Aborto

Practicar el aborto, más allá de las posibles persecuciones espirituales que puede acarrear, genera responsabilidad con la Ley Mayor, porque en ese acto se mata al cuerpo de alguien, aun en formación, frustrando su programación evolutiva. Muchos espíritus de abortados traen grandiosos compromisos con la colectividad o con aquellos que deberían ser sus padres en la tierra. Más allá de eso, provoca terribles sufrimientos al feto, cuyo cuerpecito es impiedosamente destrozado, generando karma negativo a los que lo practican.

El aborto, hoy, es largamente practicado en la tierra y, en muchos países, con respaldo de la ley. Solo que la mayoría de las mujeres que lo hacen no tienen plena consciencia de su verdadero significado.

Entienden que en su vientre se encuentra en crecimiento apenas un puñado de tejidos que va a transformarse en un bebe que no está en su programación de vida, o a quien tendrían grandes dificultades para criar. No entienden que allí está, desde las primeras horas del embarazo, un espíritu en proceso reencarnatório, que está ingresando en el mundo material a través, exactamente, de aquel puñado de tejidos.

No saben también que ese minúsculo ser con pocos días o semanas de vida ya tiene percepciones, sensaciones y emociones; que está inquieto cuando la madre está nerviosa y duerme cuando ella descansa. Cuando se aburre chupa el dedito o entonces da vueltas. Es el principio de una persona que necesita mucho amor, desde el inicio.

Es verdad que muchas mujeres, y también hombres, conocen perfectamente todos esos y otros detalles, pero ciertamente, la mayoría, no de la misma forma como ignora la terrible crueldad que representa el aborto.

Cualquier persona que asiste a la película, El grito Silencioso, difícilmente tendrá coraje de hacer o ser favorable al aborto. En esa película es mostrado a través de ultrasonidos todo el desarrollo del drama; como el corazón del feto pasa a latir acelerado al notar la presencia del instrumento que irá a agujerear la bolsa, y como huye para los lados y para arriba intentado desesperadamente escapar del peligro. Y cuando la boquilla de succión se aproxima, encoje el cuerpecito cuanto puede (que muchos entienden que se trata solo de un puñado de tejidos) y su boca se abre en desesperado grito sin sonido. En seguida el aparato comienza a succionarlo, arrancando los brazos, las piernas, el cuerpo…

En verdad, esto es tan horrible que la mayor parte de la humanidad prefiere continuar ignorando. Pero, en términos de culpa, las personas que ya se involucraron en este tipo de sucesos puede atenuarlo de varias maneras: luchando contra el aborto; adoptando a algún bebe sin hogar, o practicando el amor fraterno en otras modalidades.

En cualquier situación de crisis, así como en los momentos de dificultad, recuerda que el amor es siempre el mejor de los remedios, apuntando caminos para las más acertadas soluciones.

Extraído del libro «Nosotros y el Mundo Espiritual»
Autora: Saara Nousiainen

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