Reencarnación

“Nacer, vivir, morir, volver a nacer y progresar siempre, tal es la ley” (Kardec)

Hace casi dos mil años cuando Jesús vivía en Judea predicando el Evangelio y curando enfermos, cierto día un “Doctor de la Ley” llamado Nicodemo lo buscó para preguntarle:

– ¿Maestro, que necesito hacer para merecer el Reino del Cielo?

– Es necesario que nazcas de nuevo –respondió Jesús.

– Pero ¿cómo? – preguntó Nicodemo bastante espantado. Y continuó: ¿es posible a un hombre ya viejo volver al vientre de su madre, para nacer otra vez?

Jesús volvió a decirle:

– En verdad, en verdad te digo que, si no nacieras de nuevo, no verás el reino de Dios.

Hablando de nacer de nuevo el Maestro, sin duda, se refería a la reencarnación, o sea, que todos nosotros nacemos, vivimos y morimos; pasamos mayor o menor tiempo en el mundo espiritual y volvemos a nacer en un nuevo cuerpo. Él dijo también: “Sed perfectos como perfecto es vuestro Padre celestial”. Esa perfección, entretanto, solo es posible ser alcanzada a través de incontable número de encarnaciones. La naturaleza no da saltos y la obra de la evolución es lenta, aunque podamos acelerar nuestro crecimiento interior, a través de un mayor esfuerzo en ese sentido.

Todo en el universo evoluciona, aunque lentamente. Todo camina en dirección al Padre. Cuando reencarnamos los recuerdos de las vidas pasadas quedan archivados en nuestro inconsciente. Esto acontece por la bondad divina, a fin de evitar recuerdos amargos y permitir una oportunidad enteramente nueva para reparar lo que hayamos destruido en el pasado. Si recordáramos nuestras vidas pasadas, ¿Cómo podríamos recibir por hijo a alguien a quien perjudicamos o que nos hizo sufrir? Con el olvido, los odios se acaban en los brazos del padre y de la madre.

También la muerte no transforma a la criatura. Quien es malo aquí en nuestro espacio físico, continúa siendo malo después de la muerte; quien es avaricioso, orgulloso o inmoral continúa de la misma manera en el mundo espiritual. Nadie se transforma en santo porque se haya muerto. Los espíritus muchas veces reencarnan en los ambientes y/o familias donde vivieron. Es la oportunidad que Dios les da para rehacer sus caminos, corregir faltas y arreglar el mal que practicaron en el pasado. Pueden también volver a la Tierra en ambientes desconocidos.

Quien fue un mal hijo podrá renacer como un niño abandonado, para aprender a dar valor a la familia; quien fue orgulloso podrá venir en condiciones de pobreza o de dependencia, para aprender a ser más humilde; quien fue perezoso tal vez vuelva a la Tierra sin salud, deseando trabajar, pero sin condiciones físicas para tanto; quien usó mal la lengua, “levantando falsedad”, estimulando la inmoralidad, la violencia, la maldad o la incredulidad en Dios y en la vida, podrá renacer con problemas del habla o completamente mudo, por causa del tipo de energía que generó y acumuló en los órganos del habla.

Lo mismo, como los desvíos del sexo (prostitución, homosexualismo y las más diversas perversiones sexuales), igualmente a los más variados vicios que interfieren en las condiciones del cuerpo espiritual, reflejándose en las futuras encarnaciones. También el suicido afecta profundamente ese cuerpo sutil que podrá generar las más diversas anomalías en el futuro organismo, al reencarnar.

Esto, no obstante, explica innúmeras diferencias existentes entre las personas. En verdad, todos nosotros aquí en la Tierra sufrimos por donde erramos. No como castigo de Dios, sino como recurso necesario a nuestro reajuste y evolución.

La reencarnación refleja la sabiduría y justicia de los mecanismos de la evolución. Los sufrimientos, las dificultades y las luchas de la vida son los grandes profesores que nos enseñan a vivir y a convivir; son así como la lija que va retirando de nuestras almas las aristas de las imperfecciones, o como el buril en las manos del artista, transformando el diamante bruto para convertirlo en el más bello brillante.

Las reencarnaciones de espíritus de poca evolución ocurren de forma casi automática, dentro de los mecanismos que los gobiernan. Ya los espíritus más evolucionados, o de aquellos que traen misiones o tareas importantes para el contexto general, son planeadas con el debido cuidado, desde la elaboración de mapas con todos los detalles biológicos para la formación del nuevo cuerpo, hasta los cuidados con su nuevo “hábitat”, tales como, el país, la familia y el ambiente donde deberá renacer, las condiciones de vida que tendrá, así como lo necesario para el mejor cumplimiento de la tarea.

Extraído del libro «Nosotros y el Mundo Espiritual»
Autora: Saara Nousiainen

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