De los pactos

549 ¿Hay algo de cierto en los pactos con los espíritus malos?

«No; no existen tales pactos, sino una naturaleza mala que simpatiza con los espíritus malos. Por ejemplo: quieres martirizar a tu vecino y no sabes cómo hacerlo; entonces le atraes espíritus inferiores que, como tú, solo quieren el mal, y para ayudarte quieren que secundes sus malos designios; pero no se sigue de aquí que tu vecino no pueda librarse de ellos por medio de una conjuración contraria y de su voluntad. El que quiere cometer una mala acción, por este mero hecho atrae espíritus malos que le ayudan, y véase obligado entonces a servirlos como ellos lo hacen respecto de él; porque también lo necesitan para el mal que desean hacer. En esto únicamente consiste el pacto.»

La dependencia en que a veces está el hombre de los espíritus inferiores proviene de que se entrega a los malos pensamientos que le sugieren, y no de estipulaciones entre ellos y él. El pacto, en el sentido vulgar de la palabra, es la alegoría de una naturaleza que simpatiza con espíritus malhechores.

550 ¿Qué sentido tienen las leyendas fantásticas según las cuales ciertos individuos han vendido su alma a Satanás, para lograr de él determinados favores?

«Todas las fábulas contienen una enseñanza y un sentido moral, y vuestro error consiste en tomarlas literalmente. La que nos ocupa es una alegoría que puede explicarse así: El que llama en su ayuda a los espíritus para lograr de ellos bienes de fortuna u otro cualquier favor, murmura de la Providencia; renuncia a la misión que ha recibido y a las pruebas que debe sufrir en la tierra, y experimentará las consecuencias en la vida futura. No quiere esto decir que su alma esté para siempre consagrada a la desgracia, sino que, puesto que en vez de desprenderse de la materia, se ha engolfado más en ella, las alegrías que habría tenido en la tierra no las tendrá en el mundo de los espíritus, hasta que no se haya rehabilitado por medio de nuevas pruebas, quizá mayores y más penosas. Por su amor a los goces materiales se pone bajo la dependencia de los espíritus impuros, lo que constituye entre ambos un pacto oculto que le conduce a su pérdida, pero que siempre puede romper fácilmente, si lo quiere firmemente, con auxilio de los espíritus buenos.»

Allan Kardec

Traducido por José María Fernández Colavida
Extraído del “Libro de los Espíritus”

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