que daban la vuelta alrededor del mundo: hoy se cuenta lo que se siente en un salón, en un teatro y en un paseo, y en parte no lo encuentro del todo mal.

¿La vida que es?… Un viaje más o menos prolongado; los seres que la casualidad nos hace conocer, cambian muchas veces que la casualidad nos hace conocer, cambian muchas veces nuestros gustos y nuestras costumbres, y sin necesidad de mudar de población, la que ayer nos parecía triste y solitaria, hoy la encontramos animada y risueña; luego nuestra imaginación ha hecho un viaje por ese mar sin fondo que se llama sociedad… ¡Piélago borrascoso donde se naufraga al más leve empuje!…

Ayer se escribían relaciones interminables de las excursiones donde el cuerpo se fatigaba; hoy se cuentan las impresiones del alma: esos viajes cuya locomotora es el pensamiento… ¡Máquina de vapor, la más veloz que se ha conocido!… Gracias a ti preciosa niña, mi mente ha dejado por algunas horas de ocuparse de esa vida rutinaria que se lleva en las capitales de provincia de segundo o tercer orden, donde la existencia es un sueño sin ensueños, donde los que tienen la desgracia de guardar un alma de fuego, viven consumiéndose entre sus mismas cenizas. ¡Bien haya el destino que me ha hecho conocerte, María!… Entusiasta por la música, por la pintura y la poesía, en ti he hallado una de esas creaciones privilegiadas, una de esas idealidades que raras veces se encuentran en el mundo.

Muchos al hablarme de ti, me decían…: ¡Es una niña que toca divinamente el piano!… ¡Es una cosa admirable!… Con esos antecedentes, deseaban conocerte: te vi… estudié la mirada de tus hermosos ojos, y me acordé del célebre Mozart. Mozart, fue un artista que a los siete años revelaba en su rostro lo que sería después. En tan tierna edad, vio por vez primera a su protectora María Antonieta, y se animó su mirada con aquel vivo entusiasmo que sintió toda su vida por la reina de Francia. Inspirado por ella, escribió su célebre misa de réquiem. Te recomiendo que leas la infancia de Mozart: creo que ha de haber mucha semejanza entre su primera edad y la tuya.

Cuando el gran compositor tocó el órgano por primera vez en la Catedral de Viena, tocó la oración del Ángelus, y el niño artista lloraba silenciosamente al arranar sus débiles manos las conmovedoras notas, los poderosos sonidos que acompañan a la plegaria de la tarde. Tú también al tocar la Golondrina, esa especie de balada alemana puesta en música, no se sabe que admirar más, si los ecos dulcísimos que hacen brotar tus pequeños dedos, o la expresión tierna y melancólica de tu mirada, el lánguido movimiento de tu inteligente cabeza, o el suave vaivén que agita tu talle. Las quejas que exhala el ave viajera…, tú las comprendes, tú las sientes; y cuando se pierde en el espacio, tu alma parece que se va con ella. ¿Qué extraño es, que toques también, si tu pensamiento adivina más de lo que ha hecho el compositor?… tú, no sólo le darás vida a las creaciones de las demás, sino que cuando los años abran más ancho campo a tu privilegiada sensibilidad, las concepciones de tu genio serán el encanto de todos aquellos que busquen en la música, la historia del amor, la melancolía de los recuerdos, las luchas del alma. Serás compositora, sí: tendrás necesidad de serlo. La poderosa influencia de tus sentimientos, te abrumarán con sus sensaciones, y como brota el agua en las vertientes de las montañas, brotará la inspiración en tu mente que hoy ya se refleja en tus ojos.

Dicen que el amor y el dinero no pueden estar ocultos; más bien deberían decir, que el amor, el genio y el oro, se dan a conocer en donde quiera que estén. La mirada de esos elegidos de Dios que el mundo civilizado llama artistas, se parece a los rayos del sol: esos que irradian la luz del gran foco que les presta vida. La mirada de los genios, es también luminosa; no encuentro otra frase más gráfica: porque una inteligencia superior… ¿Qué es sino un faro brillante que guía a la humanidad? ¿Qué sería la vida, sin los encantos del arte y la poesía del sentimiento?… Sería el caos, la nada, porque a nada se reduce la existencia, cuando no se reciben impresiones. A ti he debido, María, algunas horas de olvido y de paz; tú me has hecho sentir, tú me has hecho soñar, tú vas cruzando ahora el valle florido de la primera edad. La vida por su lado más vello, te presenta un risueño porvenir…. ¿Qué podré yo ofrecerte en medio de tu ventura que pueda halagarte?… ¿Mi admiración?… ¡Muchos te admiran, pero muy pocos te comprenderán como yo! ¿Mi cariño?… ¡Te quieren tantos…, que no puedes estar ávida de ternura! ¡Entonces te daré el eco de mis canciones, cantaré al pie de tus rejas como cantan en Andalucía: acepta una serenata al uso de mi hermoso país!

Niña: ¿Qué siente tu alma,
cuando el sol en occidente
se reclina dulcemente
y viene la noche en pos?…

¡En esa hora de misterio
y de silencio profundo!…
¿No oyes un eco en el mundo,
eco que llega hasta Dios?…

¡Sí, tú le escuchas…; tú sientes…
Un algo desconocido;
algo que no han definido,
ni nunca definirán!…

Pues bien, niña: es esa hora,
estoy al pie de tu reja
murmurando triste queja,
que las brisas te dirán.

Te dirán que anhelo oírte,
que tus mundos de armonía
llevan el alma mía…
y por ti vuelvo a vivir.

Tú haces brotar del piano,
sueños, delirios y amores;
ríos de luz y de flores,
tú sientes, y haces sentir.

¡Sí, sí, toca en esa hora,
cuando el sol en occidente
se reclina dulcemente…
Y viene la noche en pos!

Entrega al viento los ecos
de la dulce Golondrina;
que tu cadencia divina…
¡Llega hasta el trono de Dios!

Amalia Domingo Soler

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